Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 16 de octubre de 1852 (el lugar y la fecha los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 214, pp. 409-412) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Tal como se ha encarrilado ahora el asunto, no puede fallar. La carta de Stieber es un hallazgo que vale más que todas las minas de oro de Australia.1 ¡Qué suerte que el malheureux2 Nothjung guardara esos viejos papeles de la Neue Rheinische Zeitung y los mandara entonces a Londres!3 Solo espero que la cosa llegue, porque escamotear algo así no le parecería un crimen ni al fiscal general. Mejor habría sido que no mandaras esa carta certificada, sino de otra manera. Entre Fráncfort y Colonia siempre puede haber un percance, y aunque la copia ya prueba mucho, el original es demasiado importante. Alguien tenía que llevarlo en persona o por expreso a Colonia. En fin, espero que salga bien.
También los demás documentos son muy buenos, y ahora vamos a armar un escándalo colosal.
Por seguridad mandé ayer una carta a Von Hontheim, que se echará al correo en Ámsterdam, y en la que le comunicaba en extracto el contenido de tu carta destinada a Schneider y que no había llegado la carta de Schneider dirigida a Dronke.4 Así que cuatro copias y un extracto.
Por otra vía mandaré hoy mismo a Colonia una copia de la carta de Stieber y además haré llegar a la provincia del Rin recortes con el artículo del Advertiser del viernes y la declaración del Advertiser del sábado; en una palabra, lanzaré entre los burgueses noticias sobre los crímenes de la policía.
Ahora, las propuestas siguientes:
- Dado el carácter sumamente equívoco, y en algunos puntos, como ahora podemos demostrar, inequívoco, de los únicos testimonios graves, tu testimonio y el de Lupus, Pieper, etc., si se presta bajo juramento y se legaliza, es muy importante. Que el ministerio público diga lo que quiera, no importa: los jurados nos tienen a nosotros y a los acusados por gentlemen. Pues bien, nada más sencillo que dos o tres de vosotros vayáis a ver a Windham5 y juréis allí lo que tiene que ver con Londres y todos sabéis. Por ejemplo:
a. que no existe ningún H. Liebknecht, sino solo un W. Liebknecht, que vosotros sepáis, y que no habéis conocido nunca a ningún H. Liebknecht;6
b. que la señora Daniels no te ha escrito nunca;7
c. que, aparte de las reuniones de los miércoles, no habéis tenido otras reuniones, por ejemplo un jueves en otro local, y
d. que declaráis utterly untrue8 las declaraciones contenidas en las actas de Hirsch9 sobre discursos, conferencias, etc., que supuestamente habéis pronunciado;
e. que la nota que acompañaba al Catecismo rojo y que el ministerio público considera escrita de tu puño y letra no es tuya10
— y todo lo demás que en las últimas sesiones y en las primeras declaraciones de Stieber parezca falso y merezca refutarse.
Todo esto, jurado ante Windham, lo extenderá él como un affidavit corriente (podéis llevar el borrador ya en inglés), y vosotros le pedís que se lo dé a un policeman que vaya con vosotros a ver al cónsul prusiano Hebeler en la City; este tiene que legalizar la firma de Windham, si no quiere perder su exequátur. Extendido así en dos copias, puede ir luego a Colonia y no dejará de surtir efecto. Lo considero de la mayor importancia, porque así se cumplen todas las formas legales y la cosa es un acto judicial. Si a pesar de todo Hebeler se negara a firmar, id al primer notary public11 que encontréis, que lo legalizará (este último es un camino que, en un caso parecido, las autoridades de Prusia indicaron a mi viejo).
Ayer recibí de Dronke un largo tratado sobre Bangya. Tengo que decirte que, después de las miserables mentiras con nuestro manuscrito,12 después de la carta de Duncker que te mandó Weerth el martes, y si es verdad que dirigió la penúltima carta a Kothes,13 apenas me queda la posibilidad de dudar de que es un espía prusiano. Que se mantenga entre los húngaros no prueba lo contrario: si con nosotros invoca a los húngaros, con los húngaros nos invoca a nosotros. Este asunto hay que investigarlo sin falta y cuanto antes, y si el señor Bangya no da dans les vingt-quatre heures14 información suficiente sobre el paradero del manuscrito, la antigua dirección del supuesto Eisermann, calle y número, y sus muy problemáticas fuentes de ingresos, soy muy partidario de que los abogados de Colonia pregunten directamente al señor Stieber qué sabe de un tal coronel Bangya. Después de las revelaciones que se hayan producido hasta entonces, el señor Stieber ya no se atreverá a prestar falso testimonio, porque no puede saber lo que vendrá; al mismo tiempo habría que comunicar a Schneider la historia del manuscrito para que la cuente en la sesión, y así de momento no haría falta publicar ninguna otra declaración.
Algunas personas de la asociación obrera de Stechan,15 miembros del comité, etc., podrían igualmente presentarse ante el magistrado, no con papelitos, sino con páginas enteras o con trozos lo más grandes posible de la letra de Hirsch, y jurar que esa es la letra de Hirsch. Cela vaut infiniment mieux16 que unos simples recortes sin legalizar.
