Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 3 de noviembre de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 622, pp. 428-430) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
3 de noviembre de 1859.
Querido Frederick:
Lessner1 no tiene los nombres de la gente a la que se mandaba Das Volk. Solo conoce el número de ejemplares (12) que enviaba regularmente a Thimm.
Biskamp asegura que los libros no los encargó en Thimm a su cuenta, sino a la del cura en cuya casa era maestro. Por lo demás, Thimm nunca dijo una palabra de ello. Le escribirá por este asunto, lo mismo que por las ansias de apropiación de Panzer. Desde hace un par de días está contratado por 50 táleros al mes en la Weser-Zeitung.
Mi trabajo avanza mal. Tengo demasiadas molestias domésticas y demasiada porquería encima. Habrás oído hablar de la «grandiosa» fiesta de Schiller de aquí.2 Freiligrath y Kinkel, o más bien Kinkel y Freiligrath, serán los héroes. Como el asunto aquí partió por completo de la camarilla de Kinkel, y el miserable Beta,3 factótum de Gottfried, llegó a enviar las cartas de invitación para formar el comité, hace semanas había escrito a Freiligrath que esperaba que he would keep aloof from the Kinkel-demonstration.4 El gordo filisteo me contestó con una carta no del todo clara en la que, entre otras cosas, decía: «Aunque Kinkel se lleve la Briseida del discurso de la fiesta, eso no es razón para que Aquiles se retire enfurruñado a sus tiendas».5 ¡O sea, Kinkel, Agamenón, y Freiligrath, Aquiles! Además, la fiesta tenía «también otro significado» (cuál, se verá enseguida). Por último, que a petición suya había hecho un poema a Schiller para Boston (United States).
Más tarde vi por el Hermann6 que Freiligrath actuaba como miembro del comité y que se hablaba de una cantata suya a Schiller (con música de Pauer7), o sea, que el filisteo me había ocultado algo. Más tarde todavía recibí una segunda carta suya en la que decía que al parecer yo tenía razón, pero que su participación había contrarrestado en parte los planes de Gottfried.
Cuando por fin vi al hombre, me contó con el pecho palpitante todo el curso del asunto. Beta y Juch,8 agentes de Kinkel, se habían enterado desde América de que Freiligrath había hecho el poema a Schiller para Boston. Gottfried se había reservado para sí, además del discurso, la cantata de la fiesta. Pero como creía que non bis in idem9 y que no era factible atraerse a Freiligrath sin cederle la parte poética, o más bien sin ofrecérsela (pero se contaba con que rechazaría la oferta), Juch y Beta invitaron a Freiligrath, en nombre del comité de Kinkel, a unirse al comité y a hacer la cantata. Freiligrath dijo que ya había hecho versos para Boston, contestó indeciso, pero prometió su colaboración en el comité. Este trató el asunto como una mera formalidad y no volvió a insistir en su petición. Pero Freiligrath, a toda prisa (ya no encontraba las dificultades que con Das Volk, para el que nunca pudo hacer tres líneas), se pone a ello, compone una cantata (en el metro del Ditirambo de Schiller; me ha leído el engendro: pompa y estruendo), corre a ver a Pauer, se la hace poner en música y, por medio de sus amigos entre los cantores de la fiesta de Schiller, obliga a Kinkel y consortes a invitarle otra vez. Entonces les manda la mierda, que, «por un anacronismo», ya estaba lista y terminada, no solo escrita, sino también compuesta, ¡y al final de su epístola se compara a sí mismo con un «criado» que ha servido a su «señor» antes de recibir la orden (los señores Kinkel, Beta, Juch y compañía)! (Y esto me lo cuenta el propio filisteo.)
