Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el viernes 5 y el sábado 6 de noviembre de 1852 (el lugar y la fecha los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 226, pp. 429-431) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Viernes.

Querido Marx:

Me agrada saber que no soy el único que sufre. Anteayer y ayer estuvo aquí Strohn; se bebió de firme, naturalmente; se marchó esta mañana a las tres y espero que hoy se haya hecho a la mar. Eso me ha dado la puntilla y por hoy estoy completamente molido. Esa es también la razón de que hoy no te llegue ninguna traducción; por lo demás, no importa, porque hay un vapor de Southampton con el que puede ir la cosa, y antes del 11 no habrá en el Parlamento ni siquiera un discurso de la Corona.

Así que los documentos han llegado felizmente, también la carta de Stieber en original. Ahora la cosa se pondrá divertida, en cuanto el noble acusador público haya terminado. Algo más estúpido que lo que dice Seckendorff no se saca a la luz ni con el más arduo y penoso trabajo del pensamiento.1 Como Engels ha hecho imprimir que los mejores comunistas fueron los soldados más valientes,2 por eso hay que condenar a Bürgers por complot. La formulación de las preguntas al jurado incluiría la de si el acusado tuvo la voluntad (suspect de suspicion d’incivisme),3 y por eso sería también completamente indiferente que el acusado fuera miembro de la Liga o no; ¡es decir, que el señor Seckendorff, desesperando de que se condene a Daniels y compañía, invita directamente a los jurados a absolver también a Bürgers y a Röser! El tipo tiene que haberse pasado por lo menos ocho noches bebiendo brandy and water bien cargado para tener la cabeza tan revuelta y confusa. En todo el mamotreto no hay una sola palabra to the purpose.4 Por lo demás, desde que el presidente dio a conocer las preguntas al jurado no he dudado ni un momento de que también absolverán a Bürgers, etc. Es imposible convertir el lastimoso manifiesto de Bürgers y sus viajes en una «empresa» que tuviera por fin derribar la constitución del Estado, etc. ¿O es que los anales de la historia van a decir: en mayo del año 1851, mientras en Londres se inauguraba el Palacio de Cristal, el sastre Nothjung viajó de Berlín a Leipzig para derribar la constitución del Estado prusiano y comenzar la guerra civil?5 Además, se ha abandonado el libro de actas y, según afirma Strohn, entre los jurados hay unos cuantos bastante buenos: Von Rath, Von Bianco, Leven, Leiden, Herstatt y uno más.

Tal como se desarrolla ahora el asunto, creo yo también que tenemos que publicar algo en todo caso. Solo sería bueno, e incluso necesario, que después del proceso vinieran a Londres Schneider y uno de los acusados; yo procuraría entonces ir a Londres un sábado y un domingo y, una vez acordado todo, podrías venirte conmigo aquí, y el manuscrito estaría listo en pocos días. Mientras tanto, escribe al viejo Ebner a ver si no puede colocar este folletito a Löwenthal,6 aunque sea a medias, por mí, en ganancias y pérdidas, entre él y nosotros.

En cuanto a Bangya, la sospecha más grave contra él cae por sí sola en cuanto quede claro que no fue él quien puso la dirección de la penúltima carta a Kothes.7 La noticia que me escribió Dronke, de que Bangya había puesto la dirección de la penúltima carta, es decir, la última llegada bien, me dejó enormemente escamado. Pero ¿cómo se le ocurre al pequeño fiévreux8 inventarse historietas así? Pero la historia de Collmann también huele mal. Esta carta de Collmann es exactamente de la misma letra que las anteriores de Eisermann; mañana te la devolveré, pero soy de la opinión de que hay que quedársela. Il y a là un faux.9 Por Weerth sabremos pronto qué hay de ese Collmann; mientras tanto, haz que Bangya te explique cómo es que el señor Collmann firma con una razón social falsa, etc., y por qué «el hombre» había muerto, y qué hombre, y cómo es que ahora de repente vuelve a vivir. Haz también que el señor Bangya te dé el nombre del «comisionista» de Londres al que, según una de las cartas, «conoce». Que Dronke, para que tenga algo que hacer, pregunte por ese Collmann en alguna librería alemana.

