Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 13 de febrero de 1855. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 347, pp. 79-81) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
13 de febrero de 1855. 28, Dean Street, Soho.
Querido Engels:
Primero, acuso recibo del bullion1 y, segundo, del famoso artículo de hoy. Durante cuatro o cinco días no he podido escribir, y por tanto tampoco a ti, por una fuerte inflamación de los ojos que todavía no se me ha quitado del todo, y mi usual secretary2 no se ha levantado de la cama, por el frío, tan deprisa como solía. Pero creo que dentro de poco podrá volver a su puesto. El mal de ojos lo he cogido releyendo mis propios cuadernos de economía, si no para elaborar la cosa, al menos para dominar el material y tenerlo ready para elaborarlo.3
Ya te conté cómo Herzen se coló en el «international committee». Te adjunto una carta suya en la que da las gracias por una «invitación que no se produjo». Esa carta estaba destinada a publicarse en el People's Paper para dejar constancia coram publico4 de su importancia. No lo ha conseguido, porque le saqué el papelucho a Jones en el acto. Pero Herzen se ha hecho nombrar uno de los oradores del banquete.
Te adjunto también una segunda carta, en la que el comité me invita al banquete y a «participar en el mitin». No quiero ofender a los crapauds, y menos aún a los cartistas. Pregunto, pues: ¿de qué manera he de rechazar la cosa? Escríbeme a vuelta de correo tu opinión. Hay que rechazarla: 1, porque esos meetings son, en general, un humbug;5 2, porque en este momento uno se expone con ello inútilmente a governmental persecutions, y Palmerston me tiene echado el ojo; 3, porque no quiero figurar en ningún sitio ni nunca junto a Herzen, ya que no soy de la opinión de que la vieja Europa se haya de renovar con sangre rusa.6 ¿Convendría aludir en la respuesta a la presencia de Herzen?
Jones ha hecho una tontería infinita y ha perdido por completo el pie al dejar la dirección del asunto a los crapauds y a los Knoten alemanes. Lo ha sacrificado todo al deseo de mostrar en un gran mitin público a las emigraciones extranjeras a la cola de los cartistas. El mitin será grande y armará escándalo, pero la consecuencia será: 1, Urquhart y compañía (y también el Times, si la cosa llama la atención) denunciarán a los cartistas como dirigidos por agentes rusos.7 Es inevitable. 2, Dará al ministerio un pretexto para renovar la Alienbill.8 3, Discordia dentro del partido cartista. Ya ha estallado. Una parte de los cartistas de Londres afirma que Jones, al meter la frase de la «república democrática y social» en la constitución del comité filial que ha de servir de enlace entre los cartistas y la emigración extranjera, se ha apartado arbitrariamente de la Carta y ha comprometido toda su causa.9 Con toda la energía, la tenacidad y la actividad que hay que reconocerle a Jones, lo estropea todo con su charlatanería, su afán sin tacto de buscar pretextos para la agitación y su impaciencia por saltarse el tiempo. Cuando no puede agitar de verdad, busca la apariencia de la agitación, improvisa movements tras movements (con lo que, naturalmente, todo se queda parado) y se mete periódicamente, a fuerza de mentirse, en una falsa exaltación. Se lo he advertido, pero en vano.
El señor Golovín —fidus Achates de Herzen—10 publica hoy un pequeño anuncio en el Morning Advertiser, titulado «February Revolution», con este contenido: «Ha oído que Herzen va a representar a Rusia, o más bien a la Rusia liberal, en el banquete. Su nombre ya muestra que es alemán, o más bien judío alemán. En Rusia se reprocha al emperador que emplee precisamente a esa gente. La emigración debería guardarse de caer en el mismo error».
Si, como escribe hoy el corresponsal de París en la segunda edición del Morning Chronicle, Bonaparte minor asume en persona el mando supremo del ejército del Rin contra Prusia, la «campagne» podría acabar mal para los franceses.11
Tu K. M.
«Lingotes»: el dinero que Engels le había mandado. ↩
«Secretaria habitual»: Jenny Marx, que pasaba a limpio sus artículos. ↩
Los cuadernos de extractos de economía que Marx había llenado en el Museo Británico desde 1850. ↩
«Ante el público». ↩
«Patraña», «paparrucha». ↩
Herzen veía en el campesinado ruso y su comunidad aldeana la fuerza que habría de renovar la vieja Europa. ↩
David Urquhart, diplomático y publicista conservador británico, rusófobo, que veía la mano de agentes rusos por todas partes. ↩
La ley de extranjeros, que permitía al gobierno expulsar a los refugiados. ↩
La Carta del Pueblo (People's Charter) de 1838, programa del cartismo, con sus seis puntos de reforma electoral. ↩
Ivan Golovín, escritor y emigrado ruso. Fidus Achates, «el fiel Acates», el compañero de Eneas en Virgilio. ↩
Luis Bonaparte, emperador de los franceses como Napoleón III; minor, «el menor», frente a su tío Napoleón I. Prusia se mantenía neutral en la guerra de Crimea. ↩