Carta de Karl Ludwig Bernays y Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Bruselas, escrita en París el 2 de noviembre de [1846]: la primera parte es de Bernays; la segunda, de Engels. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 15, pp. 55-57) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
[De Bernays]1
Querido Marx:
Por fin, tras largas vacilaciones y los más odiosos tormentos que me he infligido a mí mismo, he vuelto a instalarme en París. Ya hace cuatro semanas había venido una vez con el bolsillo lleno de dinero y la firme decisión de no volver más a Sarcelles.2 Pero la decisión estaba tan poco madura, la cabeza seguía tanto todavía al corazón y el corazón suspiraba tanto por las alegrías y los dolores idílicos y elegíacos de Sarcelles, que las piernas volvieron a tomar el camino de allí. Te confieso con franqueza que, a pesar de la visión más prosaica posible del asunto, a la que Engels me ha abierto fielmente el camino, todavía siento una atracción por aquel lugar de tormento; pero la cosa quedará ahí, y probablemente no volveré a poner nunca el pie en el umbral de esa gente. El martes pasado, a las seis de la mañana, salté por la ventana en Sarcelles sin un céntimo, me eché la bata al brazo y me fui a pie, por el barro más espeso, a París, a casa de Engels. Me recibió, como yo esperaba, de la manera más amistosa, y hasta este momento estamos juntos. Sin él, ¡quién sabe lo que habría pasado! En todo París no hay un solo hombre con el que hubiera podido tratar cosas así como con él; probablemente, pobre diablo de mí, habría vuelto a meterme a gatas en la cueva para quedarme enterrado allí para siempre. De ese miedo estoy libre ahora, y todo irá bien. Mañana me mudo a mi nuevo alojamiento, rue Jacob 41; estudiaré con aplicación y escribiré poco, porque me temo que hará falta un tiempo hasta que vuelva a pensar con claridad y con orden.
Eso fue lo que me echó de Sarcelles como a latigazos: noté que empezaba a pensar de manera confusa, que en mi cabeza anidaban toda clase de pensamientos canallescos, que mis estados de ánimo se contradecían continuamente y se embrollaban; temí lo más temible: ¡la locura! Déjame dejar de hablar de esto: quede todo olvidado, con tal de que nada me lo recuerde.
Imagínate, parece mentira: hoy hace ocho días que estoy aquí y ya he vivido un montón de aventuras. Por cómicas que sean todas, que se las lleve el diablo: suspiro por tranquilidad y trabajo. Pero una tengo que contártela. Me mandan de Alemania una letra de cambio de 130 francos contra un judío y banquero de lo más vulgar, o al revés.3 ¡Era à quatorze jours de vue!4 Cuando entré en su tienda, me preguntó: Ke foulez fous? —Je désire toucher le montant d’un petit billet.5 —Doucher de l’argent?, preguntó; le di la letra: «es à quinze jours de vie, pero se la pago a usté ahora mismo. ¿Usté es alemán, no? Así no tiene que volvé otra vez».6 Entonces empezó entre él y su dependiente una jerigonza sobre lo que había pasado mientras él estaba en la Bolsa como no la había oído en mi vida. «Siete mil francos de unos ganovim.7 ¿Una letra de S. D. Oppenheim de Fráncfort? No se acepta. ¿Y nada más? El abejorrillo de Estrasburgo ha escrito que vamos a perder los cincuenta francos. ¡Mala desgracia le caiga!… Ay, ay, ay, que todavía no le he dado al señor su dinero. Perdone usté, escriba aquí, haga el favor, cómo se llama y también dónde vive.» Escribo, y en vez de 130 francos veo que me da más dinero del que debía. No lo cuento, me lo meto en el bolsillo: J’ai l’honneur de vous saluer,8 y salgo corriendo a toda prisa de la cueva encantada a la calle, donde estaba Engels. Imagínate cómo nos reímos: el granuja me había dado, efectivamente, 20 francos de más, que luego, naturalmente, nos quedamos. Basta por hoy: me duele demasiado la cabeza y le dejo a Engels el resto del espacio. Pero solo una broma más: Weydemeyer9 me escribió hace unos días: «¿Conoce usted por casualidad las Mémoires de René Levasseur (de la Sarthe), ex-conventionnel, 4 volúmenes, París, Rapilly, 1766, Passage du Panorama?10 Si puede encontrarlas, ¡mándemelas!».
