Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 2 de junio de 1853. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 258, pp. 474-478) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
2 de junio de 1853.
28, Dean Street, Soho.
Dear Frederic:
Ha llegado la primera mitad del billete de 20 libras.1 Te escribo antes de ir al Museo,2 o sea, todavía muy temprano.
Te habría mandado hace tiempo la declaración adjunta del gran Willich3 a la Neu-England-Zeitung4 si no hubiera dado por supuesto que Weydemeyer5 te la había enviado. La concepción de esta segunda declaración es genuine,6 Willich puro. Los demás escriben «ensayos», él escribe «hechos», y hay que haber estado «en relación personal» con él para que la calumnia pierda su aguijón. Esa es la pequeña maniobra de guerrillero. No contesta a su propio Hirsch.7 Lo que hace es explicar al público los «motivos» por los que Marx no refuta a su Hirsch. Y con eso ha encontrado el terreno en el que puede moverse con cierto virtuosismo. Y el noble varón entrega «a disgusto» los hechos a la «opinión pública». Naturalmente: prefería susurrárselos en secreto a los filisteos detrás de la mesa de la cervecería y hacerlos circular desde hace tres años por dos continentes «de contrabando», juvante Kinkelio.8 Luego, la maniobra de mantener al público en vilo. El público olvida los hechos que le hacen retorcerse. Está pendiente de los hechos que han de aniquilar a los «escritores críticos». Además, el noble varón se da aires de «distinguido», como corresponde a un carácter «público». Si contesta, no lo hace a los toscos «agentes» de Marx, sino a los «hábiles» plumíferos. Por último, da a entender al público que sus adversarios solo se muestran tan descarados porque creían en su «decisión» de retirarse, y el hombre importante anuncia a redoble de tambor que ha «cambiado» de decisión.
Tout ça n’est pas trop mal pour un vieux souslieutenant.9 Pero en cuanto al estilo de la declaración n.º 2 —por malo que sea—, es apócrifo. Han pasado por encima otras manos, probablemente las de madame Anneke.10 En todo caso, el señor Willich publicará ahora el necesario suplemento al folleto de Tellering,11 y, puesto que la mierda ya se ha sacado ante el público, il faut aller jusqu’au bout.12 Si Weydemeyer, Cluß13 y compañía maniobran con habilidad, tendrían que salirle ahora al paso a Willich y quitar de antemano la gracia y la novedad a las sorpresas que reserva al público. Nous verrons.14
El elogio que haces de mi «joven» inglés15 me ha dado muchos ánimos. Lo que me falta sobre todo es, primero, seguridad gramatical y, segundo, soltura en ciertos giros secundarios, sin los cuales es imposible escribir con desenvoltura. El señor «Tribune» ha puesto a la cabeza de su número, a propósito de mi segundo artículo sobre el presupuesto de Gladstone, una observación en la que llama la atención del público sobre la «masterly exposition» y declara que nowhere ha visto «a more able criticism» y que «not expect to see one».16 Eso está all right. Pero en el artículo siguiente vuelve a dejarme en ridículo imprimiendo con mi firma un suelto mío del todo insignificante, y que debía serlo, mientras se apropia de tu «suizo».17 Escribiré a Dana18 que me resulta muy «halagador» que usen a veces mis cosas como leader,19 pero que en tal caso tengan la bondad de no poner mi nombre al pie de notas insignificantes. A esos burros les he mandado ahora, entre otras cosas, dos artículos sobre «China» en relación con Inglaterra.20 Si tienes tiempo y ganas de escribir sobre cualquier cosa, Suiza, Oriente, Francia, Inglaterra o cotton21 o Dinamarca, hazlo de vez en cuando, porque ahora estoy trabajando a marchas forzadas sobre la bolsa de esos tipos para cubrir la falta de tres weeks.22 Si de vez en cuando me mandas algo así —de omnibus rebus—,23 siempre puedo colocarlo, porque ya sabes que soy la «chica para todo» de esos tipos, y siempre es fácil enlazarlo todo con todo, con cualquier día. παντα ἐν παντα.24
Tu carta me ha interesado mucho en lo tocante a los hebreos y los árabes.25 Por lo demás, se puede demostrar: 1.º una relación general, en todas las tribus orientales y desde que hay historia, entre el asentamiento (settlement) de una parte de ellas y la persistencia del nomadismo en las otras. 2.º En tiempos de Mahoma, la ruta comercial de Europa a Asia se había modificado considerablemente, y las ciudades de Arabia, que tenían gran parte en el comercio con la India, etc., se hallaban en decadencia comercial, lo que en todo caso contribuyó a dar el impulso. 3.º En cuanto a la religión, la cuestión se resolverá en otra general, y por tanto fácil de contestar: ¿por qué la historia de Oriente aparece como una historia de las religiones?
