Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el domingo 10 de abril de 1853 (el lugar y el año los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 245, pp. 462-464) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Aquí te devuelvo la carta de Cluß. El asunto tendrá que quedar como está hasta que tengamos delante todo el documento de Hirsch, junto con su primera declaración, que Weydemeyer retuvo (¿sabes algo más de ella?).1 La historia con Bangya no es agradable, pero au bout du compte2 es mejor zanjarla ahora que más tarde. Según me escribiste, ahora tienes en la mano pruebas completas contra Bangya, y además está ahí Zerffi para atestiguar la historia con Greiff. Como ahora sabemos lo que viene, tenemos tiempo para preparar bien nuestra respuesta. Buscaré las cartas de Bangya y del falso Collmann. Por mí, el folleto puede imprimirse en América.
En la declaración de Hirsch hay cosas que son completamente ciertas, por ejemplo lo de la carta tuya desde Manchester. Pero, naturalmente, miente y calla de lo lindo. Así, se olvida de contar que, no sin intención, evidentemente, te siguió hasta Manchester y que un domingo se cruzó con nosotros en Bury New Road con otro vagabundo y al pasar gritó muy alto: «¡Buenos días, Marx!». Te acordarás de que nos preguntábamos quién había sido; ce fut notre cher3 Hirsch. Lo mismo la historia de la carta de la señora Daniels y del registro.
Es cómico cuántos espías a lo Cooper aparecen ahora:4 Chenu, Cherval, Hirsch. Está bien que Hirsch atestigüe que Bangya nunca pudo informar sobre ti más que de chismes privados.
Habría que investigar a las personas mencionadas. El Lanckoronski es evidentemente el mismo al que denunciaste como agente ruso, como «conde L.», en el artículo sobre Kossuth y Bonaparte. En cuanto a Bangya, estamos completamente cubiertos por Kossuth y Szemere, y si tuvo en sus manos un manuscrito de Szemere, ¿por qué no también uno nuestro? Es muy bueno que hayamos guardado siempre todo lo que nos caía en las manos.
A propos! Dronke se quejaba el otro día de una manera terrible de no poder recibir de mí at a moment’s notice5 la circular de Reichenbach, y ahora la encuentro impresa por lo menos diez veces en el paquete de periódicos americanos. ¿No podía ese holgazán buscarla él mismo?
Pour revenir.6 No creo que de momento, es decir, hasta haber examinado por completo las actas, se pueda hacer nada en público; solo pasos preparatorios, entre otros averiguar de dónde viene el documento y dónde está Hirsch ahora y qué hace; en caso necesario, un careo con el tipo para sacarle otra declaración por escrito. También seguiré investigando en seguida la historia de Fleury por el robo; por desgracia, mi informante, que lo conoce personalmente, está enfermo. Consígueme en seguida las señas que te pedí, etc.
Hoy he revuelto la mayor parte de los periódicos americanos que me mandaste. Algunas cosas son muy divertidas, pero, así, todo en un montón, es un trabajo agotador que lo deja a uno muy atontado. En cambio, las cartas de Cluß son muy bonitas. Veo que las Revelaciones ya están en la Neu-England-Zeitung;7 es muy fuerte que Weydemeyer no las haya llevado a la Kriminal-Zeitung.8 Por lo menos ahora tendrá que recuperar el contenido principal; dale con el próximo steamer una indirecta bien gorda, del tamaño de la puerta de un granero, porque si no, a lo mejor ni se le ocurre.
El montón de Demokrat (de Nueva York), en el que Weydemeyer coloca sus artículos, todavía no lo he leído; lo dejo para esta noche.
Dicho entre nosotros, ahora me parece casi seguro que monsieur Bangya sí delató la dirección de Kothes. Menos mal que nadie lo sabe.
Si la historia con Hirsch y Bangya se complica, al final encontraremos un nuevo trabajo para nosotros cuando vengas. ¿Cómo va tu viaje? Espero verte aquí en mayo como muy tarde.
Habrás recibido mi carta del viernes con 3 libras. Muchos saludos a tu mujer.
Tu F. E.
Domingo, 10 de abril.
Wilhelm Hirsch, el agente de policía que había falsificado en Londres el libro de actas presentado por la acusación en el proceso de los comunistas de Colonia (octubre-noviembre de 1852). Su confesión se publicó en 1853 en la prensa alemana de Nueva York. ↩
«A fin de cuentas». ↩
«Era nuestro querido». ↩
Por la novela de Fenimore Cooper El espía, que Cherval había invocado. Adolphe Chenu, agente provocador francés, autor de unas memorias sobre las sociedades secretas. ↩
«Al instante». ↩
«Volviendo a lo nuestro». ↩
Las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia se publicaron por entregas en la Neu-England-Zeitung de Boston y luego en folleto. ↩
La Belletristisches Journal und New-Yorker Criminal-Zeitung, semanario alemán de Nueva York. ↩