Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el miércoles 15 de octubre de 1851 (el lugar lo establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 126, pp. 276-279) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Te adjunto Post Office Ordre1 por dos libras. Particulars,2 como antes. Lo de Göhringer es muy fatal.3 Tendrás que pagar; los gentlemen del County Court4 despachan rápido, y el escrito de tu puño y letra está ahí. Yo, en tu lugar, reuniría lo más deprisa posible el dinero con las costas de la citación y se lo mandaría al tipo, il n’y à rien à faire;5 ir al tribunal y dejarse condenar no hace más que aumentar las costas y no es nada agradable. ¿A cuánto asciende la suma y cuánto puedes reunir tú? Escríbeme lo más exactamente posible sobre ello; yo haré sin falta todo lo que pueda para mantener a los brokers6 fuera de tu casa, por apurado que yo mismo ande ahora.

Lo de Schramm no es muy agradable; habría sido mejor que nos hubieran dejado del todo fuera de esta porquería.7 El acta con las edificantes peleas por el dinero del Trust de Bauer y Pfänder8 no es nada agradable en manos de esos señores, y Schramm se merece que le calienten el trasero por andar llevando encima cosas así. En todo caso le está bien empleado que tenga que estar a la sombra provisionalmente por ello y que le vayan a caer seis meses por pasaporte falso.

En cuanto a Haupt, no lo tendré por espía mientras no tenga las pruebas en la mano.9 Puede que el tipo haya metido la pata en el calabozo, y es sospechosa, desde luego, la historia de Daniels, al que habrían detenido por denuncia suya.10 Pero esta charlatanería de artesanos de Windmillstreet es tanto más estúpida cuanto que se oye al mismo tiempo que lo del escritorio forzado de Dietz.11 Seguramente fue también Haupt, desde Hamburgo, el que le forzó el escritorio a la cucaracha. ¿Por qué no se querella el noble Dietz ante la policía inglesa? Por lo demás, sería muy bueno, desde luego, si se pudiera, llevar a Haupt a dar una explicación. Si mandas a Weerth una carta para él, yo diría que Weerth tendría que encontrar en catorce días ocasión de entregársela en mano y, en caso necesario, presentarse él mismo en su Comptoir.12 A un comerciante siempre se le puede encontrar.

Lo de Blind y su esposa no se había visto nunca, desde luego.13 Echarse a llorar y largarse porque monsieur Pieper pone verde a Feuerbach, c’est fort.14

¿Usas la palabra «casado» del Wolff rojo en el sentido inglés, sólidamente burgués? Casi tengo que creerlo, ya que la subrayas. Eso sí que estaría por encima de todo. M. Wolff bon époux, peut-être même bon père de famille!15

Creo que lo mejor que puedes hacer es despachar a Ewerbeck con unas cuantas noticias escuetas y mantenerlo de humor pasable;16 no sirve de nada que el tipo difunda en Francia disparates demasiado gordos sobre nosotros. Por lo demás, el hombre tiene en sus experimentos por llegar a ser un gran hombre una tenacidad incomprensible, porque vence incluso su tacañería; pues la nueva obra «inmortal» va sin duda otra vez a costa suya, con la perspectiva de vender 50 ejemplares.

De Sazónov hazme saber más cuando tengas noticias suyas.17 Esta aventura es picante, y el señor Sazónov se vuelve sumamente sospechoso.

Estoy ahora mismo sacando de Proudhon los extractos necesarios. Espera hasta el final de esta semana y lo recibirás de vuelta con glosas.18 Las cuentas del tipo vuelven a ser de primera. Donde hay una cifra, hay también una pifia.

Cómo irá aquí la crisis no se puede decir todavía. La semana pasada no se hizo nada por la reina.19 Esta semana tampoco mucho todavía. Pero el mercado tiene una downward tendency,20 con precios todavía firmes de la materia prima. Dentro de unas semanas las dos cosas bajarán considerablemente, y probablemente, según las perspectivas actuales, el producto industrial proporcionalmente más que la materia prima; el hilador, el tejedor, el estampador, tendrán pues que trabajar con menos ganancia. Eso ya es muy sospechoso. Pero el mercado americano amenaza con agotarse, de Alemania los informes no son demasiado favorables, y si esto sigue así, con los mercados apagándose, podemos vivir el principio del fin en un par de semanas. En América es difícil decir si la pressure y las quiebras (con un pasivo de 16 millones de dólares en total) son ya un comienzo real o meros petreles anunciadores de la tormenta. En todo caso, aquí ya andan petreles muy considerables. El iron trade21 está completamente paralizado, y dos de los bancos que más dinero le prestan —los de Newport— han quebrado; además de los recientes failures22 en Londres y Liverpool, ahora un especulador en sebo en Glasgow y, en la Bolsa de Londres, el señor Thomas Alsopp, amigo de O’Connor y de Harney.23 Hoy no he visto los informes de los distritos de la lana, de la seda y de las manufacturas metálicas; cela ne sera pas trop brillant non plus.24 En todo caso, los síntomas ya no se pueden desconocer en absoluto, y existe la perspectiva, casi la certeza, de que las convulsiones continentales de la próxima primavera coincidan con una crisis bien bonita. Ni siquiera Australia parece poder hacer mucho: encontrar oro es ya, desde California, cosa vieja, y el mundo está harto de ello; empieza a convertirse en un regular trade,25 y los mercados de alrededor están ellos mismos tan saturados que, sin menoscabo especial de su propio glut,26 pueden producir entre los 150 000 habitantes de Nueva Gales del Sur un glut extra.

