Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 16 de mayo de 1851. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 91, pp. 199-200) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 16 de mayo de 1851.

Querido Engels:

Tu carta, que llegó anteayer, la recibí demasiado tarde para contestarla. Es que ya estaba en el Museo antes de que apareciera el postman,1 y no volví a casa hasta las siete de la tarde. Y ayer, con la mejor voluntad, no pude escribirte, porque tenía tales molestias en el bajo vientre que casi me estallaba la cabeza, como al negro de Freiligrath el tambor.2

La confusión anterior viene sencillamente de que a uno de los dos vagos (Schramm), en cuanto llegó tu primera carta, le di un escrito para ti para que lo echara al correo. Lo había olvidado por ahí, y las cuatro líneas seguían ayer en su cartera.

En cuanto a la electricity, la noticia sobre ella está en el Economist de 1845. Por lo demás, no contiene más que lo que te comuniqué, con el relato de que el experimento se hizo con el mayor éxito en Escocia. Da incluso el nombre del farmer.3

Freiligrath llega uno de estos días.

Vamos ahora a los asuntos del correo. Creo que el correo es inocente. Al menos, de la mala forma de los sellos soy yo el único responsable. Lo único que me es del todo alienum4 es esto:

× Manchester ×.

¿Has visto en la Kölnische Zeitung cómo el desvergonzado Kinkel niega por medio de su mujer toda participación en el manifiesto del fuerte «Provisorio»?5 ¿Y cómo se inventa «una grave enfermedad» para aumentar el interés del filisteo alemán?

Por la intervención de mi digno cuñado el ministro, se ha vuelto a atascar la impresión de mis cosas, igual que la de la Revue. Parece que Becker ha tropezado con dificultades en Verviers.6

En Francia, Cavaignac parece ganar terreno a ojos vistas. Su elección sería la solución racional, pero aplazaría la revolución durante años. El congreso de Nicolás, Federico Guillermo y Habsburgo tiene más o menos la misma importancia que el del general Haug, Ruge y Ronge.7 Por lo demás, el impuesto sobre la renta era de momento lo más listo que podían hacer los prusianos.

Echemos ahora una ojeada a la emigración de aquí.

A las órdenes de un tipo (alemán) cuyo nombre no sé, o más bien con ese tipo, se contrataron el inmortal Faucher, el inevitable E. Meyen, que ahora también está aquí, etc., en el London (Daily) Illustrated News como redacción del artículo alemán.8 Como ninguno de los tipos sabe inglés, pidieron una redacción superior, un anglo-alemán. Les pusieron por encima a una vieja señora que estuvo en Alemania hace veinte años y habla un alemán chapurreado. Ella tachaba como el viejo Dolleschall,9 sobre todo los profundos artículos de E. Meyen sobre «escultura». Es que este idiota reproducía aquí en Londres sus asnadas artísticas, garabateadas ya hace diez años en la hoja de chismes literarios de Berlín. También Faucher fue censurado sin piedad. Y hace unos días el editor cita ante sí a estos mozalbetes, que soportaban la dominación de la vieja señora a regañadientes pero con sumisión, y declara a estos señores que no puede utilizar sus producciones propias y que se limiten a traducir artículos ingleses. Como los desdichados no entienden el inglés, esto era una despedida en toda regla. Y se despidieron. Y Meyen tendrá que esperar y aguardar otra década para colocar su «escultura».

Más todavía. La Kölnische Zeitung puso en la calle hace semanas al señor Faucher sin más ceremonias, con la observación de que sus artículos aburrían al público.

¿Qué dices de la revolución portuguesa?10

El señor A. Gögg está aquí; Willich y compañía lo interceptaron en seguida y dio conferencias en la Windmill.11 ¡Buena suerte!

Maintenant, mon cher,12 adiós. A partir de ahora la correspondencia volverá a ir por buen camino.

Tu K. M.

  1. «Cartero». Marx trabajaba a diario en la sala de lectura del Museo Británico. ↩

  2. Alusión al poema de Ferdinand Freiligrath «Der Mohrenfürst» («El príncipe moro»), cuyo protagonista, vencido y vendido, acaba tocando el tambor en una feria. ↩

  3. «Granjero». ↩

  4. «Ajeno», extraño. ↩

  5. Gottfried Kinkel, poeta y profesor de Bonn, liberado de la prisión de Spandau en 1850 con ayuda de Carl Schurz; su mujer, Johanna Kinkel. El «Provisorio» es el gobierno provisional para Alemania que habían formado en Londres algunos demócratas emigrados. ↩

  6. Ferdinand von Westphalen, hermanastro de Jenny Marx, ministro del Interior de Prusia desde 1850. Hermann Becker, miembro de la Liga de los Comunistas en Colonia, había empezado a editar los escritos reunidos de Marx (Gesammelte Aufsätze); solo salió el primer cuaderno. La Revue es la Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue (1850). ↩

  7. Nicolás I de Rusia, Federico Guillermo IV de Prusia y Francisco José de Austria. Sobre Haug, Ruge y Ronge, véase la carta del 5 de mayo de 1851. ↩

  8. Julius Faucher, publicista librecambista, y Eduard Meyen, publicista de la izquierda hegeliana de Berlín, emigrados en Londres. La edición alemana del Illustrated London News salió con motivo de la Exposición Universal. ↩

  9. Laurenz Dolleschall, censor de la policía de Colonia en tiempos de la Rheinische Zeitung (1842-1843). ↩

  10. El pronunciamiento del mariscal Saldanha contra el gobierno de Costa Cabral, en abril y mayo de 1851. ↩

  11. Amand Gögg, ministro de Hacienda del gobierno revolucionario de Baden en 1849. La Windmill es el local de Great Windmill Street donde se reunía la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes, entonces en manos de la fracción de Willich y Schapper. ↩

  12. «Ahora, querido». ↩