Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 18 de mayo de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 586, pp. 385-391) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

18 de mayo de 1859.

Querido Engels:

La carta de Lassalle contiene varios points por los que le voy a echar un rapapolvo. D'abord,1 el jovencito habla de lo que él «tiene que hacer por mí». Pero yo no le pedía nada más que, puesto que él había iniciado todo el asunto y yo veía figurar continuamente sus correspondencias en la Presse,2 me aclarara el enigmático silencio de Viena. Ese era su business. En segundo lugar, se da aires de haber escrito para la Presse solo tras duras luchas y a «mi» instancia. Pero en la misma carta reconoce que ya había empezado a mandar correspondencias a Viena antes de que yo me pronunciara. Y luego da la vuelta a la «relación». Cuando me escribió la oferta de Friedländer,3 soltó dos páginas de cháchara sobre si debía o no debía escribir para Viena e hizo depender el asunto de mi decisión. Se entendía d'abord por sí mismo que, si yo consideraba una corresponsalía con la Presse lo bastante buena para mí, no la consideraría demasiado mala para Lassalle. Además, por su carta vi lo que le quemaba la impaciencia por obtener mi consent. ¿A qué viene, pues, ahora esta fanfarrona inversión del nexo causal? Lo que dice de la «tendencia» por la cual, según escribe, ha «dado un rapapolvo» a Friedländer es un nonsense. La Presse de Viena, para ser un periódico austriaco en las circunstancias dadas, está redactada con habilidad y decencia, con mucho más tacto del que Lassalle podría reunir. Por último, yo no he invitado al jovencito a instruirme sobre lo que es «digno» o no digno de mí. Me parece rather arrogant4 que me dé consejos sobre eso. Me mantendré positivement en mi decisión, si Friedländer puede settle5 la cuestión del dinero, y esa decisión no se ve alterada en modo alguno por el hecho de que la correspondencia de Lassalle no parezca agradar a Friedländer. Por los últimos números de la Presse veo que sus suscriptores han subido a 27 000.

El folleto de Lassalle6 es un enormous blunder.7 La aparición de tu folleto «anónimo»8 no le dejaba dormir. La posición del partido revolucionario en Alemania es ciertamente difícil en este momento, pero, con un poco de análisis crítico de las circumstances, está clara. En lo que se refiere a los «gobiernos», es evidente que, desde todos los puntos de vista, ya en interés de la existencia de Alemania, hay que exigirles que no se queden neutrales, sino que, como dices con razón, sean patriotas. Pero el sentido revolucionario se le da al asunto, sencillamente, subrayando todavía más la oposición contra Rusia que contra Boustrapa.9 Eso es lo que Lassalle tendría que haber hecho frente al griterío antifrancés de la Neue Preußische Zeitung.10 Es también este punto el que, en la práctica, a medida que avance la guerra, llevará a los gobiernos alemanes a la traición al Imperio, y por donde se les podrá agarrar del cuello. Por lo demás, si Lassalle se toma la libertad de hablar en nombre del partido, en adelante tendrá que estar preparado para que le desautoricemos abiertamente, pues las circunstancias son demasiado importantes para andarse con miramientos, o bien, en vez de seguir las inspiraciones mezcladas del fuego y de la lógica, tendrá que ponerse antes de acuerdo sobre la opinión que tienen otras personas aparte de él. Ahora tenemos que mantener a toda costa la disciplina de partido, o todo se irá a la mierda.