Enfin, el señor Luis Napoleón se ha decidido a despedir al señor Faucher.27 Era de esperar que esta vez no podía dejar pasar la prerrogativa sin repetir el golpe del año pasado con Changarnier;28 si con el mismo éxito, ya se verá. Por fin, para decirlo con la expresión de los cazadores, los realistas lo han brought to bay,29 y se vuelve y enseña los cuernos. Cuándo volverá a meter el rabo entre las piernas, ya lo veremos. El miserable aventurero está de todos modos tan acabado que puede hacer lo que quiera; il est foutu;30 pero la historia empieza ahora a ponerse interesante. En un sentido es una lástima que la famosa represión de Faucher y Carlier, el estado de sitio progresivo, la tiranía de los gendarmes, etc., amenacen con quedar interrumpidos tan pronto, y si el cobarde de Napoleón tiene de verdad el valor de atacar en serio la ley electoral, puede muy bien conseguir su abolición,31 lo que también sería una lástima, porque devolvería a los asnos legalistas del progreso del 13 de junio su terreno legal32 —pero ¿quién sabe qué es bueno y qué es malo con estos franceses?—. ¿Qué piensas de esta porquería? Tú ves allí más periódicos.

Tu F. E.

Miércoles, 15 de octubre de 1851.

Jones me manda una circular: dice que necesita todavía 600 suscriptores o se hunde, mais que puis-je faire?33

  1. «Giro postal». ↩

  2. «Los detalles». ↩

  3. Carl Göhringer, emigrado badense que llevaba una taberna en Londres, había llevado a Marx a juicio por una vieja deuda; véase la carta de Marx del 13 de octubre de 1851. ↩

  4. Tribunal de condado, juzgado inglés de pleitos menores. ↩

  5. «No hay nada que hacer» (Engels escribe à por a). ↩

  6. Los agentes que embargaban los muebles del deudor. ↩

  7. Konrad Schramm, miembro de la Liga de los Comunistas, detenido en París en septiembre de 1851 con un pasaporte a nombre de otro. ↩

  8. Heinrich Bauer y Karl Pfänder, miembros de la Autoridad Central de la Liga de los Comunistas en Londres. ↩

  9. Hermann Wilhelm Haupt, dependiente de Hamburgo y miembro de la Liga de los Comunistas, detenido en 1851. ↩

  10. Roland Daniels, médico de Colonia y miembro de la Liga de los Comunistas, detenido en junio de 1851 y juzgado en el proceso de los comunistas de Colonia. ↩

  11. En Great Windmill Street se reunía la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes, en manos de la fracción de Willich y Schapper. Oswald Dietz era el secretario de su comité; Marx y Engels lo apodan «la cucaracha». ↩

  12. Georg Weerth, poeta y amigo de Marx y de Engels, entonces empleado de comercio. Comptoir: «despacho». ↩

  13. Karl Blind, demócrata badense emigrado en Londres. ↩

  14. «Es fuerte». Wilhelm Pieper, filólogo, cercano entonces a Marx. ↩

  15. «¡El señor Wolff, buen esposo, quizá incluso buen padre de familia!». Ferdinand Wolff, el «Wolff rojo», antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung. ↩

  16. August Hermann Ewerbeck, médico y escritor alemán afincado en París, que preparaba un libro titulado L’Allemagne et les Allemands. ↩

  17. Nikolái Sazónov, publicista ruso emigrado. ↩

  18. El libro de Proudhon Idée générale de la Révolution au XIXe siècle (1851), que Marx había prestado a Engels. ↩

  19. La reina Victoria visitó Manchester a comienzos de octubre de 1851. ↩

  20. «Tendencia a la baja». ↩

  21. «Comercio del hierro». ↩

  22. «Quiebras». ↩

  23. Feargus O’Connor y George Julian Harney, dirigentes cartistas. ↩

  24. «Tampoco será muy brillante». ↩

  25. «Comercio regular». ↩

  26. «Saturación del mercado». ↩

  27. Léon Faucher, ministro del Interior, se opuso en octubre de 1851 al restablecimiento del sufragio universal que proponía Luis Napoleón, y el gabinete cayó. ↩

  28. En enero de 1851 Luis Napoleón destituyó al general Changarnier del mando del ejército de París. ↩

  29. «Acorralado». ↩

  30. «Está perdido». ↩

  31. La ley electoral del 31 de mayo de 1850, que había restringido el sufragio universal. Pierre Carlier era el prefecto de policía de París. ↩

  32. El 13 de junio de 1849 la Montaña, el partido demócrata pequeñoburgués de Ledru-Rollin, convocó en París una manifestación en defensa de la Constitución que fue dispersada por las tropas. ↩

  33. «Pero ¿qué puedo hacer yo?». Ernest Jones, dirigente cartista, publicaba entonces el semanario Notes to the People. ↩