El lunes os mandaremos algo más de dinero, para que no os veáis en apuros por eso. Tu declaración jurada podría salir la última de todas, lo que tiene sus ventajas; solo hay que procurar que todo llegue antes de que se cierre el interrogatorio de los testigos.
No olvides mandarme cuanto antes unas cuantas direcciones seguras.
La declaración de Stechan sobre la falsificación tiene que jurarse también ante un magistrado. Cela pourra avoir de brillants résultats.17
Kinkel andaba hoy rondando por la Bolsa de aquí, paseado por la chusma (rabble) de los judíos alemanes de la ciudad. Pero ya les hemos metido a esas gentes toda clase de pulgas en la oreja, y Weerth le amargará un poco la existencia tanto aquí como en Bradford.
¿No podríais conseguir, por medio de Imandt o de algún otro, pruebas directas de la escroquerie18 de Kinkel con Reichenbach19 y mandarlas en copia al Examiner and Times, al Guardian o al Courier de aquí, y a periódicos de Bradford? Pruebas tan directas, naturalmente, que esos tipos no tengan que temer un proceso por libel.20 También podríais mandárselas al Dr. J. W. Hudson, secretario del Athenaeum de Manchester.
Strohn21 está otra vez en Bradford, algo enfermo, y viene aquí el miércoles o el jueves. Le escribo hoy y le doy instrucciones para que, cuando le mandes cosas, puedas contar con que las hará llegar con habilidad y sin chocar con mis vías. Lo principal es que cada dirección comercial se use una sola vez.
Tenemos que conseguir que en adelante ya no se hable de Diebereien, sino de Stiebereien.22
Entre los defensores está también el abogado Schürmann. También su dirección puede usarse para los envíos. Schneider es de verdad demasiado peligroso.
La historia de Bangya es importante también por esto: ¿y si el libro de actas original no estuviera escrito con la letra de Hirsch, sino copiado? ¿Qué pasaría entonces? Stieber ya ha jurado, de todos modos, que no conoce a Hirsch.
Si a pesar de todo, cosa que me parece casi imposible si seguimos poniendo todos los medios para hacer llegar allí todas las informations y todos los documentos, los de Colonia son condenados, tenemos que escribir algo sin falta. Si no, creo que solo debilitaría el efecto de la derrota del gobierno. Aunque también entonces dependerá. Ante todo hay que guardar una copia exacta de todos los documentos, affidavits, etc., con todas las legalizaciones, etc., porque estas cosas forman entonces una famosa serie de pièces justificatives.23
Dronke me ha pedido 10 chelines, porque está enfermo y sin un céntimo. Cuando llegue el próximo dinero, es decir, el martes, dáselos, o algo más.
Las direcciones mándamelas mejor por Pickford o por Carver.
Saludos a todos y escribe pronto.
Tu F. E.
Aquí llevamos un registro exacto de todos los documentos que salen: fecha, vía de envío, etc.
Wilhelm Stieber (1818-1882), consejero de policía prusiano y principal testigo de cargo en el proceso de los comunistas de Colonia, celebrado ante el jurado de esa ciudad del 4 de octubre al 12 de noviembre de 1852 contra once miembros de la Liga de los Comunistas detenidos en 1851. La acusación se apoyó en buena parte en pruebas fabricadas por la policía; siete acusados fueron condenados a penas de tres a seis años de fortaleza y cuatro absueltos. Marx había mandado a la defensa una antigua carta de Stieber hallada entre los papeles de la Neue Rheinische Zeitung. ↩
«Desdichado». ↩
Peter Nothjung, sastre, miembro de la Liga, uno de los acusados; su detención en Leipzig en mayo de 1851 desencadenó las del resto. ↩
Karl Schneider II y Von Hontheim, abogados defensores en el proceso. ↩
Un magistrado de policía de Londres, ante el que podían prestarse declaraciones juradas. ↩
El falso libro de actas presentado por la policía estaba firmado por un «H. Liebknecht»; Wilhelm Liebknecht (1826-1900) vivía entonces emigrado en Londres. ↩
La mujer de Roland Daniels, médico de Colonia, uno de los acusados. ↩
«Completamente falsas». ↩
Wilhelm Hirsch, agente de la policía prusiana, que había falsificado en Londres el supuesto libro de actas de las reuniones del «partido Marx». ↩
El Catecismo rojo para el pueblo alemán, folleto de Moses Hess, que la acusación atribuía al grupo de Marx. ↩
«Notario». ↩
El manuscrito de Los grandes hombres del exilio, que Bangya se había encargado de editar. ↩
Comerciante de Colonia cuya dirección usaban Marx y Engels para su correspondencia; fue detenido poco después. ↩
«En veinticuatro horas». ↩
Gottlieb Ludwig Stechan, ebanista de Hannover, emigrado en Londres, que se había separado de la fracción Willich-Schapper con un grupo de obreros. ↩
«Esto vale infinitamente más». ↩
«Esto podrá tener resultados brillantes». ↩
«Estafa». ↩
El conde Oskar von Reichenbach, tesorero del empréstito revolucionario de Kinkel. ↩
«Difamación». ↩
Wilhelm Strohn, miembro de la Liga de los Comunistas que vivía en Bradford. ↩
Juego de palabras: Dieberei, «ratería», y el apellido de Stieber. ↩
«Documentos justificativos». ↩