La confusión en las cabezas ha llegado a una altura singular. There is d'abord11 el «regente del Imperio» traidor al Imperio,12 que ha recibido dinero contante de París. El señor Meyen,13 en el Freischütz de Hamburgo, elogia el escrito de Vogt.14 Para una clase de demócratas vulgares (algunos honrados entre ellos piensan que la derrota de Austria, completada por la revolución en Hungría y en Galitzia, etc., traería la revolución en Alemania. Los bueyes olvidan que ahora una revolución en Alemania, es decir, la desorganización de sus ejércitos, no beneficiaría a los revolucionarios, sino a Rusia y a Boustrapa) es naturalmente una fiesta poder tocar la misma trompeta que los húngaros decembristas15 (puros Bangyas16), los polacos (el señor Cieszkowski17 llamó hace un par de días en la Cámara prusiana a Nicolás «el gran aliado eslavo» de los polacos) y los italianos. Otra banda, como Blind,18 que quiere unir patriotismo y democratismo, hace el ridículo (el viejo Uhland19 entre ellos) al pedir a la vez la guerra junto a Austria contra Boustrapa y un Parlamento del Imperio. Estos asnos no ven d'abord que faltan todas las condiciones para que se cumpla ese repugnante deseo. Pero, en segundo lugar, se preocupan tan poco de lo que realmente ocurre que no saben en absoluto que en la única parte de Alemania que tiene que decidir, en Prusia, los burgueses están orgullosos de sus Cámaras, cuyo poder tiene que crecer con los apuros del government; que esos burgueses no están dispuestos, con razón (como muestran los últimos debates de las Cámaras), a recibir dictados de badenses y wurtembergueses bajo la razón social de «Parlamento», como tampoco el gobierno prusiano quiere el dominio de Austria bajo la razón social de «Dieta federal»; que esos burgueses saben desde 1848 que un Parlamento junto a sus Cámaras quebranta el poder de estas, mientras que aquel sigue siendo pura fantasmagoría. En realidad, hay mucho más asidero revolucionario en las Cámaras prusianas, que tienen que votar los presupuestos y detrás de las cuales, en ciertas eventualities, están una parte del army y la plebe de Berlín, que en un debating club bajo la razón social de «Parlamento del Imperio». Que los badenses, wurtembergueses y demás small deer20 sean de la opinión contraria por su propia importancia, se entiende por sí mismo. Entre nuestros propios amigos de partido y otros revolucionarios honrados reina un verdadero temor a que una guerra contra Boustrapa nos devuelva a 1813-1815.21 Por último, los representantes del Crédit mobilier22 en Alemania (la Kölnische Zeitung, Fould-Oppenheim,23 etc.) se suman naturalmente a los reparos democráticos y especulan con la tradicional y miope perfidia dinástica prusiana (la paz de Basilea,24 etc.). Por otro lado, una parte del partido democrático y revolucionario cree que, por patriotismo, tiene que caer en el tono de Jahn y Arndt.25 En medio de todas estas confusions, y como en mi opinión el destino de Alemania está en la balanza, considero necesario que los dos publiquemos un manifiesto de partido. Si se arregla lo de Viena, tendrías que venir para eso en Pentecostés. Si no, voy yo a Manchester.

Now, de estas general things paso al state of parties (alemanes) en Londres, y ahí tengo que ponerte al día de algunas cosas que, mientras se estaban gestando, me parecían demasiado aburridas para contártelas.

Recordarás en primer lugar que el señor Liebknecht26 llevó al clown E. Bauer27 a la llamada Asociación Comunista,28 justo cuando yo había roto abiertamente con este último, y que el clown se hizo cargo de la Neue Zeit,29 donde el ignorante zoquete ridiculizaba a nuestro partido exagerando las pocas frases comunistas que le habían llegado a través de Scherzer.30 El asunto me resultaba muy desagradable, no por el par de Knoten31 de Londres, sino por la alegría maligna de la banda democrática, por las false appearances32 que provocaban algunos ejemplares del periodicucho enviados hábilmente a Alemania y a los United States, por el conocimiento que el clown adquirió del estado piojoso del partido y, por último, por las relaciones que entabló con el Comité Internacional de aquí. El señor Liebknecht siguió en la Asociación durante todo el tiempo en que el clown redactaba la Neue Zeit y daba sus conferencias en ella, y además soltaba toda clase de tonterías, como que tenía que defenderme del gran odio que me tenían los obreros (i. e., los Knoten), etc. Pues bien, cuando por falta de dinero solo salió medio número (que te mandé) de la Neue Zeit, Liebknecht fue chairman de una asamblea a la que se había invitado a las distintas asociaciones para salvar el periódico. El resultado, naturalmente, fue nulo. Después de esta escena reuní a la gente (una pequeña banda: Pfänder, Lochner,33 etc., y algunos nuevos, a los que Liebknecht trataba como su club privado desde los viejos tiempos, desde que me mudé fuera de la ciudad), y en esa ocasión le di a Liebknecht un repaso que no le hizo ninguna gracia, hasta que se declaró pecador arrepentido. Contó que se estaba intentando volver a sacar la Neue Zeit, pero que su enérgica intervención lo había impedido. Por eso me sorprendió recibir unos días después una aparente continuación de la Neue Zeit con el nombre de Das Volk. Pero la cosa se aclaró de un modo curioso, de la siguiente manera (mira también la carta adjunta):