Sobre la formación de las ciudades orientales no se puede leer nada más brillante, gráfico y contundente que al viejo François Bernier (nueve años médico de Aurangzeb):26 Voyages contenant la description des états du Grand Mogol etc. También expone muy bien la organización militar, el modo en que se alimentaban esos grandes ejércitos, etc. Sobre ambas observa, entre otras cosas: «La caballería forma la parte principal; la infantería no es tan grande como dice el rumor, a no ser que con los verdaderos soldados se confunda a toda esa gente de servicio y de bazares o mercados que sigue al ejército; porque, en tal caso, bien creería yo que tienen razón en poner 200.000 y 300.000 hombres solo en el ejército que va con el rey, y a veces más aún, como cuando se sabe con seguridad que estará mucho tiempo ausente de la capital; cosa que no parecerá tan asombrosa a quien conozca el extraño embrollo de tiendas, de cocinas, de ropas, de muebles y aun de mujeres con bastante frecuencia, y, por consiguiente, de elefantes, de camellos, de bueyes, de caballos, de mozos de carga, de forrajeadores, vivanderos, mercaderes de toda clase y criados que arrastran tras de sí esos ejércitos, y a quien conozca el estado y gobierno particular del país, a saber, que el rey es el único y exclusivo propietario de todas las tierras del reino, de donde se sigue con cierta necesidad que toda una ciudad capital como Delhi o Agra no vive casi más que de la milicia, y por consiguiente está obligada a seguir al rey cuando sale a campaña por algún tiempo; pues esas ciudades no son ni pueden ser nada parecido a un París, sino que no son propiamente más que un campamento militar algo mejor y más cómodamente situado que en campo raso».27
Con ocasión de la marcha del Gran Mogol a Cachemira con un ejército de 400.000 hombres, etc., dice: «La dificultad está en saber de dónde y cómo puede subsistir en campaña un ejército tan grande, una cantidad tan grande de hombres y de animales. Para ello basta suponer, cosa muy cierta, que los indios son muy sobrios y muy sencillos en su comer, y que de todo ese gran número de jinetes no hay la décima, ni siquiera la vigésima parte, que coma carne durante la marcha; con tal de que tengan su kicheri,28 o mezcla de arroz y otras legumbres, sobre las que echan mantequilla tostada cuando están cocidas, están contentos. Hay que saber además que los camellos resisten muchísimo el trabajo, el hambre y la sed, viven de poco y comen de todo, y que, en cuanto llega el ejército, los camelleros los llevan a pacer al campo, donde comen todo lo que pillan; además, que los mismos mercaderes que mantienen los bazares en Delhi están obligados a mantenerlos en campaña», y lo mismo los pequeños mercaderes, etc. «… En fin, en cuanto al forraje, toda esa pobre gente anda rondando por todas partes por los pueblos para comprarlo y sacar alguna ganancia, y su gran recurso ordinario es raspar con una especie de paleta campos enteros, batir o lavar esa hierbecilla que han raspado y llevarla a vender al ejército…».
Bernier encuentra con razón la forma fundamental de todos los fenómenos de Oriente —habla de Turquía, Persia, el Indostán— en que no existía propiedad privada de la tierra. Esa es la verdadera clef29 incluso del cielo oriental.
Como lo de Borchardt30 parece que no va a salir, creo al menos que el tipo estará dispuesto a conseguirle a Lupus,31 por medio de Steinthal, etc., recomendaciones para comerciantes de Londres. Eso por lo menos puedes arrancárselo, y sería muy importante para Lupus.
¿Qué dices del failure del «financial scheme for reducing the national debt» del hudibrásico Rodolpho Gladstone?32
El Journal des Débats expresaba anteayer el verdadero secreto de por qué Rusia es tan insolente. O bien, dice, el continente tiene que exponer su independencia al peligro ruso, o bien tiene que exponerse a la guerra, y eso es «la revolución social». Solo que el miserable Débats olvida que Rusia teme a la revolución tanto como el señor Bertin,33 y que ahora toda la gracia está en quién sabe darse mejor la apariencia de «no tener miedo». Pero Inglaterra y Francia —las oficiales— son tan miserables que, si Nicolás34 se mantiene firme, puede conseguirlo todo.
Vale faveque.35
C. M.
A Lassalle36 ya le he escrito, y seguramente estará ready para recibir un par de centenares de ejemplares del folleto37 y distribuirlos en Alemania. Ahora la cuestión es cómo hacerlos pasar. Cuando estuve en Manchester, Charles38 creía que se podría hacer embalándolos con mercancías, ¿no? Pregúntaselo ahora.
P. S. El envío de la carta se ha retrasado, y así puedo comunicarte todavía la llegada del paquete de libros y de la segunda mitad del billete.