Buenas noches; saluda cordialmente a tu mujer y escríbeme pronto.
Tuyo, Bernays.
[De Engels]
¿Dónde se ha quedado la larga carta tantas veces prometida? Mándale a Bernays el manuscrito: solo necesita lo que tienes tú; lo impreso lo tiene todavía. A América no ha mandado nada: lo que se ha impreso allí, ha sido sin su voluntad y sin que él lo supiera. Pero se han impreso muchos ejemplares, que Leske11 puede haber regalado por todos los rincones del mundo. Ya le seguiremos la pista al asunto. Quizá a través de Grün o de Börnstein.12 A Suiza he escrito por lo del manuscrito,13 pero parece que el muy perro me deja sin respuesta. Aparte de este, solo queda Jenny; con él hice una broma y no quiero escribirle: méteme en tu próxima carta unas líneas para el tipo, yo se las mandaré, pero es solo pro forma:14 seguro que no lo acepta. El primero al que escribí es el editor de un pequeño folleto de Bernays, pero aunque acepte, está en quiebra, à ce qu’écrit Püttmann.15 Voilà.16 Desespero de Suiza. Es difícil saber qué hacer. En el apuro en que estamos no conseguiremos colocar, desde luego, los dos tomos juntos; como mucho, dos tomos con dos editores completamente distintos.17 Escríbeme también sobre esto.
Tuyo, E.
23, rue de Lille, 2 de noviembre.
Hasta ahora no he leído lo que el pequeño ha escrito ahí arriba sobre su huida de la soledad. Es bueno que lo tengamos aquí: poco a poco va recobrando el buen humor. Saluda a toda la tropa.
Karl Ludwig Bernays (1815-1879), periodista, antiguo redactor del Vorwärts! de París; en 1844 había pasado dos meses en la cárcel por un artículo publicado en ese periódico. Vivía retirado en Sarcelles. Las indicaciones entre corchetes son de los editores de la MEGA¹. ↩
Pueblo al norte de París. ↩
Bernays juega con el orden de las palabras: un banquero y judío, o un judío y banquero de lo más vulgar. ↩
En francés: «a catorce días vista»; es decir, pagadera catorce días después de su presentación. ↩
En francés, con la pronunciación alemana del banquero: «¿Qué desea usted?». —«Deseo cobrar el importe de una pequeña letra». —«¿Cobrar dinero?». ↩
El banquero habla en el original un alemán dialectal de judío renano o de Fráncfort, que Bernays imita en toda la escena. À quinze jours de vie: «a quince días de vida», por vue, «vista». ↩
En el original, Ganneven: «ladrones», «granujas», palabra del yidis (ganef) que pasó a la jerga alemana. ↩
En francés: «Tengo el honor de saludarle». ↩
Joseph Weydemeyer (1818-1866), antiguo oficial de artillería prusiano, comunista, amigo de Marx y de Engels. ↩
Las memorias del convencional montañés René Levasseur (1747-1834) se publicaron en París, en cuatro tomos, en 1829-1831; la fecha de 1766 que da el texto es errónea. ↩
Carl Wilhelm Leske, editor de Darmstadt. ↩
Heinrich Börnstein (1805-1892), periodista y empresario teatral, fundador del Vorwärts! de París. ↩
Marx y Engels buscaban editor para los manuscritos de La ideología alemana, que habían escrito en 1845-1846 y que no llegaron a publicarse en vida de los autores. ↩
En latín: «por cumplir». ↩
En francés: «según escribe Püttmann». Hermann Püttmann (1811-1874), periodista y poeta, «verdadero socialista». ↩
En francés: «Ahí lo tienes». ↩
Los dos tomos de La ideología alemana. ↩