El señor clown había escrito al final a Biskamp34 (tienes una carta de Biskamp a él) que Kinkel35 había arruinado la Neue Zeit con sus intrigas; echaba espuma, en apariencia, de sed de venganza, etc. Well. Biskamp llega a Londres y se queda d'abord startled by the fact36 de que uno de sus propios artículos destinados a la Neue Zeit aparece, algo suavizado, en el Hermann.37 Corre a ver al clown, que no pareció nada pleased con su aparición, se hizo el enfermo, el hastiado del mundo, y acabó declarándole que todo era una mierda, que él (Biskamp) no se metiera en esa porquería, que Kinkel era demasiado poderoso, etc. Pero Biskamp, al que le llamó la atención que Kinkel trasladara su Hermann a la imprenta de la Neue Zeit, cuando había dejado su antigua imprenta, y que imprimiera sus manuscritos, se va corriendo a la imprenta de Hirschfeld y encuentra allí... la letra y las correcciones de pruebas de Edgar Bauer. In one word:38 el señor Edgar había utilizado la Neue Zeit para venderse a Kinkel y, de paso —prueba de la fecundidad del hombre—, hacer imprimir manuscritos de Biskamp como colaboraciones suyas. ¡Ese buey de Kinkel! Para arruinar la Neue Zeit, compra al clown, que durante toda su redacción había evitado cualquier polémica, en vez de darle dinero al clown y dejar que siguiera figurando como redactor de la Neue Zeit. Pero Gottfried creía eliminar así de una vez para siempre una competencia, aunque pequeña. Una palabra más sobre las obras de este Gottfried. Aquí apareció un tercer periódico alemán, primero con el título de Londoner Deutsche Zeitung y luego con el de Germania. Este periódico, redactado por un tal Ermani, tenía tendencia austriaca. Gottfried descubre que el redactor había cometido algún delito, le hace amenazar por medio del doctor Juch,39 le compra el periódico y la imprenta por una miseria (no se sabe si con el fondo revolucionario o con dinero de la embajada prusiana)40 y, según dicen, va a seguir sacando el periódico con otro título bajo la dirección de Juch. El periódico de Kinkel tiene 1700 suscriptores, se está convirtiendo en una fuente de ingresos, y el tipo quiere ponerlo a salvo de toda competencia y polémica.

Tras la traición del clown, Biskamp, etc., fundaron Das Volk, y él, así como los Knoten, se dirigieron a mí primero indirectamente a través de Liebknecht. Luego vino Biskamp a verme.

Les declaré que nosotros no podíamos colaborar directamente en ningún periódico pequeño, ni en general en ningún periódico de partido que no redactáramos nosotros mismos. Pero para este último paso faltaban en este momento todas las condiciones. En cambio, el señor Liebknecht debía poner su actividad al servicio de Biskamp. Desde luego, aprobaba mucho que no se dejara el campo libre a Gottfried y que su sucio calcul quedara baffled.41 Todo aquello a lo que me comprometía era lo siguiente: darles de vez en cuando artículos de la Tribune «impresos», que pudieran utilizar; pedir a mis conocidos que se suscribieran al periodiquillo; por último, darles de palabra las noticias y las «indicaciones» que me llegaran sobre esto y aquello. Por otro lado, Biskamp tenía que publicar enseguida (lo hará en el próximo número), con documentos, la marranada de Bauer y Kinkel. (Así mato dos pájaros, aunque el periodiquillo deje de salir.) Había que abandonar la altura objetiva del clown y proceder in every respect42 de modo ofensivo y polémico, y además en el tono más alegre posible.

