Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 3 de diciembre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 233, pp. 439-441) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
3 de diciembre de 1852.
28, Deanstreet, Soho, London.
Querido Frederic:
Hace tiempo que habrías recibido respuesta a tu carta (con el artículo para Dana dentro) si no hubiera estado doblemente ocupado e impedido, primero por el dictado de mi folleto en limpio y luego por las visitas de Weerth, Strohn, Damm, etc.
Con toda probabilidad el folleto se imprimirá en Suiza, en casa de Schabelitz hijo, que se ha separado de su viejo y ha abierto una librería propia.1 Además, Cluß, si cree que puede sacar con ello los gastos de producción, puede hacer imprimir la cosa en Washington. La cosa tiene que imprimirse, aunque solo sea para que exista como documento público cuando estalle la revolución. He hecho nuevos descubrimientos, muy interesantes, sobre el complot de Cherval, etc., que espero que leerás impresos.
Weerth vino el domingo por la noche, me encontró muy ocupado y no de muy buen humor. Me preguntó «qué es lo que quería escribir en realidad sobre el asunto de Colonia», y eso además en un tono algo nasal y de gran señor. Yo le pregunté «qué quería él en las Indias Occidentales», y al cabo de un cuarto de hora desapareció. El martes por la noche volvió y me dijo que en realidad no había querido volver, pero que había cedido a la insistencia de Freiligrath. Es que el domingo yo le había parecido muy ocupado y malhumorado. Me tomé la libertad de hacer observar al señor Weerth que nueve décimas partes del tiempo que hace que lo conozco él ha estado siempre malhumorado y malcontent, cosa que no podrá decir de mí. Después de que le echara un poco la bronca, volvió a centrarse y fue de nuevo el Weerth de siempre. Me parece que se ha aburguesado condenadamente y que se toma su carrera demasiado au sérieux.2 Strohn, por lo menos, es siempre el de antes y pas trop fin.3
El señor Bangya ha recibido hoy de mí la carta siguiente:
«Hoy recibo una carta de Engels con noticias sumamente curiosas.
Engels no ha escrito a la dirección que usted le indicó, porque, observa, ¿qué prueba incluso una respuesta a una carta que no está escrita con dirección directa, sino a través de una segunda dirección, poste restante?
En cambio, Engels ha encargado a amigos de negocios de Berlín que hagan averiguaciones. Estos le informan ahora, después de las pesquisas más cuidadosas:
que no existe ninguna razón social Collmann;
que no existe ningún individuo Collmann en la dirección indicada, 58 o 59 de la Neue Königsstraße;
que a Collmann no se le encuentra en absoluto en Berlín.
Engels me hace notar además que las dos cartas firmadas Eisermann y la carta firmada Collmann son de la misma mano; que las tres tienen la curiosa propiedad de ser papeles sueltos sin matasellos; que en las dos primeras aparece directamente como editor Eisermann y en la última Collmann, etc., y que el asunto se ha arrastrado hasta el séptimo mes con pretextos que se contradicen unos a otros.
Le pregunto a usted mismo, ahora que Collmann ha resultado ser tanto una mistificación como antes el inexistente editor de la Konstitutionelle Zeitung, Eisermann, ¿de qué manera racional se explican todas estas contradicciones, inverosimilitudes y misterios en un asunto tan sencillo como la edición de un folleto?
Con la “confianza” no se hacen desaparecer por arte de magia los hechos, y las personas que se respetan no se exigen mutuamente una fe ciega.
Le confieso que, con la mejor voluntad, cuantas más vueltas le doy a esta historia, más me veo obligado una y otra vez a encontrarla condenadamente oscura, y que, de no ser por mi amistad personal hacia usted, suscribiría sin más la conclusión de la carta de Engels: “Après tout, il paraît pourtant qu’on a voulu nous jouer.”4 Suyo, etc., Marx.
P. S. Engels me hace notar por último que no se probaría ni se adelantaría absolutamente nada aunque el manuscrito en cuestión volviera a aparecer durante unos días en Londres. ¿Qué podría probar eso, salvo la existencia y la identidad del manuscrito, que nadie pone en duda?»
Mañana veremos qué contesta el señor Bangya.
Las lunas de miel del imperio de Bonaparte son magníficas. El tipo siempre ha vivido de fiado. Hagamos las casas de préstamo en Francia tan generales y tan accesibles a todas las clases de franceses como sea posible, y todo el mundo creerá que ha llegado el milenio. Y además, directamente, un banco propio para el stockjobbery y el railwayhumbug.5 El tipo sigue siendo siempre el mismo. El caballero de industria y el pretendiente no se desmienten ni un momento el uno al otro. Si no hace la guerra, y pronto, se hunde por las finanzas. Está bien que los planes de redención de Proudhon se realicen en la única forma en que son practicables: como estafa del crédito y como timo más o menos directo.
Me alegro mucho de que vengas.
Tu K. Marx.
Jakob Schabelitz (1827-1899), editor de Basilea, hijo de un librero de esa ciudad; había estado en contacto con la Liga en Londres y con la fracción Willich-Schapper. El folleto eran las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia: en ese proceso, celebrado ante el jurado de Colonia del 4 de octubre al 12 de noviembre de 1852 contra once miembros de la Liga de los Comunistas, siete acusados fueron condenados a penas de tres a seis años de fortaleza con pruebas fabricadas en parte por la policía prusiana. ↩
«En serio». ↩
«No demasiado fino». ↩
«Después de todo, parece que han querido jugárnosla». ↩
Stockjobbery: «agiotaje»; railwayhumbug: «patraña ferroviaria». ↩