Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el miércoles 29 de enero de 1851 (el año y el lugar no constan en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 58, pp. 134-136) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Tu silencio y tu extrañeza por mi silencio se me han aclarado de golpe cuando hoy mi vieja bruja de casera, after some sharp cross examination,1 ha sacado de un montón de libros de mi cuarto tu carta del 7 de este mes,2 donde dormía tranquilamente desde el 8 de enero. Resulta que yo no había pasado la noche en casa, y la buena mujer dejó la carta sin más encima de los libros; después, al ordenar, con las prisas puso otro libro encima, y como ese montón de libros no se ha tocado en todo este tiempo, sin tu aviso la carta habría podido dormir allí hasta el día del Juicio. Si este mes, en vez de fisiología, hubiera estudiado ruso, no habría pasado.

En todo caso, tu nueva historia de la renta del suelo es completamente acertada. Eso de la infertilidad del suelo, que en Ricardo crece sin cesar con la población, nunca me había convencido, y tampoco le he encontrado nunca las pruebas a su precio del trigo siempre en alza; pero con mi conocida pereza en fait de théorie3 acallé los gruñidos interiores de mi mejor yo y nunca fui al fondo del asunto. No cabe duda de que tu solución es la buena, y con ella te has ganado un nuevo título al título de economista de la renta del suelo. Si aún hubiera derecho y justicia en la tierra, toda la renta del suelo debería ser tuya ahora, por lo menos durante un año, y eso sería lo mínimo a que podrías aspirar.

Nunca me cupo en la cabeza que Ricardo, en su sencilla tesis, presente la renta del suelo como la diferencia de productividad entre las distintas clases de tierra y que, al demostrar esa tesis, 1) no conozca otro factor que la puesta en cultivo de tierras cada vez peores, 2) ignore por completo los progresos de la agricultura y 3) acabe abandonando casi del todo la puesta en cultivo de tierras peores y opere en su lugar siempre con la afirmación de que el capital que se va empleando sucesivamente en un campo determinado contribuye cada vez menos a aumentar el rendimiento. Por evidente que fuera la tesis que había que demostrar, los motivos aducidos en la demostración eran ajenos a esa misma tesis, y recordarás que ya en los Deutsch-Französische Jahrbücher, frente a la teoría de la fertilidad decreciente, apelé a los progresos de la agricultura científica,4 desde luego de forma muy crude y sin ningún desarrollo coherente. Ahora tú has puesto en claro el asunto, y esa es una razón más para que te des prisa en terminar y publicar la Economía.5 Si se pudiera sacar traducido en una Review inglesa un artículo tuyo sobre la renta del suelo, causaría un revuelo enorme. Piénsatelo; je me charge de la traduction.6

Te devuelvo adjunto al señor Groß-Groß.7 Uno de estos días te mandaré unas líneas para el dulce Dronke;8 esta noche tengo demasiado sueño para ponerme con más trabajos. ¡Bonita banda de Lumpazis,9 Groß, Wilhelmi y el panfletista del progreso de Cincinnati!10 Esos tipos deben de creer de verdad que estamos en las últimas, física, moral e intelectualmente, para venirle a uno con semejantes pretensiones. C’est amusant, cependant,11 y me he reído de lo lindo con esos salvadores de la sociedad de la selva virgen y sus ofrecimientos, con honorarios para Dronke. Lo de «agudo y salado» del doctor Siegfried Weiß queda outdone12 por lo de «rojo, picante, sarcástico y polifacético» del «Adonis de una belleza hace mucho olvidada». Que Dieu le bénisse!13

Las declaraciones saldrán mañana para Bremen con las instrucciones necesarias.14 El señor Schramm15 bien podría haber pasado a limpio la suya; con esa letra descuidada probablemente se armará un lío.