Consequently, te pido que tú, Lupus,43 Gumpert44 y quien más podáis convencer (presentad el asunto solo como un anti-Kinkel que por lo demás nos queda lejos) os suscribáis a Das Volk. Office: 3, Litchfield Street, Soho. (Suscripción trimestral, con envío gratuito, 3 chelines y 6 peniques.) Gumpert y Biskamp son los dos de Hesse electoral, y como el primero quizá tenga de vez en cuando un chiste a mano, puede mandárselo a su paisano. Por último, dime algún tipo (stationer45) en Manchester al que se pueda mandar Das Volk para su venta. (Escribe también al de Bradford.)

Considero Das Volk un periodiquillo de andar por casa, como nuestro periódico de Bruselas y el de París.46 Pero bajo cuerda, sin intervención directa, podemos matar a disgustos con él a Gottfried, etc., etc. Puede llegar también un momento, y muy pronto, en que sea de importancia decisiva que no solo nuestros enemigos, sino también nosotros mismos podamos publicar nuestra opinión en un periódico de Londres. Biskamp trabaja gratis y merece tanto más apoyo.

Lo más bonito es que el clown escribió en el n.º 18 del Hermann un artículo de lo más bobo y cagueta en el que «demuestra» que la «neutralidad de Inglaterra» condena la guerra actual a ser una «guerra de rincón». Que ya no son posibles hechos «decisivos» en el desdichado continente y que por eso la sublime Inglaterra es «neutral». En el n.º 19, Blind, desde el punto de vista democrático-patriótico indignado, y Bucher,47 desde el urquhartista, le han echado una bronca al clown, de modo que, pateado por todos los partidos, seguramente saldrá pronto despedido, incluso del Hermann.

Los señores Knoten han recibido así una lección muy bonita. El viejo asno weitlingiano48 de Scherzer creía que él podía nombrar representantes del partido. En mi entrevista con una delegación de los Knoten (me he negado a ir a ninguna asociación, pero en una hay de chairman Liebknecht, y en la otra, el lapón49) les declaré sin rodeos: nuestro nombramiento como representantes del partido proletario no lo teníamos de nadie más que de nosotros mismos. Pero estaba refrendado por el odio exclusivo y general que nos dedicaban todas las fracciones y partidos del viejo mundo. Ya te puedes imaginar lo desconcertados que se quedaron los bueyes.

Si ya no te quedan ejemplares de Po y Rin, tienes que pedir más. También hacen falta copies para Steffen,50 Weydemeyer51 y varias revistas de aquí.

¿Sería posible mandar una nueva colección de oporto al pobre Eccarius,52 que vuelve a hundirse en el infierno de la sastrería?

Salut.

Tu K. M.

He recibido carta de Weydemeyer y compañía. Te la mando pronto. Por medio de ellos se han pedido ya a Duncker desde los United States unos cien copies de mi Economía.53

Dile a Lupus que from the beginning54 Beta (Bettziech),55 el redactor del How do you do, ha sido también el verdadero factótum de la redacción de Gottfried.

  1. «Para empezar». ↩

  2. La Presse de Viena. ↩

  3. Max Friedländer, primo de Lassalle y redactor de la Presse de Viena. ↩

  4. «Bastante arrogante». ↩

  5. «Arreglar». ↩

  6. Der italienische Krieg und die Aufgabe Preußens (La guerra de Italia y la misión de Prusia), Berlín, 1859, publicado por Lassalle sin nombre de autor. ↩

  7. «Una enorme pifia». ↩

  8. Po y Rin (Berlín, Franz Duncker, 1859), de Engels, publicado sin nombre de autor. ↩

  9. Apodo de Luis Bonaparte (Boulogne-Estrasburgo-París, por sus intentonas y su golpe de Estado). ↩

  10. La Neue Preußische Zeitung o Kreuzzeitung, diario de la extrema derecha prusiana. ↩

  11. «Para empezar, está». ↩

  12. Carl Vogt (1817-1895), naturalista, diputado de la izquierda en Fráncfort y en 1849 uno de los cinco regentes del Imperio elegidos por el Parlamento residual. ↩

  13. Eduard Meyen (1812-1870), publicista, antiguo joven hegeliano. ↩

  14. Studien zur gegenwärtigen Lage Europas (Estudios sobre la situación actual de Europa), Ginebra y Berna, 1859, en el que Vogt defendía la política de Luis Bonaparte. ↩

