Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 30 de marzo de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 159, pp. 333-334) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 30 de marzo de 1852. 28, Deanstreet, Soho.

Querido Frederic:

Acabo de recibir tu artículo. Te mando adjunto todo un paquete de novedades americanas, que te habrían llegado antes si no hubiera sido necesario copiar y comunicar sucintamente una parte de las cosas.

Aquí, novedades de toda clase. Gottfried Cristo Kinkel envía, o más bien ha enviado ya, al studiosum Schurz y a Schimmelpfennig1 para reunir a golpe de tambor, desde Suiza, París, Alemania y Bélgica, un congreso en Londres para mediados de abril, que garantice el empréstito revolucionario y regule definitivamente la administración de este tesoro y del gobierno democrático in partibus.2 Pero tienes que devolverme esta porquería para el sábado.

Kossuth, desenmascarado en América por Szemere y completamente enemistado con el comité que dejó en Londres, se va a sorprender al saber qué escisiones se han producido entretanto en la clerecía democrática.

Resulta que el señor Mazzini, desde hace dos años papa de la Iglesia democrática in partibus, creyó llegado por fin el momento de dar rienda suelta en francés a su veneno contra el socialismo y contra Francia, concretamente en La Nation de Bruselas, que había comprado con 10 000 francos del dinero italiano, de acuerdo con Ledru-Rollin. Allí carga a los socialistas el 2 de diciembre, la toma de Roma,3 en suma, toda la contrarrevolución, y truena con sus pomposos modales de dominico contra los herejes, las sectas, el materialismo, el escepticismo, la Babel gala, con la misma decisión con que en Londres se arrastra lamiéndoles el culo a los burgueses liberales ingleses. Francia habría perdido la iniciativa revolucionaria. El peuple-roi4 ya no existiría. Ahora les tocaría el turno a los demás pueblos, etc. En suma, una bula de excomunión en toda regla, que ha gozado del honor de ser reproducida en La Patrie y en el Constitutionnel. Eso ya fue demasiado para los franceses. El pequeño L. Blanc, que vio aquí al mismo tiempo una ocasión de rehabilitarse y de ponerse en primera fila, reunió a Cabet, Pierre Leroux, Bianchi, Nadaud y Vasbenter (proudhoniano).5 En el Morning Advertiser han atacado al señor Mazzini con la mayor grosería. La parte teórica de su réplica es casi tan floja como el ataque de Mazzini. La personal, para la que Massol dio el material a Leroux, aniquila al arrogante Teopompo.6

Ledru-Rollin, por su parte, para no perder toda su influencia, se ha visto obligado a retirarse del Comité Central Europeo.7 También él ha contestado en La Nation al ataque contra Francia. Mísero. Un artículo sin pies ni cabeza. Sostiene «la iniciativa revolucionaria de Francia», ¡pero cómo! C'est pour faire pitié!8 Ledru-Rollin quiere irse ahora, al parecer, a los Estados Unidos.

Así, por un lado, el idiota de Ruge pierde su Comité Central Europeo. Por otro lado, Kinkel, que en América se ha portado servil como un perro con su competidor Kossuth, ve deshacerse la «confusión» general, es decir, la fusión de todos los pretendientes demócratas bajo la bandera de las frases, sosas desde 1848, de «república democrática», «sufragio universal», etc. El bueno de Willich entra así también en conflicto como «comunista».

Entretanto, el gobierno inglés traslada cada semana, a costa del Estado, a montones de la chusma de la emigración francesa a América. El miserable little Blanc quiere aprovechar la manifestación conjunta y casual contra Mazzini para erigirse en cabeza visible de la ecclesia pressa.9 Para desbaratar sus pequeñas intrigas, azuzaré a Massol contra Pierre Leroux. Por último, para colmo de confusión, viene Proudhon.

Hasta qué punto se hunden las grandezas oficiales lo verás en que el dulce Félix Pyat —cet homme artiste, expresión artística con la que los franceses embellecen toda la debilidad, toda la falta de carácter y de entendimiento de un individuo— ha convertido las jornadas de diciembre en un melodrama de gran espectáculo. Ha encontrado para ello un empresario inglés, y con él va a representar la porquería en Nueva York, etc.: las escenas de asesinatos, las expulsiones, las deportaciones, etc., etc. ¿Se puede especular de forma más canallesca con la desgracia de su país? Y el burro tiene esta prostitución de la misère francesa por un acto patriótico.

Así como la tripotage10 es el secreto más íntimo de las grandes representaciones de Estado de los políticos de la emigración de aquí, Siegwart Kinkel11 ha arreglado un enlace entre el studiosum Schurz y la hermana de la señora Ronge, que dicen que es rica.

Lo único funesto es que estos burros, con sus manejos fanfarrones, dan una y otra vez material a la policía y empeoran la situación de nuestros amigos en Alemania.

Tu K. M.

  1. Alexander Schimmelpfennig (1824-1865), antiguo oficial prusiano, de la fracción Willich, emigrado luego a los Estados Unidos. ↩

  2. In partibus infidelium, «en tierra de infieles»: así se llamaba a los obispos con título de diócesis en países no cristianos, sin sede real; aquí, un gobierno sin país. ↩

  3. La toma de Roma por las tropas francesas en julio de 1849, que acabó con la República romana de Mazzini. ↩

  4. «El pueblo rey». ↩

  5. Étienne Cabet, comunista utópico; Pierre Leroux, socialista; Martin Nadaud, albañil y diputado de la Montaña; todos emigrados en Londres. ↩

  6. Teopompo de Quíos, historiador griego del siglo IV a. C., famoso por su arrogancia y su lengua mordaz. ↩

  7. El Comité Central Democrático Europeo, fundado en Londres en 1850 por Mazzini, Ledru-Rollin, Ruge y el polaco Darasz. ↩

  8. «¡Da pena!». ↩

  9. «Iglesia oprimida». ↩

  10. «Chanchullo». ↩

  11. Alusión a Siegwart (1776), novela sentimental de Johann Martin Miller. ↩