Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 19 de noviembre de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 628, pp. 436-440) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
19 de noviembre de 1859.
9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill, Londres.
Querido Engels:
Hoy recibes de mí toda clase de curiosidades: 1) una carta del filisteo Freiligrath a mí; 2) una carta de Orges1 (de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo) a Biskamp; 3) un número (el 43) de la Gartenlaube,2 que se publica en Leipzig, y 4) una carta de Imandt3 a mí, junto con un recorte del Volksblatt de Tréveris. Por último, te aconsejo que compres el Hermann de hoy, porque trae una historia de la fiesta de Schiller de aquí redactada por el señor Beta4 que arroja una luz singular sobre el comportamiento de nuestro amigo Freiligrath.
Antes de entrar en estas historias, menciono, para que no se me olvide, que los húngaros han celebrado meetings en Nueva York, Chicago, Nueva Orleans, etc., en los que han acordado una carta a Kossuth en la que le instan a justificarse en relación con mi artículo de la New York Tribune. Si no, le retiran la allegiance.5 No sé si te he contado ya las últimas noticias que me ha comunicado Szemere.6 D'abord, que tras la paz de Villafranca Kossuth se escapó de Italia sin decir una palabra a los oficiales, Klapka incluido. Kossuth temía que Bonaparte lo entregara a Francisco José. El mismo buen hombre, según escribe ahora Szemere, en un principio no estaba incluido en el asunto bonapartista. Klapka, Kiss y Teleki7 habían acordado por su cuenta con Plon-Plon8 provocar una revolución en Hungría. Kossuth se olió algo y les amenazó, desde Londres, con denunciarlos en la prensa inglesa si no se le incluía en el contrato. Such are those worthies.9
En cierto modo te envidio que puedas vivir tan apartado de la guerra de ranas y ratones10 de Manchester. Yo tengo que vadear toda la porquería, y además en circunstancias que ya me quitan bastante tiempo para mis estudios teóricos. Por otro lado, me alegro de que tú solo pases por toda esa porquería de segunda mano.
El jueves pasado recibí de Freiligrath la carta adjunta. Para que la entiendas en toda su abyecta mezquindad, esto: Blind estuvo, durante el mismo tiempo en que el individuo (Blind) desempeñaba su pérfido papel contra nosotros, en el trato más íntimo con Freiligrath. Actuaba como su homme d'affaires11 —en el gran conflicto Kinkel-Freiligrath— en el comité preparatorio de la fiesta de Schiller. En la propia fiesta, las familias Freiligrath y Blind estuvieron sentadas juntas, muy agrupadas, durante la función. Pues bien, a la mañana siguiente el Morning Advertiser trajo una crónica en la que el poema de Freiligrath se calificaba de «above mediocrity».12 El mismo tacto crítico (y la verdad es que no hace falta mucho para arrancar la máscara anónima al studiosus Blind) que me había dicho que Blind, y solo Blind, había escrito el párrafo de la Free Press contra Vogt, me dijo que él era el autor de este artículo. Lo único que me extrañó fue que el rastrero sicofante hubiera tenido el valor de hablar de Freiligrath in this cool manner.13 Le mandé el recorte a este último. Entonces recibí de él la carta adjunta, en la que se trasluce más o menos su sospecha de que yo había metido de matute en el commerce del studiosus Blind una falsificación: la pulla contra Freiligrath. El sábado fui a ver a Freiligrath. Todavía no sabía que había hecho la declaración en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo (a saber, que él no era acusador de Vogt y que nunca había escrito una línea en Das Volk). Él se guardó también de decirme una sílaba de ello. Le dije de prime abord14 que no consideraba en absoluto un crimen de Blind encontrar el poema de Freiligrath «above mediocrity». Que eso era un juicio estético. Pero que me parecía de locos, desde luego, que se dejara hacer creer por Blind que yo había corregido el ejercicio a Blind por medio de una persona misteriosa y le había colado la pulla contra él, Freiligrath. El filisteo, muy apurado, confesó d'abord que él había enseñado mi carta a Blind, y me enseñó las dos cartas de Blind: en la primera, el studiosus Blind describe a la persona que el 9 de mayo había sido vista a menudo a mi lado en el meeting de Urquhart y que en el Palacio de Cristal (10 de noviembre) le rondaba. En una segunda carta (Freiligrath había tenido la condescendencia de escribir a Blind que no podía creer que yo hubiera interpolado el pasaje contra él), Blind declara que tampoco había querido decir eso directamente. Entonces le dije al filisteo que los dos únicos alemanes, y en general las únicas personas, que me habían abordado varias veces el 9 de mayo en la tribuna habían sido Blind y Faucher,15 y nobody else. Pero Blind conoce a Faucher, se hizo presentar a él en el comité de Schiller y le dio las gracias en nombre de Freiligrath por haber tomado partido por la «cantata» de Freiligrath frente al «discurso». El listillo badense, una vez más, no dio el nombre de Faucher. (Yo le comuniqué enseguida el asunto a este último.) Y es que Faucher conoce a Grant, el editor del Morning Advertiser, y podría contribuir a que echaran a Blind de ese licensed victualler paper16 si le pidiera personalmente a este último que declarara si él (Faucher) le había inducido a él (Grant) a hacer una interpolación en el artículo de Blind; por eso el studiosus Blind tiene la memoria de recordar qué features17 tenía Faucher el 9 de mayo. Recuerda que esas mismas features le rondaban el 10 de noviembre en el Palacio de Cristal. Pero olvida que ese individuo que tan exactamente conoce es el mismísimo Faucher.
