Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 10 de noviembre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 227, pp. 432-435) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
28, Deanstreet, Soho.
10 de noviembre de 1852.
Querido Engels:
Te adjunto el informe de mi mujer sobre el meeting de ayer en memoria de Robert Blum.1 Estuvo con Imandt en la galería de la Freemasons’ Tavern, donde se celebró.
En cuanto a Bangya, quédate con la carta de Collmann. Si me pregunta por ella, se me olvidará una y otra vez pedirte que me la devuelvas. Si hubiera un fraude deliberado por parte de Bangya, él mismo nos habría puesto en las manos las pruebas contra él. Eso está claro. A Bangya se le acusó primero de haber traicionado el complot de París y después de haber hecho trampas en el asunto de Colonia. De ambas cosas ha resultado lo contrario. La dirección de Kothes, según la carta de Schneider, parece haberla traicionado un conocido del propio Kothes. Por último, en cuanto a nuestro folleto,2 Weerth ya habrá operado con la dirección de Collmann y el asunto tiene que aclararse. He dado a Bangya una carta para Collmann en la que, a propósito de que su plazo para publicar el folleto está fijado por contrato, le declaro que tampoco está fijado por contrato que nosotros no hagamos imprimir, si nos place, en Bruselas o en Nueva York el manuscrito original, que todavía está en nuestro poder. Ni está fijado por contrato que dentro de catorce días no salga en otra librería, con un título distinto, la segunda parte, que está terminada y forma un todo cerrado en sí mismo, etc.
Vamos ahora al asunto de Colonia.
Yo, en el lugar de Bürgers, etc., no habría permitido en ningún caso al señor Becker3 plantarse con tanta desvergüenza como el homme supérieur4 a costa de todos los demás y rebajar tanto, para triunfo de los demócratas, el carácter de todo el proceso. Defenderse y hacerse una apología a costa ajena son dos cosas distintas. Becker es uno de los epígonos de la revolución, con mucha astucia pero poco entendimiento, que calcula exactamente cómo encumbrarse a gran hombre con trampas. Todos sus talentos son los talentos d’un infiniment petit.5
El gobierno, en su desesperación, como ya sabes, había recurrido a medios heroicos con el informe complementario de Goldheim,6 pero no ha hecho más que caer de nuevo en la trampa.
La declaración de Goldheim daba dos datos: «Greiff» y «Fleury».7
Así que hice averiguaciones sobre Greiff (para ello contraté yo mismo a un mouchard prusiano). Obtuve así su dirección y vi que vivía en el 17 de Victoria Road, Kensington. Pero esa es la casa del señor Fleury. Así que quedaba comprobado que Greiff vive en casa de Fleury. Resultó además que aquí Greiff no figura oficialmente como «teniente de policía», sino como agregado de la legación prusiana. Por último, que el sábado 6 de noviembre se marchó de aquí para unas semanas. Probablemente a Colonia. Él mismo declaró que se iba por miedo a los marxianos, que Fleury lo había engañado, etc.
Así pues, estaba claro: Greiff era el superior de Fleury, Fleury el superior de Hirsch. Y así ha resultado ser.
Por otra parte, el viernes 5 de noviembre Imandt y Dronke fueron a ver a Fleury con la Kölnische Zeitung en la mano. Él se hizo el sorprendido, naturalmente, afirmó no conocer a ningún Greiff, se declaró dispuesto a hacer todas las declaraciones ante el magistrado, pero quería hablar antes con su abogado; les dio dos citas para el sábado 6 de noviembre, una a las dos y otra a las cuatro, pero se guardó muy bien de presentarse, e hizo que la policía ganara así un día más en el que no pudimos actuar, salvo algunas cartas provisionales a Colonia. Por fin, el domingo 7 de noviembre Dronke e Imandt le arrancaron una declaración que leerás en la Kölnische. Te mando copia de ella, que en este momento no encuentro. Una vez que tuvieron la declaración en el bolsillo, le dijeron que era un espía, que Greiff vivía en su casa, que lo habíamos sabido todo y habíamos jugado con la policía mientras ella creía jugar con nosotros. Él, naturalmente, siguió proclamando su inocencia.
Por último, mandé a unos cuantos tipos (entre otros al general borracho Herweg)8 a buscar el domicilio de Hirsch. Resultó que vivía no lejos de Fleury, también en Kensington.
Antes de seguir contando, una cosa más. Toda la declaración de Goldheim te quedará muy clara si consideras: 1. que el 30 de octubre (sábado) Goldheim estaba aquí y fue con el secretario de la legación prusiana, Alberts, a ver a Greiff y a Fleury; 2. que en la mañana de ese mismo 30 de octubre apareció en cinco periódicos ingleses nuestra declaración sobre las inminentes revelaciones;9 3. que para ese mismo 30 de octubre Fleury había dado una cita a Imandt y a Dronke, porque Dronke tenía que encargarse, en lugar de Imandt, de su clase de francés. 4. Pero que, antes de que Stieber hiciera su segunda declaración con las revelaciones sobre Londres, yo, inmediatamente después de su primera declaración sobre Cherval, etc., mandé una declaración a la Kölnische Zeitung, al Frankfurter Journal y a la Nationalzeitung en la que ya se amenazaba a Stieber con su carta a mí. Esa declaración no apareció, es cierto, en ninguno de los periódicos. Pero el correo y la policía habían tomado nota de ella sin duda alguna.
Así se explican muy prosaicamente la «clarividencia» de Stieber y la omnisciencia de sus agentes de policía en Londres. Todo lo demás que dijo Goldheim eran fabulae.10 A Colonia he hecho llegar por distintas vías la aclaración necesaria sobre estas cosas, además de la declaración de Fleury.
