Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar y el año no figuran en la carta) el 5 de octubre de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 618, pp. 422-425) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
5 de octubre.
Querido Engels:
Con el desbarajuste que reina aquí (Speck ha quebrado y ha desaparecido; Garthe, el cajero, está en Brighton) y que siempre reinó en Das Volk, es imposible obtener una cuenta exacta del tiempo anterior a Lessner as to foreign subscribers.1 Biskamp asegura que, salvo los primerísimos números, a Thimm se le mandó siempre una docena de ejemplares.
Hollinger2 me ha demandado por 12 libras y unos chelines de atrasos por Das Volk, junto con la composición del último número, que no llegó a salir. Este canalla quiere convertirme de repente en el «propietario», aunque toda la porquería, no diré que se hundió (porque con el filisteo de aquí no hay nada que hacer), sino que acabó con un déficit, precisamente porque yo no era el propietario y, a pesar de todo el tiempo perdido, nunca pude enderezar aquella gestión desastrosa. Tampoco le di nunca al tipo una garantía jurídica. La cuenta la tengo por falsa, porque el tipo —aparte de los demás ingresos— recibió 7 libras solo de mí por los tres penúltimos números (su cuenta incluye los dos últimos). (Los 15 chelines a Lessner no pasaron por sus manos, sino que los pagué yo directamente.) Pero no entro en ninguna discusión sobre ello, porque si no reconocería en el acto su derecho a demandarme. El canalla jurará y hará jurar a uno de sus cajistas que yo di garantía. (Aun en ese caso, primero tendría que haber demandado a Biskamp.) Llevaré a Biskamp, etc., como testigos de la parte contraria. Si tuviera los medios a mano, para evitar cualquier procedimiento público, no le habría pagado a Hollinger, desde luego, pero sí le habría comprado un crédito contra él a un tal Lisle, el landlord de Hollinger y propietario de la imprenta. Hollinger le debe a este hombre unas 60 libras y nunca le ha pagado un farthing.
Pero en las circunstancias actuales no se puede hablar de nada parecido.
Si no doy algún golpe —y no veo en absoluto cómo darlo—, la plaza se vuelve aquí completamente insostenible. Freiligrath había vuelto a intentar una operación con letras. Pero anoche recibí carta suya diciendo que había fracasado definitivamente, al mismo tiempo que cartas amenazadoras del landlord, etc., etc. La carta adjunta de Lassalle, que contesté a vuelta de correo, la considero una buena noticia. Parece que la cosa se vende a pesar de la conspiration de silence.3 Si no, no habría llegado esta invitación indirecta de Duncker.4 Por lo demás, soy absolutamente incapaz de seguir escribiendo la obra hasta que no haya cleared,5 d'une manière ou d'une autre,6 la peor porquería burguesa. Tu artículo sobre la obra7 lo reproducirán los periódicos alemanes de Nueva York a California (con el poquito de Das Volk se tenía en la mano a toda la prensa germano-americana). Como ejemplo de la bazofia que aparece en Alemania, te adjunto el siguiente recorte de anuncios de la Presse de Viena. Il suffit to read8 el índice. (By the by, doy ante un círculo escogido de Knoten9 unas conferencias sobre el cuaderno I. Parece interesar mucho a la gente.)
Por último, quiero hablarte ahora de dos «grandes hombres».
Ad vocem R. Schramm.10 Este triste animal estuvo hace un tiempo en Ostende y desde allí mandó una correspondencia al Hermann.11 Yo no leo esa bazofia; me lo contó Freiligrath. En esa correspondencia cuenta R. Schramm que ya se puede juzgar la degeneración de los alemanes escuchando sus conversaciones a la orilla del mar. Así, por ejemplo, había escuchado a dos señoras que parloteaban en el más puro dialecto del Wupper, y una de las cuales llamaba a la otra «señora Engels». ¡Esa es, pues, la venganza de este miserable! Pero como castigo el animal ha perdido hace poco 2000 libras (teste Freiligrath12). El loco se había metido, en efecto, en el «comercio de piedras preciosas». Eso ha frustrado también su plan de fundar en Londres un periódico alemán propio (que debía salir este mes). He hecho que Biskamp publique en la Weser-Zeitung los facts —que el periódico no sale, el comercio de joyas y la pérdida de dinero—, con gran disgusto del tipo y como respuesta a su pueril malicia.
Ad vocem K. Blind.13 Respecto a este homme d'état14 tengo que extenderme algo más.