  15. Partidarios del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851, es decir, de Luis Bonaparte. ↩

  16. János Bangya, oficial húngaro emigrado que resultó ser espía de varias policías. ↩

  17. August Cieszkowski (1814-1894), filósofo y diputado polaco en la Cámara prusiana. ↩

  18. Karl Blind (1826-1907), demócrata badense emigrado en Londres. ↩

  19. Ludwig Uhland (1787-1862), poeta suabo, diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort. ↩

  20. «Morralla», gente menuda (expresión de Shakespeare en El rey Lear). ↩

  21. A las guerras de liberación contra Napoleón, que acabaron en la Restauración. ↩

  22. El banco francés Société générale du Crédit mobilier, de los hermanos Pereire, con filiales y asociados en Alemania. ↩

  23. Achille Fould, banquero y ministro de Luis Bonaparte, y la casa de banca Oppenheim, de Colonia. ↩

  24. La paz separada de Basilea (1795), con la que Prusia abandonó la coalición contra la Francia revolucionaria. ↩

  25. Friedrich Ludwig Jahn y Ernst Moritz Arndt, portavoces del patriotismo antifrancés de las guerras de 1813-1815. ↩

  26. Wilhelm Liebknecht (1826-1900), emigrado en Londres desde 1850, amigo de Marx. ↩

  27. Edgar Bauer (1820-1886), antiguo joven hegeliano, emigrado en Londres; Marx lo llama «el clown». ↩

  28. La Asociación Cultural de los Obreros Alemanes de Londres. ↩

  29. Die Neue Zeit, semanario obrero alemán de Londres (1858-1859). ↩

  30. Andreas Scherzer, sastre, antiguo partidario de Weitling, uno de los dirigentes de la Asociación. ↩

  31. Los oficiales artesanos de horizonte gremial, término despectivo de Marx y Engels. ↩

  32. «Falsas apariencias». ↩

  33. Karl Pfänder y Georg Lochner, antiguos miembros de la Liga de los Comunistas. ↩

  34. Elard Biskamp, periodista de Hesse electoral, emigrado; redactor de Das Volk. ↩

  35. Gottfried Kinkel (1815-1882), poeta y profesor, emigrado en Londres, editor del semanario Hermann. ↩

  36. «Para empezar, sobresaltado por el hecho». ↩

  37. Hermann, semanario alemán de Londres, fundado por Kinkel en enero de 1859. ↩

  38. «En una palabra». ↩

  39. Hermann Juch, periodista alemán en Londres. ↩

  40. El «fondo revolucionario» es el dinero del empréstito revolucionario que Kinkel había recaudado en América en 1851-1852. ↩

  41. «Frustrado». ↩

  42. «En todos los aspectos». ↩

  43. Wilhelm Wolff, «Lupus», que vivía en Manchester. ↩

  44. Eduard Gumpert, médico alemán de Manchester, amigo de Engels. ↩

  45. «Papelero», que vendía también periódicos. ↩

  46. La Deutsche-Brüsseler-Zeitung (1847-1848) y el Vorwärts! de París (1844), en los que habían colaborado Marx y Engels. ↩

  47. Lothar Bucher (1817-1892), antiguo diputado prusiano emigrado en Londres, partidario de David Urquhart. ↩

  48. Partidario de Wilhelm Weitling (1808-1871), el sastre comunista. ↩

  49. Según los editores de la MEGA¹, se refiere a Anders, uno de los dirigentes de la Asociación. ↩

  50. Wilhelm Steffen, antiguo oficial prusiano, testigo de la defensa en el proceso de los comunistas de Colonia; vivía en Inglaterra. ↩

  51. Joseph Weydemeyer (1818-1866), amigo de Marx y Engels, emigrado en los Estados Unidos. ↩

  52. Johann Georg Eccarius (1818-1889), sastre, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas. ↩

  53. La Contribución a la crítica de la economía política (Berlín, Franz Duncker, 1859). Véase Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo. ↩

  54. «Desde el principio». ↩

  55. Heinrich Beta (seudónimo de Johann Heinrich Bettziech), periodista alemán emigrado en Londres; How do you do? era un semanario humorístico alemán de Londres. ↩