Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 28 de septiembre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 208, pp. 402-404) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

28 de septiembre de 1852.

28, Deanstreet, Soho, London.

Querido Engels:

Hace bastante que no recibes carta mía. La causa principal es Weerth,1 que me acapara plus ou moins2 las tardes que suelo dedicar a escribir. Y no precisamente para mi mayor alegría. Sabes que quiero mucho a Weerth, mais es penoso, cuando uno está metido en la mierda hasta el cuello, tener delante a un gentleman tan fino, auquel il faut cacher les parties trop honteuses.3 Una relación así produce una doble gêne,4 y espero que mañana se vaya a Manchester y que, cuando vuelva, me encuentre en una situación en la que pueda volver a tratarlo franchement.5 Por lo demás, creo que, aparte del estado de sufrimiento de mi mujer, no me ha visto mucho más el juego.

Le he dado un paquete grande para que te lo entregue. Contiene documentos que deben ir al archivo y que en parte, aunque no en su mayor parte, ya conoces.

Adjunto el extracto de una carta de Barthélemy a Willich.6 Barthélemy dio esta carta a un francés llamado Durand para que se la entregara a Willich. Durand, que no sabía leer la firma, preguntó a Dronke si podía hacer llegar el escrito a Willich. Dronke, naturalmente, acepta, viene luego a verme, y Lupus, gran artista en este ramo, abre la carta magistralmente. Dronke ha copiado lo más importante; lo demás no era más que basura. Que penses-tu de ce brave Barthélemy, «auquel il est impossible de se résigner à laisser Bonaparte jouir paisiblement de son triomphe»?7 ¡Tiembla, Bizancio! En cuanto a la supuesta carta de Blanqui, me parece una mentira melodramática del sombrío Barthélemy. Porque ¿qué cuenta de Blanqui? Que la situación de los prisonniers de Belle Isle est bien triste.8 Si Blanqui no tenía nada más que revelarle, habría hecho mejor en guardarse para sí sus libri tristium.9 Por lo demás, de toda la carta de Barthélemy se desprende que está completamente separado de la emigración francesa y de las sociedades francesas en Francia.

Para que tú también puedas «ponerte un poquito en el punto de vista histórico-universal», te mando adjunto un artículo de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo del espía A. Mayr, al que aquí en Londres hasta sus amigos del alma Willich y Schapper «echaron de casa».

Ya te escribí que Herzen está aquí y hace circular memorias contra Herwegh, que no solo le puso los cuernos, sino que además le sacó 80 000 francos.10

No he podido trabajar todavía en ningún artículo, ni siquiera en el esbozo del artículo final alemán.11 Las cartas de ida y vuelta en la mierda de los asuntos familiares me absorben tanto que hace tres semanas que no voy a la biblioteca, cosa que hice también para sostener a mi mujer en este tiempo tan fatal para ella.

A propos!

Es seguro que la conspiración de los orleanistas gana cada día en actividad, extensión y posibilidades. Estos señores se han coaligado con Cavaignac, Charras, Lamoricière y Bedeau.12 Entre los aides de camp de L. Bonaparte hay tres comprados, es decir, que se han depositado para ellos sumas importantes en el Banco de Inglaterra. Con los republicanos puros se ha cerrado el contrato siguiente. Primero: formación de un gobierno provisional compuesto solo de generales. Segundo: Cavaignac recibe Marsella, Lamoricière Lyon, Charras París y Bedeau Estrasburgo como garantía. Tercero: el gobierno provisional invitará al pueblo a decidir en elecciones primarias si quiere la Constitución de 1830 con la dinastía de Orleans o la Constitución de 1848 con un presidente. En este último caso se presentará como candidato Joinville.13 El judío Fould está en relación constante con los Orleans. Para la ejecución de la empresa se ha fijado provisionalmente el mes de marzo, y Bonaparte, si es necesario, será asesinado por sus aides de camp. Pero se quiere que Bonaparte sea primero emperador y que se haya desgastado todavía más.

Yo mismo he hablado con el agente orleanista, que va y viene libremente entre París y Londres. Anteayer estuvo con Bangya en casa del duc d’Aumale.14

Por una carta de Piali veo que lord Palmerston, en una audiencia privada en Londres, ha dicho a una aristócrata italiana refugiada15 toda clase de cosas consoladoras sobre Italia, y que él mismo se pone la «consoladora» perspectiva de ser «primer ministro» de Inglaterra en menos de un año. ¡Qué dados a la mentira y a la vanité son los viejos! Por lo demás, el señor Palmerston se pronunció claramente al menos en un punto: Lombardía-Venecia, en caso de insurrección, tendría que unirse inmediatamente al Piamonte. Las tonterías de una «república italiana» habría que dejarlas «al futuro».

Dronke, residente en el model lodging house,16 te pide disculpas por no haber escrito todavía. «Tiene sus razones.»

Tu K. M.

En el sobre anterior, el que me devolviste, sí que habían intentado abrirlo. Pero, por lo visto, con torpeza y sin resultado.

  1. Georg Weerth (1822-1856), poeta, antiguo redactor del folletín de la Neue Rheinische Zeitung; viajaba entonces por negocios entre Inglaterra y el continente. ↩

  2. «Más o menos». Mais: «pero». ↩

  3. «A quien hay que ocultar las partes demasiado vergonzosas». El original dice trops. ↩

  4. «Incomodidad». ↩

  5. «Con franqueza». ↩

  6. Emmanuel Barthélemy (1820-1855), obrero blanquista francés emigrado en Londres, aliado de August Willich, jefe con Karl Schapper de la fracción escindida de la Liga de los Comunistas en 1850. ↩

  7. «Qué te parece ese buen Barthélemy, “a quien le es imposible resignarse a dejar a Bonaparte gozar en paz de su triunfo”». ↩

  8. «Los presos de Belle-Île lo están pasando muy mal». Auguste Blanqui (1805-1881) estaba preso en la fortaleza de Belle-Île-en-Mer. ↩

  9. «Libros de las tristezas», alusión a los Tristia de Ovidio, escritos en el destierro. ↩

  10. Aleksandr Herzen (1812-1870), escritor ruso, se instaló en Londres en agosto de 1852; el poeta Georg Herwegh había tenido una relación con su mujer, Natalia. ↩

  11. El artículo que debía cerrar la serie que Engels escribía para el New-York Daily Tribune con la firma de Marx (véase Revolución y contrarrevolución en Alemania); no llegó a escribirse. ↩

  12. Los generales republicanos Louis-Eugène Cavaignac, Jean-Baptiste Charras, Christophe de Lamoricière y Marie-Alphonse Bedeau, detenidos en el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 y desterrados después. ↩

  13. François d’Orléans, príncipe de Joinville, hijo de Luis Felipe. Achille Fould, banquero, era ministro de Bonaparte. ↩

  14. Henri d’Orléans, duque de Aumale, hijo de Luis Felipe. János Bangya (1817-1868), oficial húngaro emigrado que trabajaba como espía para varias policías. ↩

  15. Según los editores de la MEGA¹, la condesa Visconti. ↩

  16. Albergue para pobres construido según las ideas de la reforma sanitaria de la época. ↩