Unas dos semanas después de volver de Manchester a Londres, Biskamp me contó que Blind le había hecho proponer por medio de Hollinger fusionarse (i. e., Das Volk) con Blind y consortes, pero que yo y en general el elemento comunista teníamos que salir. En su lugar, un socialismo razonable. — Yo por entonces no había escrito nada en Das Volk, aparte de un par de bromas, como sabes. Pero escribí enseguida a Blind, no una carta, sino una nota de about ten lines,15 en la que, entre otras cosas, le llamaba «homme d'état» y «hombre importante» y hablaba de su fiel «Fidelio» (i. e., Hollinger). Al día siguiente viene Liebknecht y me cuenta que en la taberna de la esquina están sentados Blind y Hollinger. Que el primero me espera. Así que allá voy con Liebknecht. Blind dio su palabra de honor de que no había nada de eso. El canalla de Hollinger, ditto. Así que tuve que creerlo. Pero el encuentro dio ocasión para hablar también de otros chanchullos de Blind. Entre otras cosas, se habló de Vogt. Blind negó bajo palabra de honor (también había negado el asunto ante Freiligrath, sin palabra de honor) haber redactado y echado a rodar la octavilla anónima «Zur Warnung».16 Le dije que me extrañaba, porque solo contenía lo que él me había comunicado de palabra con ocasión del meeting urquhartista del 9 de mayo. Le recordé que entonces me había asegurado que tenía pruebas en la mano, que sabía el nombre del hombre al que Vogt había ofrecido 30 000 o 40 000 florines, pero que «por desgracia» no podía decirlo, etc. Esto Blind no se atrevió a negarlo, sino que lo admitió expresa y repetidamente, en presencia de Liebknecht y de Hollinger.
Well! Hace unas semanas, la Allgemeine Zeitung de Augsburgo escribió a Liebknecht, que le había mandado la «Zur Warnung».17 Liebknecht vino a verme. Le dije que fuera a ver a Blind. Yo esperaría al homme d'état «en la taberna de la esquina de Blind». Blind estaba en los baños, en St. Leonards, creo. Liebknecht le escribe; le escribe una vez, dos. Por fin, carta del homme d'état. Este, de la manera más fría y «diplomática», lamenta que «yo» haya hecho en balde el camino hasta su casa. Liebknecht debe comprender que él (Blind) no tiene ganas de meterse en el asunto de un «periódico que le es completamente ajeno» ni en un asunto que le es completamente ajeno. En cuanto a las alusiones de Liebknecht a «observaciones» hechas «en conversaciones privadas», tenían que deberse a meros malentendidos «completos». Con esto el «homme d'état» creía haber zanjado todo.
Entonces me llevé a Liebknecht a casa de Collet.18 Recordaba que en la Free Press del 27 de mayo (The Grand Duke Constantine etc., p. 53) había un párrafo que enseguida me había parecido fabricación de Blind y que, junto con lo que Blind había admitido de palabra en presencia de Liebknecht, de Hollinger y mía, formaba todo el contenido del anónimo, y que además demostraba que Blind no solo había tocado de pasada, «en conversaciones privadas», el «asunto que le era completamente ajeno». Así que, a casa de Collet, que declaró en el acto que el author era Blind. Todavía tenía la carta de Blind en la que este había metido su tarjeta, pero le pedía que no diera su nombre. Esto era una prueba de convicción.
Mediante una serie de maniobras que sería demasiado largo contar aquí, he arrancado además lo adjunto (que tienes que devolverme a vuelta de correo. Se lo he enseñado también a Freiligrath). ¡Ahí ves «la palabra de honor» del buen hombre!
El sábado pasado Liebknecht mandó por fin una carta al homme d'état (redactada según una carta mía a Liebknecht en la que resumía el asunto con alguna dureza). Se espera respuesta y te enterarás de más.
Salut.
Tu K. M.
«En cuanto a los suscriptores de fuera». ↩
Fidelio Hollinger, impresor de Das Volk. ↩
«Conspiración de silencio». ↩
Franz Duncker, el editor berlinés de la Contribución a la crítica de la economía política, que por medio de Lassalle preguntaba por la continuación. ↩
«Despejado». ↩
«De una manera o de otra». ↩
La reseña de Engels de la Contribución a la crítica de la economía política, publicada en Das Volk en agosto de 1859. Véase también Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo. ↩
«Basta con leer». ↩
Los oficiales artesanos de horizonte gremial, término despectivo de Marx y Engels. ↩
Rudolf Schramm (1813-1882), diputado de la izquierda en la Asamblea Nacional prusiana en 1848, emigrado en Londres. ↩
El semanario de Gottfried Kinkel en Londres. ↩
«Según el testimonio de Freiligrath». ↩
Karl Blind (1826-1907), demócrata badense emigrado en Londres. ↩
«Hombre de Estado». ↩
«Unas diez líneas». ↩
«Advertencia»: octavilla anónima que acusaba a Carl Vogt de estar a sueldo de Luis Bonaparte. Liebknecht la hizo publicar en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo en junio de 1859; Vogt demandó por ello al periódico, y el asunto acabó llevando a Marx a escribir Herr Vogt (1860). ↩
La Allgemeine Zeitung, demandada por Vogt, pedía pruebas de las acusaciones. ↩
Collet Dobson Collet, redactor de la Free Press de Urquhart. ↩