La conferencia de O’Connor aquí ha acabado en puro humbug.16 Consta —la supuesta representación de todo el cartismo inglés— de ocho hombres, que representan a cuatro ciudades: Manchester, Bradford, Warrington y Sowerby. De ellas, Warrington y Bradford están en la oposición y de acuerdo con el Ejecutivo. Mantle, que representa a Warrington, se burla a más no poder de la mayoría; abrió los proceedings17 con la moción de que la conferencia, seeing their utter insignificance and contemptibility,18 decidiera irse a casa inmediatamente, y mañana les arrancará un voto de confianza al Ejecutivo, es decir, a Harney y a Jones,19 que O’Connor tendrá que votar también. En la cuestión de si había que unirse a los financial reformers,20 tres votaron a favor y dos en contra, y tres se abstuvieron, entre ellos O’Connor, al que por desgracia Mantle había intimidado con su desfachatez; si no, el tipo habría votado a favor y habría hecho un ridículo colosal y sin remedio. La mayoría de la conferencia la forman O’Connor, Leach, MacGrath, Clark y un tal Hurst. El señor Thomas Clark, en una cena dada el lunes en honor de O’Connor, propuso el siguiente brindis: The queen: her rights and no more; the people: their rights and no less.21 Mantle, un exaltado chispeante y nada diplomático, impidió también aquí a O’Connor levantarse y beber por el brindis.

La carta para Weerth22 ha salido y debería estar en sus manos dentro de unos días, si no se ha metido demasiado adentro de Marruecos.

«Sin más por hoy.»

Tuyo, F. E.

Miércoles por la noche, 29 de enero.

  1. «Tras un severo interrogatorio». ↩

  2. La carta de Marx del 7 de enero de 1851, en la que le exponía su nueva teoría de la renta del suelo frente a Ricardo: 1851-01-07 Marx a Engels. Marx se había quejado del silencio de Engels en su carta del 27 de enero: 1851-01-27 Marx a Engels. ↩

  3. «En materia de teoría». ↩

  4. En el Esbozo de una crítica de la economía política, publicado en los Deutsch-Französische Jahrbücher (París, 1844). ↩

  5. La obra de economía que Marx preparaba desde los años cuarenta y que no publicaría hasta mucho después (Contribución a la crítica de la economía política, 1859; El capital, 1867). ↩

  6. «Yo me encargo de la traducción». ↩

  7. El doctor Magnus Groß, emigrado alemán en los Estados Unidos, cuyo escrito le había mandado Marx a Engels pidiéndole su opinión. ↩

  8. Ernst Dronke (1822-1891), periodista, antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung y miembro de la Liga de los Comunistas. ↩

  9. Alusión a la farsa de Johann Nestroy Der böse Geist Lumpazivagabundus (1833), cuyos protagonistas son tres oficiales artesanos vagabundos y juerguistas. ↩

  10. Según los editores de la MEGA¹, L. A. Hine, publicista de Cincinnati. ↩

  11. «Es divertido, sin embargo». ↩

  12. «Superado». ↩

  13. «¡Que Dios le bendiga!». ↩

  14. La declaración que Marx había mandado a Engels para firmar con su carta del 27 de enero, destinada a la Weser-Zeitung de Bremen, junto con otra de Conrad Schramm. ↩

  15. Conrad Schramm (h. 1822-1858), miembro de la Liga de los Comunistas y gerente de la Revue de la Neue Rheinische Zeitung. ↩

  16. Conferencia cartista reunida en Manchester en enero de 1851 por Feargus O’Connor (1794-1855), el viejo jefe del cartismo, frente al Ejecutivo de la Asociación Nacional de la Carta. Humbug: «patraña, farsa». ↩

  17. «Las sesiones». ↩

  18. «Viendo su absoluta insignificancia y lo despreciables que eran». ↩

  19. George Julian Harney (1817-1897) y Ernest Jones (1819-1869), dirigentes del ala izquierda del cartismo, amigos de Marx y Engels. ↩

  20. «Reformadores financieros»: los radicales burgueses de la asociación para la reforma financiera y parlamentaria, que buscaban atraerse a los cartistas. ↩

  21. «La reina: sus derechos y nada más; el pueblo: sus derechos y nada menos». ↩

  22. Georg Weerth (1822-1856), poeta, responsable del folletín de la Neue Rheinische Zeitung; por entonces viajaba por negocios por la península ibérica. ↩