Es muy curioso: todas las cartas llegan por mano de alguien, nunca llevan matasellos, todas están escritas en un tono tan desaliñado y despreocupado que el asunto parece muy sospechoso. Esta también está escrita «en una fonda, en casa de un amigo». Nada de eso parece businesslike.10 Y también la estúpida excusa de que es asunto suyo cuándo se imprime el manuscrito. En fin: aunque Bangya sea en esto todo lo honrado que puede ser un eslavo mentiroso, su amigo de Berlín me parece un sinvergüenza de primera. Pero ahora el asunto tiene que aclararse, porque el señor Collmann aparece aquí directamente como propietario del manuscrito y como editor. Si no existe ningún librero de ese nombre, la historia está clara.

La teoría de que un editor puede dejar un manuscrito años enteros en su escritorio es, por lo demás, nueva, y tampoco parece muy propia de un librero. Lo de los libros infantiles también me parece un dodge;11 en Inglaterra por Navidad no sale ni una de esas porquerías, y además está planteado de una manera tan vaga e indeterminada que Bangya no puede sacar de ahí ningún encargo concreto. En una fonda tampoco se escribe en un papel tan asqueroso, que se parece mucho más al de una oficina prusiana. Enfin, nous verrons.12

Por lo demás, yo no puedo escribir desde aquí a Bangya, porque no conozco ningún detalle de lo que ha pasado entre tú y él, de lo que te ha dicho, de qué otras cartas te ha enseñado, etc. Pero ahora ya lo tenemos.

6 de noviembre. Ayer, por razones físicas, no llegué a mandar lo anterior. Desde entonces he leído otra stieberiada en la Kölnische Zeitung. Así que el libro original de actas se ha abandonado, y en cambio H. Liebknecht ha resucitado de entre los muertos en forma de un recibo de dinero. Monsieur Hirsch y consortes (porque tienen que ser varios) parece que han estafado bien a los estúpidos policías prusianos. Il valait bien la peine13 mandar a un teniente de policía a Londres para que le colaran esta trola, y encima la noticia de la reunión secretísima en tu casa.

Pero ¿qué historia es esa de Fleury, el amigo de Dronke, al que aquí se señala directa y abiertamente como agente de la policía?14 Eso desviará un poco la furia del pequeño contra Bangya. También parece que alguien se ha ido de la lengua sobre la carta de Stieber, pero no importa: la manera en que el propio Stieber llama la atención sobre ese documento y habla de «calumnias infames» no hará más que aumentar el efecto.

Weerth está en Liverpool y no vuelve hasta dentro de unas horas, así que tengo que quedarme hasta mañana con las cartas de Schneider y de Bangya.

«¡Bürgers confiesa haber sido colaborador de la Neue Rheinische Zeitung!» Eso basta, naturalmente, para hacerlo condenar a la horca. Nunca había visto cosa igual.

Esta noche la Kölnische Zeitung traerá seguramente las primeras noticias de que la tortilla se ha vuelto. Los abogados han hecho muy bien en guardárselo todo, con tal de que ahora se pongan a trabajar como es debido.

Tu F. E.

Sábado.

  1. El fiscal general Von Seckendorff había pronunciado su alegato en el proceso de los comunistas de Colonia, que se celebraba desde el 4 de octubre de 1852 ante el jurado de esa ciudad contra once miembros de la Liga de los Comunistas detenidos en 1851. La acusación se apoyó en buena parte en pruebas fabricadas por la policía prusiana; siete acusados fueron condenados a penas de tres a seis años de fortaleza y cuatro absueltos. ↩

  2. En La campaña por la Constitución del Imperio alemán (1850), Engels había escrito que en la campaña de Baden y el Palatinado los comunistas habían sido los soldados más decididos. ↩

  3. «Sospechoso de sospecha de incivismo», fórmula burlesca de la ley de sospechosos del Terror (1793). ↩

  4. «Que venga a cuento». ↩

  5. El Palacio de Cristal, sede de la Exposición Universal de Londres, se inauguró el 1 de mayo de 1851; Peter Nothjung, sastre, fue detenido en Leipzig ese mismo mes. ↩

  6. Hermann Ebner, periodista de Fráncfort; Zacharias Löwenthal, editor de Fráncfort. ↩

  7. Kothes, comerciante de Colonia cuya dirección se usaba para la correspondencia con la defensa; había sido detenido. ↩

  8. «Febril», por Dronke. ↩

  9. «Ahí hay una falsificación». ↩

  10. «Propio de alguien serio en los negocios». ↩

  11. «Artimaña». ↩

  12. «En fin, ya veremos». ↩

  13. «Valía la pena». ↩

  14. Charles Fleury (Carl Krause), comerciante de Londres, agente de la policía prusiana que había intervenido en la falsificación del libro de actas presentado en el proceso. ↩