Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita [en Manchester] el 20 de abril de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 163, pp. 337-339) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
He visto con pesar que mis temores por tu niña se han confirmado demasiado pronto.1 ¡Ojalá hubiera algún medio de que pudieras mudarte con tu familia a un barrio más sano y a una casa más espaciosa!2
Con gusto te habría mandado algo de dinero, pero en Londres he gastado tanto más de lo que había calculado que yo mismo tengo que apretarme el cinturón aquí hasta fin de mes, y el mes que viene tengo que pagar en seguida 12 libras de cuentas y de libros encargados en Alemania. Pero veré, si es posible de algún modo, de conseguirte algo a comienzos de mayo. Ojalá hubiera sabido antes cómo estaban las cosas en Londres; habría dejado entonces el viaje a Londres, au fond del todo superfluo, y habría tenido así algo de margen.
Pindar3 está aquí, porque no ha encontrado acomodo en Liverpool. Busca un empleo o clases particulares, y naturalmente intercederé por él. Para darle una prueba de mis buenas disposiciones, he tomado clases de ruso con él. Pero para poder recomendarlo aquí tengo que saber algo más de él, y como esas cosas solo se le sacan con muchísimo trabajo, te agradecería que me escribieras lo que sabes de él y de su situación, de qué lo conoces, etc. Por lo demás, con sus modales callados, no me parece que vaya a hacer fortuna aquí.
Con las perspectivas comerciales actuales, sobre todo en lo que se refiere a las Indias Orientales, hay un punto que no se debe perder de vista. A pesar de la colosal importación de productos industriales ingleses a la India, que no ha dejado de crecer desde hace tres años, desde hace algún tiempo vuelven a llegar de allí noticias bastante buenas; las existencias se van vendiendo y allí se pagan mejor. Esto solo puede deberse a que en las provincias conquistadas últimamente por los ingleses, en el Sind, el Punyab,4 etc., donde el trabajo manual indígena se había mantenido hasta ahora casi exclusivamente, ahora por fin la competencia inglesa lo está aplastando, sea porque los fabricantes de aquí solo últimamente han llegado a fabricar los tejidos adecuados para esos mercados, sea porque los natives5 han sacrificado por fin su gusto por los tejidos del país al precio más barato de los tejidos ingleses que se exportan habitualmente a la India. La última crisis india de 1847 y la gran depreciación de los productos ingleses en la India relacionada con ella pueden haber contribuido mucho a ello; y ya por el viejo Gülich6 se ve que incluso la India conquistada por los ingleses en su tiempo distaba mucho de haber abandonado del todo su vieja manufactura propia. Solo así se explica que no se haya repetido hace tiempo en Calcuta y en Bombay, de forma agravada, la historia de 1847. Pero cuando los 3 000 000 de balas de algodón de la última cosecha hayan llegado al mercado, se hayan elaborado y se hayan despachado como mercancías acabadas, en su mayor parte, a las Indias Orientales, eso ya cambiará. La industria algodonera florece ahora de tal modo que, a pesar de esta campaña, que supera en 300 000 balas a la cosecha de 1848-1849, los precios del algodón suben tanto en América como aquí; que los fabricantes americanos han comprado ya más de 250 000 balas más que el año pasado (en que solo consumieron en total 418 000 balas), y que los de aquí empiezan ya a sostener que ni siquiera una cosecha de tres millones de balas bastaría para su consumo. Hasta ahora se han exportado de América 174 000 balas más que el año pasado a Inglaterra, 56 000 más a Francia y 27 000 más al resto del continente. (Esto es del 1 de septiembre al 7 de abril de cada año.) Y con semejante prosperidad se explica fácilmente, desde luego, que Luis Napoleón pueda preparar tan tranquilo su bas-empire;7 el excedente de la importación directa de algodón en Francia entre 1850 y 1852 asciende hasta ahora a 110 000 balas (302 000 frente a 192 000), es decir, más del 33 %.
Según todas las reglas, la crisis tiene que llegar este año, y probablemente llegará; pero si se considera la elasticidad, completamente inesperada, del mercado de la India, la confusión introducida por California y Australia,8 así como la baratura de la mayoría de los productos en bruto, que mantiene baratos también los productos industriales, y la ausencia de toda gran especulación, casi se siente uno tentado de profetizar una duración extraordinariamente prolongada al actual periodo de prosperidad. En todo caso, es posible que la cosa dure hasta la primavera. Pero, al fin y al cabo, lo más seguro es atenerse a la vieja regla, within six months more or less.9
Muchos saludos a tu mujer y escribe pronto.
Tu F. E.
20 de abril de 1852.
Franziska Marx había muerto el 14 de abril de 1852, poco después de cumplir un año (véase la carta de Marx de ese día). ↩
Engels escribió por descuido «Gegend» (zona, barrio) también en el segundo término, donde quería decir «vivienda». ↩
Edward Pindar, hijo de madre inglesa, que había vivido en San Petersburgo; Engels contará más de él en cartas posteriores. ↩
Provincias del noroeste de la India anexionadas por la Compañía de las Indias Orientales en 1843 y 1849. ↩
«Indígenas». ↩
Gustav von Gülich (1791-1847), economista alemán, autor de una historia del comercio y de la industria de las principales naciones comerciales (1830-1845). ↩
«Bajo Imperio», alusión despectiva al Imperio romano de la decadencia. ↩
Los descubrimientos de oro de California (1848) y de Australia (1851). ↩
«Con seis meses de margen, más o menos». ↩