Pero ahora viene lo mejor.
Mi intención era, naturalmente, obtener un warrant11 contra Hirsch, y para eso precisamente había averiguado su domicilio. Pero no conseguí la dirección hasta el sábado. Si tenía el warrant contra Hirsch, estaba seguro de que este hundiría a Fleury y Fleury a Greiff.
¿Qué ocurre? Willich, en el mayor secreto, va el viernes con Hirsch, en presencia de Schärttner,12 al juzgado de Bowstreet, hace que Hirsch confiese, al parecer en un documento extendido por triplicado, que él y Fleury fabricaron las actas falsas desde hace aproximadamente medio año, manda esos tres documentos 1. a Göbel, el presidente del tribunal del jurado, 2. a Schneider, 3. a la Kölnische Zeitung, ¡y da a Hirsch el dinero para escapar, e incluso hace que lo lleven al vapor, supuestamente para que confiese él mismo en Colonia!
Todos nosotros solo nos enteramos de esto por las averiguaciones que hicimos sobre Hirsch, en parte en Bowstreet, donde queríamos sacar el warrant. El propio Schapper le cuenta a Liebknecht que Willich no le ha dicho una palabra de todo esto. ¡Así nos ha escamoteado el señor Willich el instrumento del procedimiento que queríamos emprender en el propio Londres! ¿Con qué fin? Es muy sencillo, si se considera que desde hace un año era el homme entretenu13 del comerciante Fleury, y que, por tanto, en todo caso saldrían a relucir cosas muy comprometedoras si hacíamos detener a Fleury.
Hasta qué punto, por lo demás, este Fleury (yo nunca lo he visto) era respetado entre los demócratas: Techow, al partir para Australia, todavía le escribió desde el barco una carta en la que le atestigua que tiene la cabeza y el corazón en su sitio.14
El dinero que Willich dio a Hirsch para marcharse lo recibió seguramente él mismo de Fleury con ese fin.
Hirsch ha confesado que intentó imitar la letra de Liebknecht y que trabajó bajo la dirección del comerciante Fleury (este perro es además rico y se ha casado con alguien de una familia cuáquera inglesa muy respectable), como el propio Fleury estaba bajo la dirección de Greiff. Así se confirma por completo todo lo que yo había deducido en seguida del contenido y de las fechas del libro original de actas publicados por la Kölnische Zeitung, y que hasta ahora ninguno de los abogados ha explotado como es debido.
Que los acusados de Colonia saldrán libres, todos sin excepción, no admite en mi opinión ninguna duda.
Me alegraría que escribieras a Strohn diciéndole que me haría un gran favor si me mandara en seguida unas cuantas libras. De las 4 libras y 10 chelines que recibí por medio de ti, casi 3 libras se han ido en carreras, mouchards, etc. Naturalmente, nuestros pobres amigos de la Liga aprovecharon también las muchas carreras, citas, etc., para sacar una suma bastante aceptable de faux frais de production15 en cerveza, cigarros, ómnibus, etc., que naturalmente tuve que liquidar.
Recibirás los poemas de Freiligrath.
A propos! Reichenbach ha publicado una «Declaración litografiada» dirigida a todos los periódicos americanos, en la que deja muy malparados a Willich y a Kinkel. De ella se desprende que Kinkel, entre otras cosas, se ha asignado 200 libras esterlinas solo para su viaje. Conseguiré el documento y lo llevaré al archivo.
Tu K. M.
Saludos [a Weerth].16 Vehse se fue ayer. Ya he escrito a Fráncfort por nuestro folleto. Si no escribimos, Becker se apoderará de toda la historia ad majorem gloriam Beckeri.17
Robert Blum, diputado demócrata del Parlamento de Fráncfort, fusilado en Viena el 9 de noviembre de 1848. ↩
Los grandes hombres del exilio, el panfleto de Marx y Engels que Bangya se había encargado de hacer publicar en Berlín. ↩
Hermann Becker (1820-1885), uno de los acusados en el proceso de los comunistas de Colonia, que se celebraba desde el 4 de octubre de 1852 ante el jurado de esa ciudad contra once miembros de la Liga de los Comunistas detenidos en 1851. La acusación se apoyó en buena parte en pruebas fabricadas por la policía prusiana; Becker fue condenado a cinco años de fortaleza. ↩
«Hombre superior». ↩
«De un infinitamente pequeño». ↩
Goldheim, funcionario de la policía prusiana, había declarado en el proceso sobre sus pesquisas en Londres. ↩
Greiff, teniente de la policía prusiana destinado en Londres; Charles Fleury (Carl Krause), comerciante de Londres a su servicio. Ambos habían dirigido a Wilhelm Hirsch en la falsificación del libro de actas. ↩
Según los editores de la MEGA¹, el manuscrito dice «Herwegh». ↩
La declaración de Marx, Engels, Freiligrath y Wilhelm Wolff a los periódicos ingleses, publicada el 30 de octubre de 1852. ↩
«Cuentos». ↩
«Orden de detención». ↩
August Schärttner, tabernero de Londres, partidario de Willich. ↩
«Hombre mantenido». ↩
Gustav Adolph Techow, antiguo oficial prusiano que había tomado parte en la revolución de 1848-1849, emigró a Australia en 1852. ↩
«Gastos accesorios de producción». ↩
Hay una mancha de tinta en el original. ↩
«Para mayor gloria de Becker», parodia del lema jesuita ad maiorem Dei gloriam. ↩