Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester (el lugar no figura en la carta) el 9 de junio de 1858. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 528, p. 323) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
9 de junio de 1858.
Querido Moro:
Te devuelvo la carta de Lassalle. Que nuestro Jüdel Braun1 había tenido una pelea ya me lo había anunciado Borchardt2 el sábado con aire triunfal. Así que los detalles son muy útiles de saber. En cuanto a nuestra opinión, está clarísimo que los dos señores, tanto el consejero de intendencia como el asesor,3 con una agresión tan vil y asesina se han puesto por completo en el terreno del garrote, y que el único duelo en que se podría entrar con semejantes mozalbetes ha tenido lugar ya en la propia pelea. Si dos tipos esperan emboscados a un tercero y lo atacan los dos, no creo que haya en el mundo código de duelo alguno que permita batirse todavía con semejante chusma. Si el señor Fabrice quería provocar a la fuerza un duelo con el episodio de la fusta, el señor Bormann tenía que asistir de manera puramente pasiva, como testigo, o sobraba del todo. Pero, cuando dos atacan a la vez a uno, se las tiene uno que ver con una canaille4 para la que el honor y el fair play no existen, y que ha demostrado que con ella no se puede librar un combate honorable, a fair duel.5 Uno se arriesga, en efecto, a ser asesinado a traición.
Hasta aquí mi opinión y la de Lupus,6 dando por supuesto el código del duelo como terreno de derecho.
Aparte de esto, opinamos, como tú, que 1. los duelos, en general, no son ahora oportunos para los revolucionarios, y 2. Lassalle, después de haberse declarado «por principio» contra el duelo hasta quedar atascado en su caballo de batalla, haría un ridículo espantoso si ahora se batiera.
Así que, en lo que toca a nuestra opinión, puedes escribir tranquilamente a nuestro Ephraim Gescheit7 que no se bata, sino que vuelva a ponerse cómodamente su «inquebrantable determinación», que vuelva a agarrar cuanto antes la luna con los dientes y a desafiar por centésima primera vez la aniquilación.8 Por el descubrimiento de que parece tener una provisión suficiente de vanidad, lo mejor, creo, es felicitarlo en silencio.
¿Has leído la historia del hijo de Fould?9 Se ha fugado a Londres con mademoiselle Valérie, del Gymnase,10 y 1 600 000 francos. El viejo escribió a Pélissier11 diciéndole que, au cas de besoin, user d'autorité.12 Pélissier invita a la parejita a almorzar, les dice: Je vous donne ma bénédiction,13 y escribe al viejo: Que voulez-vous? Les jeunes gens seront toujours de jeunes gens!,14 y todo París se ríe del viejo Fould.
Tu F. E.
Apodo burlón de Lassalle (Jüdel, diminutivo de Jude, «judío»); más abajo lo llama «Ephraim Gescheit». ↩
Louis Borchardt, médico alemán establecido en Manchester. ↩
El consejero de intendencia Fabrice y el asesor judicial Bormann, que habían agredido juntos a Lassalle en Berlín (véase Marx a Engels, 7 de junio de 1858). ↩
«Canalla». ↩
«Un duelo limpio». ↩
Wilhelm Wolff (1809-1864), llamado Lupus, amigo de Marx y Engels, que vivía en Manchester. ↩
«Efraín el Listo», otro apodo burlón de Lassalle. ↩
Engels parodia el estilo grandilocuente de Lassalle. ↩
Achille Fould (1800-1867), banquero y ministro de Estado de Napoleón III. ↩
El Théâtre du Gymnase, de París. ↩
Aimable Pélissier (1794-1864), mariscal de Francia, embajador en Londres en 1858-1859. ↩
«En caso de necesidad, hiciera uso de su autoridad». ↩
«Os doy mi bendición». ↩
«¿Qué quiere usted? ¡Los jóvenes siempre serán jóvenes!». ↩