Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el lunes 1 de septiembre de 1851 (el lugar y el año los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 116, pp. 256-257) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Tienes que disculparme otra vez.

Primero, no he podido hacer nada más con el Proudhon,1 porque desde hace cuatro días me atormenta el más espantoso dolor de muelas, que me ha dejado totalmente incapaz de hacer nada. A eso se añade que esta noche llega mi hermano (al que conoces) de Londres y no sé por cuánto tiempo me impedirá trabajar. Que le diable emporte l’exposition!2

Segundo, no puedo mandarte hasta mañana las 5 libras que te había prometido para hoy, porque en la caja de la casa no hay absolutamente nada de dinero y no podré cogerlas hasta mañana.

El artículo triunfal de la Lithographische Korrespondenz3 sobre la unidad por fin alcanzada de la emigración honesta ya ha quedado desmentido en la misma Lithographische Korrespondenz por un nuevo lamento y por los ataques de los «prusianos» contra los «alemanes del sur» y contra el «pomerano» Ruge.4 Sic transit gloria:5 la alegría no ha durado mucho. Está bien que en cada una de las dos nuevas asociaciones tengamos tantos amigos que ninguna de las dos nos vaya a molestar.

¿Has leído en el Daily News de hoy el edificante artículo sobre la puta auténtica y supuesta baronesa Beck, que ha pasado a mejor vida en manos de la policía inglesa en Birmingham, en medio de sus estafas?6 El asunto es muy bonito, y tanto más bonito cuanto que demuestra que el pedigüeño importuno «Dr.» Heinemann es también un espía directo a sueldo del «departamento exterior de la policía inglesa, recientemente creado». Ya te acuerdas de lo sospechoso que nos pareció siempre ese sujeto ruin. La entrega de documentos «sobre una asociación comunista alemana existente en Londres» explica también las vejaciones de la policía del verano pasado, y me gustaría saber en cuánto está metido en esta historia el señor Christian Joseph Esser. ¿Conoces al «barón Soden», que atestigua estas historias y se ofrece a aportar pruebas? Estaría bien poder hacer que alguien sonsacara bajo mano a ese hombre. El pretexto sería fácil de encontrar, y se podrían sacar muchas cosas de los golfos de la emigración que más adelante podrían ser útiles. Me voy a hacer con ese número del Daily News y lo guardaré; el documento podrá servir en alguna ocasión.

Las quiebras ya han empezado en Liverpool y en Londres, y The Economist, pese a todas sus pruebas de que el trade7 del país está sanísimo, es decir, de que la mayor parte del capital sobrante está invertida en la producción sólida, tiene que reconocer que las Indias Orientales vuelven a estar saturadas y que en el comercio con las Indias Orientales han vuelto a cundir, con una regularidad invariable, los viejos manejos de consignaciones y anticipos. La semana que viene nos va a enseñar cómo se puede llevar el negocio de consignación sobre bases sólidas: estoy impaciente por verlo. Mientras tanto, los hilanderos y tejedores de aquí ganan una barbaridad: la mayoría tienen pedidos hasta Año Nuevo, y en el campo se trabaja en general por lo menos hasta las ocho de la tarde, o sea, 12-12½ horas, y a menudo más. Con algodón a 3¾-4½ peniques la libra hilan hilo que se vende a 7-8 peniques la libra; los costes de hilatura en estos números gruesos son apenas de 1½-2 peniques la libra; así que, con una producción semanal de 12 millones de libras (sobre una importación de 600 000 000 de libras de algodón en rama), el conjunto de los hilanderos de Inglaterra, si se toman como norma los números gruesos, gana a la semana 75 000 libras esterlinas, al año 3¾ millones de libras netas. Lo mismo vale si en lugar de los números 6-12 se toman los números medios del hilo, 18-24, y algunos, que con buenas máquinas pueden emplear algodón de peor calidad, no ganan 1½ peniques por libra de hilo, sino 2½. Todo esto data de abril y mayo, de la caída de los precios del algodón, y quienes más twist8 compran en proporción son los alemanes. Cuando estalle el baile —y este trade no dura desde luego más allá de marzo— y al mismo tiempo se arme jaleo en Francia, los alemanes lo van a notar bien con todo ese hilo invendible a cuestas, y así el país quedará bien preparado.

¡Consagremos una lágrima silenciosa a los manes de Brüggemann!9 Nunca una desgracia menos merecida ha caído sobre un hombre honrado: sit illi terra levis.10

Tu F. E.

Lunes, 1 de septiembre.

  1. Pierre-Joseph Proudhon, Idée générale de la révolution au XIXe siècle (París, 1851). ↩

  2. «¡Que el diablo se lleve la exposición!». La Gran Exposición Universal de Londres, abierta de mayo a octubre de 1851. ↩

  3. Boletín de noticias litografiado que circulaba en Alemania entre los periódicos. ↩

  4. Arnold Ruge, publicista de la izquierda hegeliana, nacido en la isla de Rügen, en Pomerania. ↩

  5. Del dicho latino Sic transit gloria mundi: «Así pasa la gloria del mundo». ↩

  6. La llamada baronesa von Beck, aventurera que se hacía pasar por agente de la revolución húngara; murió en Birmingham en agosto de 1851 tras ser detenida por estafa. ↩

  7. «Comercio», «negocios». ↩

  8. Hilo de algodón torcido. ↩

  9. Karl Heinrich Brüggemann, redactor jefe de la Kölnische Zeitung. ↩

  10. «Que la tierra le sea leve». ↩