Carta de Karl Marx a Georg Herwegh, en París, escrita en Bruselas el 8 de agosto de 1847. Publicada por primera vez en 1848. Briefe von und an Georg Herwegh, edición de Marcel Herwegh (Múnich, 1896), pp. 85-87, de donde se traduce, por la Escuela de marxismo, 2026. La carta se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original
Bruselas, 8 de agosto.
¡Querido Herwegh!
Me apresuro a acusarte recibo de tu carta. No he sacado de ella más que lo que ya sabía de antemano: que todo era un chismorreo miserable.1 Solo quería esas pocas líneas tuyas para poder enseñarle a Engels, negro sobre blanco, de qué naturaleza es el chismorreo pequeñoburgués alemán de París. Te aseguro que desde que me fui de París, y pese a todas mis precauciones para hacerme inencontrable e inaccesible, esas viejas comadres no han dejado de perseguirme con bagatelas de ese tipo. Solo con la grosería más extrema puede uno quitarse de encima a esos necios.
Lo único que siento es haberte importunado con esas cosas en tu ermitage.2 — Es característico de esas viejas comadres que quieran tapar y endulzar toda verdadera lucha de partido y que, en cambio, tengan el viejo chismorreo y la cizaña alemanes por actividad revolucionaria. Les malheureux!3 Aquí en Bruselas, al menos, nos libramos de esa misère.4 —
La legación prusiana de aquí ha seguido y vigilado atentamente a Bornstedt5 para sorprenderlo en algún pecado. Por fin lo ha conseguido.
Lo ha denunciado y le ha echado encima tres procesos: 1) uno fiscal, por una contravención de la ley del timbre; 2) uno político, porque habría dicho en su periódico que había que matar a Luis Felipe; 3) uno por calumnia, de un grande belga, el señor Osy, a quien B. ha acusado, y con razón, de especular con el trigo.
Los tres procesos no tienen aquí importancia alguna, y su resultado más seguro será poner en ridículo a la legación prusiana, de por sí poco respetada. ¿Qué le importan a ella Luis Felipe, Osy y la ley belga del timbre?
El propio juez de instrucción declaró que todos esos procesos eran pour le roi de Prusse.6 En cambio, a la Brüsseler Zeitung7 —que, a pesar de sus muchas flaquezas, siempre tiene algún mérito, y que precisamente ahora habría podido mejorar, después de que B. se ha declarado dispuesto a todo lo posible con nosotros— la amenaza una súbita ruina pecuniaria. ¡Cómo se han portado en este asunto los nobles alemanes! Los libreros han estafado a B., porque él no puede demandarlos. La oposición de todos los matices, en lugar de hacer lo más mínimo, sea literaria o pecuniariamente, ha encontrado más cómodo escandalizarse del nombre de Bornstedt. ¿Y les faltarán alguna vez a estas gentes pretextos para no hacer nada? Una vez no sirve el hombre; otra, la mujer; otra, la tendencia; otra, el estilo; otra, el formato, o también la difusión entraña más o menos peligro, etcétera. Las palomas asadas tienen que entrarle al señor volando en la boca.8 Ya que hay un periódico, uno solo, para nuestra buena oposición, que irrita mucho al gobierno y cuyo redactor, por la lógica misma de la empresa, se muestra dispuesto a todo progreso, ¿no habría que aprovechar ante todo esa ocasión y, si no se encuentra el periódico lo bastante bueno, hacerlo lo bastante bueno? Pero no: nuestros alemanes tienen siempre mil sentencias sabias in petto9 para demostrar por qué tienen que dejar pasar la ocasión sin aprovecharla. Una ocasión de hacer algo no hace más que ponerlos en un aprieto.
Con mis manuscritos pasa más o menos lo mismo que con la Brüsseler Zeitung, y encima los asnos me escriben un día sí y otro no preguntándome por qué no publico nada, y hasta me reprochan haber escrito en francés antes que no escribir nada.10 Mucho tiempo habrá que pagar todavía el haber nacido teutón. Adiós. Saluda de todo corazón a tu mujer y recibe tú también saludos de mi mujer y míos. En París encontrarás más adelante una fe de erratas de mi mamotreto francés. Algunos passus11 son incomprensibles sin ella.
En cuanto tengas una hora libre y nada mejor que hacer, escríbele a tu
Marx.
En su carta del 27 de julio de 1847 Marx había pedido a Herwegh unas líneas sobre ciertos chismes que corrían entre los emigrados alemanes de París. ↩
En francés, «retiro, ermita». Georg Herwegh (1817-1875), el poeta revolucionario de las Gedichte eines Lebendigen, vivía en París desde 1843. ↩
En francés, «¡Los desgraciados!». ↩
En francés, «miseria». ↩
Adalbert von Bornstedt (1807-1851), periodista, editor de la Deutsche-Brüsseler-Zeitung. Más tarde se supo que había sido confidente de la policía prusiana y austriaca. ↩
En francés, literalmente «para el rey de Prusia»; la locución travailler pour le roi de Prusse significa «trabajar en balde». ↩
La Deutsche-Brüsseler-Zeitung, periódico de los emigrados alemanes que salió en Bruselas dos veces por semana de enero de 1847 a febrero de 1848; desde septiembre de 1847 Marx y Engels colaboraron en ella con regularidad. ↩
Variante de la locución alemana «esperar que las palomas asadas le entren a uno volando en la boca»: esperar que todo le caiga a uno del cielo sin mover un dedo. ↩
En italiano, «en reserva». ↩
El «mamotreto francés» es Misère de la philosophie, la respuesta a Proudhon que Marx publicó en francés en París y Bruselas en julio de 1847: véase nuestra traducción de la Miseria de la filosofía. ↩
En latín, «pasajes». ↩