Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Bruselas, escrita en París el viernes 26 de noviembre de 1847 (la fecha la establece la edición). Se conserva completa; una palabra dañada en el papel se completa entre corchetes. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 24, pp. 89-90) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Por fin he cazado a L. Blanc, y a la vez la razón por la que nunca conseguía atraparlo. Ecoute plutôt — ce petit grand-seigneur littéraire ne reçoit que les jeudis! et encore l'aprèsmidi seulement!1 Cosa que nunca me había hecho saber, ni directamente ni por su portero. Naturalmente, había en su casa una masa de burros, entre ellos Ramón de la Sagra,2 que me dio un folleto que te mando adjunto. Todavía no lo he leído. Al final pude, de todos modos, hablar unos minutos con él de nuestro asunto. Confesó, titubeando, que aún no había tenido tiempo de leer tu libro3... Je l'ai feuilleté et j'ai vu que M. Proudhon y est assez vivement attaqué... Eh bien, le pregunté, alors serez vous en mesure de faire l'article pour la Réforme que vous m'aviez promis? — Un article, ah mon Dieu, non, je suis si obsédé par mes éditeurs — mais voilà ce qu'il faut faire: faites l'article vous-même et je le ferai passer à la Réforme.4 Así quedó acordado. Au fond5 no pierdes nada con ello. Por lo menos yo expondré nuestras ideas con más exactitud de lo que lo habría hecho él. Las pondré directamente en paralelo con las suyas: es todo lo que se puede hacer pasar; la conclusión contra la Réforme no se puede sacar, naturalmente, en la misma Réforme. Lo hago en seguida.
¿Por qué no le dijiste a Bornstedt6 que él no escribiera a la Réforme por lo tuyo? Mi artículo estaba listo cuando salió el suyo en la Réforme, junto con las cosas sobre los cartistas, cuya publicación había estado esperando para llevarlo. Era bastante más largo que la breve nota, en la que además desfiguraban tu nombre. Le dije a Fl[ocon]7 que corrigiera la errata; ayer no lo había hecho, y hoy no he visto la Réforme. Tampoco importa mucho. Cuando salga tu discurso, mándame en seguida cuatro o cinco ejemplares para la Réforme, L. Bl[anc], de la Sagra (para la Démocratie pacifique8), etc.; ahora puedo hacer con él un artículo más largo, ya que la nota fue vergonzosamente corta.
En cuanto a L. Bl[anc], merece un escarmiento. Escribe una crítica de su Revolución9 para la D[eutsche]-B[rüsseler]-Zeitung y demuéstrale en la práctica cuánto estamos por encima de él; amistosa en la forma, pero manteniendo con firmeza nuestra superioridad en el contenido. On lui fera parvenir cela.10 Hay que meterle un poco de miedo al pequeño sultán. El lado teórico es, por desgracia, de momento nuestra única force, pero eso cuenta mucho entre estos campeones de la science sociale, de la loi de la production suffisante,11 etc. Los tipos son graciosísimos con su caza de esa loi desconocida. Quieren encontrar una ley con la que decuplicar la producción. Buscan, como el carretero de la fábula, al Hércules que les saque del barro la carreta social.12 El Hércules está en sus propios brazos. La loi de la production suffisante consiste en que se produzca suffisamment. Si no son capaces de eso, no hay conjuro que les valga. Los inventores que sacan brevet13 hacen más por la production suffisante que todo L. Blanc con su profundo y elevado afán de la science.
A B[ernay]s14 le había escrito una carta muy irónica en respuesta a la última suya, lamentando que su imparcialidad me robara el último consuelo: el de ser un alma bella incomprendida, à la Praslin.15 Con una dolorida mirada al cielo me devuelve esta nota y observa que con ello nuestra correspondencia ha llegado a su fin. Selah.
Nada más por lo demás. Escribe pronto.
Tu E.
París, viernes por la noche.
«Escucha bien: este pequeño gran señor literario no recibe más que los jueves, ¡y además solo por la tarde!». ↩
Ramón de la Sagra (1798-1871), economista y publicista español residente en París, partidario de un «socialismo racional». ↩
Miseria de la filosofía (1847), la crítica de Marx a Proudhon. ↩
«Lo he hojeado y he visto que el señor Proudhon sale bastante vivamente atacado...». «Pues bien, ¿estará usted entonces en condiciones de hacer el artículo para la Réforme que me había prometido?». «Un artículo, ay, Dios mío, no; mis editores me agobian tanto... pero mire lo que hay que hacer: haga usted mismo el artículo y yo haré que lo publique la Réforme». ↩
«En el fondo». ↩
Adalbert von Bornstedt (1807-1851), director de la Deutsche-Brüsseler-Zeitung (1847-1848), periódico de los emigrados alemanes en Bruselas en el que colaboraban Marx y Engels. ↩
Ferdinand Flocon (1800-1866), director de La Réforme, diario de los demócratas republicanos de París; en febrero de 1848 fue miembro del Gobierno provisional. ↩
La Démocratie pacifique, diario fourierista de París dirigido por Victor Considerant. ↩
El primer tomo de la Histoire de la Révolution française de Louis Blanc, aparecido en 1847. ↩
«Se le hará llegar». ↩
force: «fuerza»; science sociale: «ciencia social»; loi de la production suffisante: «ley de la producción suficiente». ↩
Alusión a la fábula de La Fontaine Le chartier embourbé (el carretero atascado), que pide ayuda a Hércules y recibe por respuesta que se ayude a sí mismo. ↩
«Patente». ↩
Karl Ludwig Bernays (1815-1879), periodista, antiguo redactor del Vorwärts! de París. ↩
El duque de Praslin asesinó a su mujer en agosto de 1847 y se envenenó en la cárcel; el caso fue uno de los grandes escándalos del final de la monarquía de Julio. «Alma bella» (schöne Seele) es expresión de Goethe y de Hegel. ↩