Engels mandaba los billetes de banco cortados por la mitad, cada mitad en un correo distinto, para que no se perdieran ni los robaran. Se la había enviado con su carta del día anterior (Engels a Marx, 1 de junio de 1853). ↩
La sala de lectura del Museo Británico, donde Marx trabajaba a diario. ↩
August Willich, antiguo oficial prusiano, jefe con Karl Schapper de la fracción que se separó de la Liga de los Comunistas en 1850; en 1853 había emigrado a Estados Unidos. Sus declaraciones respondían a las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia de Marx. ↩
Periódico alemán de Boston, que en 1853 publicó una edición de las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia. ↩
Joseph Weydemeyer, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en Nueva York. ↩
«Auténtica». ↩
Wilhelm Hirsch, espía de la policía prusiana que fabricó el falso «libro de actas» presentado en el proceso de los comunistas de Colonia (1852). En 1853 publicó en Nueva York, en el Belletristisches Journal, una confesión de sus manejos, que Marx comentó en un artículo de ese periódico. ↩
«Con la ayuda de Kinkel» (latín macarrónico). Gottfried Kinkel, poeta y profesor de Bonn, emigrado en Londres, uno de los «grandes hombres de la emigración» y aliado de Willich. ↩
«Todo eso no está nada mal para un viejo subteniente». ↩
Mathilde Franziska Anneke, escritora y periodista, emigrada en Estados Unidos con su marido, Fritz Anneke. ↩
Eduard von Müller-Tellering, antiguo corresponsal de la Neue Rheinische Zeitung en Viena, publicó en 1850 contra Marx y Engels el libelo Vorgeschmack in die künftige deutsche Diktatur von Marx und Engels («Anticipo de la futura dictadura alemana de Marx y Engels»). El «suplemento» de Willich salió en octubre-noviembre de 1853 en el Belletristisches Journal und New-Yorker Criminal-Zeitung, y Marx le contestó con El caballero de la noble conciencia. ↩
«Hay que llegar hasta el final». ↩
Adolf Cluß, miembro de la Liga de los Comunistas emigrado a Estados Unidos, empleado en Washington y corresponsal de Marx. ↩
«Ya veremos». ↩
En esa misma carta del 1 de junio, Engels elogiaba el inglés de un artículo de Marx en la Tribune sobre el Times y los refugiados. Desde comienzos de 1853 Marx escribía directamente en inglés sus artículos para la New-York Daily Tribune; antes se los traducían Engels o Pieper. ↩
«Exposición magistral»; «en ninguna parte»; «una crítica más competente»; «no espera ver ninguna». William Ewart Gladstone, ministro de Hacienda (chancellor of the exchequer) del gabinete Aberdeen, había presentado su primer presupuesto en abril de 1853. ↩
Un artículo de Engels sobre Suiza que la Tribune había publicado sin firma, como artículo de fondo de la redacción. ↩
Charles A. Dana, director adjunto de la Tribune. ↩
«Artículo de fondo». ↩
Uno de ellos era «La revolución en China y en Europa», publicado en la Tribune el 14 de junio de 1853. ↩
«El algodón». ↩
«Semanas». ↩
«Sobre todas las cosas» (latín). ↩
«Todo en todo» (griego). ↩
La carta de Engels de mediados de mayo (Engels a Marx, hacia el 18 de mayo de 1853), sobre la historia antigua de los árabes y los hebreos. ↩
François Bernier (1620-1688), médico y viajero francés, vivió unos doce años en la India del Gran Mogol, en la corte de Aurangzeb, emperador de 1658 a 1707. Su relato apareció en 1670-1671 y se reeditó varias veces como Voyages de François Bernier… contenant la description des États du Grand Mogol. Marx aprovechó estas lecturas en sus artículos de la Tribune sobre la India, el primero de ellos «La dominación británica en la India» (25 de junio de 1853). ↩
La primera frase («La caballería forma la parte principal; la infantería no es tan grande como dice el rumor») la resume Marx en alemán; desde «a no ser que…» copia el francés de Bernier, igual que en la cita siguiente, en la que intercala también unas palabras en alemán («y lo mismo los pequeños mercaderes, etc.»). Las cursivas son de Marx. ↩
El khichri, plato indio de arroz cocido con lentejas u otras legumbres. ↩
«Llave». ↩
Louis Borchardt, médico alemán establecido en Manchester. Había dado esperanzas de conseguirle un empleo a Wilhelm Wolff. ↩
Wilhelm Wolff, «Lupus», antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung y amigo íntimo de Marx y Engels, emigrado en Londres, donde vivía malamente de dar clases. ↩
«Fracaso»; «plan financiero para reducir la deuda nacional». Gladstone había propuesto convertir parte de la deuda pública en títulos de menor interés, y la conversión fracasó. «Hudibrásico», por Hudibras, el poema burlesco de Samuel Butler (1663-1678). ↩
Los Bertin eran los propietarios del Journal des Débats, el gran diario conservador de París; lo dirigía entonces Armand Bertin. ↩
Nicolás I, zar de Rusia. En mayo de 1853, la misión del príncipe Ménshikov en Constantinopla había acabado con la ruptura de relaciones entre Rusia y Turquía. ↩
«Adiós, y quiéreme» (latín, fórmula epistolar de Cicerón). ↩
Ferdinand Lassalle, que vivía entonces en Düsseldorf. ↩
Las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia en la edición de Boston; la edición de Basilea había sido confiscada en la frontera de Baden. ↩
Charles Roesgen, empleado de Ermen & Engels en Manchester. ↩