No acaba aquí su «tensión» con Gottfried. Freiligrath visita el comité, donde Gottfried lo trata con mucha frialdad. Ahora bien, Freiligrath —como dice él, «por pura casualidad»— había puesto en su cantata un pasaje en el que «necesariamente» había que descubrir el busto de Schiller. Gottfried, por igual casualidad, había preparado el momento culminante de su sermón para el «momento del descubrimiento». Tras larga lucha, en la que el filisteo Freiligrath permanece siempre sentado y callado, pero deja hablar a sus amigos (gentuza de toda clase), se decide por fin que el «descubrimiento» le corresponda a Freiligrath, y Gottfried suelta un hondo suspiro porque ahora tendrá que dirigir todo el tiempo su sermón a la «imagen velada».10 Entonces se levanta uno de los compinches de Freiligrath y dice que eso tiene remedio si Kinkel pronuncia su discurso después de la cantata. Pero Gottfried se opone definitivamente y declara muy indignado que «ya había hecho tantas renuncias en este asunto, pero eso no se le podía pedir». Da hört allen's up.11 Así que primero irá el sermón.
¡Y toda esta porquería me la cuenta Freiligrath con mucha seriedad e importancia; en cambio, le parece de lo más natural no haber dicho una palabra en el comité sobre el hecho de que la banda de Kinkel se haya tomado la libertad de no invitar, como cosa obvia, a sus (de Freiligrath) supuestos «amigos de partido» al comité, convirtiéndolo así en una manifestación de Kinkel! Contaba que yo seguramente no habría ido, pero que él no debía consentir ese «ostracismo» en un comité del que él mismo forma parte. Blind, naturalmente, está en él.
Freiligrath, desde su poema a la Mockel,12 nos trata «muy en secreto» como amigos suyos, mientras en público va del brazo de nuestros enemigos. Qui vivra verra.13
Ad vocem Blind. El mierda ha estado ahora en casa de Hollinger.14 La Allgemeine Zeitung de Augsburgo le había escrito, en efecto, que si persistía en su reticencia se le sacaría a la luz pública de mala manera. Que tenía un documento contra él. Se queja a Hollinger de que este nos ha revelado el asunto. Hollinger, con razón, dice quod non,15 pero ¿por qué no quería Blind dar la cara? Este le dice que, desde luego, el manuscrito era de su puño y letra, pero que lo había redactado un amigo suyo. La cosa es así: Blind lo escribió y lo redactó, pero los puntos más inculpatorios los recibió de Goegg.16 Ahora bien, el buen Goegg es amigo «aparente» de Vogt, y tiene que serlo, porque Fazy,17 por medio del Banco Suizo, tiene acciones por 25 000 francos en su fábrica de espejos y en general le hace de banker. Por eso Goegg solo puede manifestar en silencio su indignación por la «traición a la patria». Esos son los «republicanos serios».18
¿No podrías hacerme un article sobre los nuevos cambios en el ejército de Prusia?
Saludos a lupum.19 Salut.
Tu K. M.
Friedrich Lessner, que se había ocupado de la expedición de Das Volk. ↩
La fiesta del centenario del nacimiento de Schiller, el 10 de noviembre de 1859, que organizaba en Londres el círculo de Gottfried Kinkel. ↩
Heinrich Beta (Bettziech), periodista alemán emigrado en Londres. ↩
«Que se mantendría apartado de la manifestación de Kinkel». ↩
Alusión a la Ilíada: Agamenón arrebata a Aquiles la esclava Briseida, y Aquiles se retira enojado a sus tiendas. ↩
El semanario de Kinkel en Londres. ↩
Ernst Pauer (1826-1905), pianista y compositor austriaco establecido en Londres. ↩
Hermann Juch, periodista alemán en Londres, del círculo de Kinkel. ↩
«No dos veces por lo mismo». ↩
Alusión al poema de Schiller «La imagen velada de Sais». ↩
En dialecto berlinés: «Aquí se acaba todo». ↩
Johanna Kinkel, de soltera Mockel, mujer de Gottfried Kinkel, muerta en 1858. ↩
«Quien viva verá». ↩
Fidelio Hollinger, impresor de Das Volk. ↩
«Que no». ↩
Amand Goegg (1820-1897), ministro de Hacienda del gobierno revolucionario de Baden en 1849, emigrado. ↩
James Fazy (1794-1878), jefe del gobierno de Ginebra, protector de Vogt. ↩
En el original, «ernschten», imitando la pronunciación badense de «ernsten» («serios»). ↩
«A Lupus» (acusativo latino de lupus): Wilhelm Wolff. ↩