Toda esta historia es tan piojosa —enrevesada— y tan característica de los buenos hombres Freiligrath y Blind que he tenido que exponer la mierda con tanto detalle. En general es característico del buen hombre Freiligrath que no creyera deberme ninguna explicación por presentarse ante el público con Kinkel y consortes, por su declaración en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo, por su coqueteo con el Hermann, por su trato con Blind durante el tiempo en que había conocido la «palabra de honor» de este canalla, etc., sino que todo giraba en torno a que alguien se había atrevido a encontrar su poema (te lo adjunto) «above mediocrity», en vez de ensalzarlo as the very incarnation of the beautiful and the sublime.18
Le dije que este asunto me importaba un bledo. Que, en cambio, entre Blind y yo se trataba de cosas mucho más importantes, etc.
En cuanto a las «intrigas» de Kinkel, etc., contra él, solo tenía que agradecérselas a sí mismo. ¿Por qué se rebajaba a tratar con esos tipos?
Por último, quise saber qué traía el n.º 43 de la Gartenlaube. Y entonces salió a relucir que el señor Freiligrath estaba en muy íntimas relaciones con el señor Beta, lo había agasajado en su propia casa y había «tolerado» que Beta hiciera una biografía aduladora de él y una apoteosis de su familia, y solo le irritaba que al final Beta (naturalmente, por encargo de Kinkel) haga aniquilar la poesía de Freiligrath junto con su carácter... por mí. Yo tengo la culpa de que el señor Freiligrath, que nunca fue muy fecundo en obras originales, haga desde hace años negocios de banca en vez de negocios de poesía. El señor Freiligrath no se avergonzaba ante mí de encanallarse con el canalla de Beta, el antiguo subredactor del How do you do? de Louis Drucker.19 Ni de las groseras adulaciones de ese tipo vulgarísimo. Le chocaba aparecer ante el público como «influido» por mí. No tenía claro si no debería hacer alguna declaración al respecto. Solo le retiene el miedo a una contradeclaración mía. El tipo encuentra «natural» que, cuando se tira un pedo, se le aclame; que, por un lado, sirva a Mammón y, por otro, sea «sacerdote de la musa»; que su falta de carácter en la práctica se ensalce en la teoría como «virtud política». El individuo es susceptible al menor alfilerazo. Sus pequeñas riñas de comediante entre bastidores con Gottfried las trata como intrigas importantes. En cambio, le parece de lo más adecuado que mi familia tenga que renunciar no solo al reconocimiento, sino incluso a que se note la existencia de trabajos meditados como el cuaderno sobre el dinero;20 que, a consecuencia de mi intransigencia política, tenga que pasar mucha miseria y lleve en efecto una existencia sin alegría. El individuo piensa que mi mujer tiene que aceptar encima agradecida las infamias contra mí ante el público, con la conciencia de que a la señora Freiligrath se la ensalza y se la festeja, y de que hasta su Kätchen, que no entiende el alemán, esa silly goose,21 es recomendada al filisteo alemán. El individuo no tiene ni rastro de simpatía amistosa. Si no, vería cuánto sufre mi mujer y cuánto contribuyen él y su esposa a ello. Cuán falsa y equívocamente se comporta tanto desde el punto de vista del partido como desde el personal.
Y, sin embargo, no puedo ni debo llegar a un éclat22 con el mozo. Él se encarga de las letras sobre la Tribune, y yo tengo que reconocerlo siempre como un favor (aunque con ello se ha procurado crédito a sí mismo, no a mí, en casa de Bischoffsheim23). Si no, volvería a verme en el viejo apuro de cómo cobrar el dinero de la Tribune. Por otro lado, Kinkel y consortes —toda la democracia vulgar (la señora Freiligrath incluida)— no desean otra cosa que se produzca este escándalo. Ya solo por eso no debe ocurrir ahora. Desde luego, me resulta difícil tragarme sin protestar todas estas infamias.
Sobre los incidentes del Palacio de Cristal y luego en el comité de Schiller, en la próxima carta.
Salut.
Tu K. M.
Mira también en el último piojoso Hermann cómo el señor Blind se recomienda como «profeta».
El upshot24 de todas las revelaciones sobre Stieber25 desde Berlín en el Hermann es ahora que el viejo policía Duncker26 intenta volver a remplacer27 a su enemigo y rival (desde 1848) Stieber. En el penúltimo número del Hermann, el corresponsal de Berlín proclamaba también la restauración del consejero de policía Duncker como el verdadero objetivo de la historia universal moderna.
Hermann Orges, redactor de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩
Die Gartenlaube, semanario ilustrado familiar de Leipzig. ↩
Peter Imandt, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, profesor en Dundee. ↩
Heinrich Beta (Bettziech), periodista alemán emigrado en Londres, del círculo de Kinkel. ↩
«Lealtad». ↩
Bertalan Szemere (1812-1869), jefe del gobierno húngaro en 1849, emigrado en París. ↩
György Klapka, Miklós Kiss y Sándor Teleki, jefes militares de la emigración húngara. ↩
El príncipe Napoleón (Jérôme Bonaparte), primo de Napoleón III. ↩
«Así son estos dignos señores». ↩
Alusión a la Batracomiomaquia, la parodia épica griega de la guerra entre las ranas y los ratones. ↩
«Hombre de negocios», gestor. ↩
«Por encima de la mediocridad». ↩
«Con esta frialdad». ↩
«De entrada». ↩
Julius Faucher (1820-1878), publicista librecambista alemán, emigrado en Londres, colaborador del Morning Star. ↩
El Morning Advertiser era el diario de la asociación de taberneros con licencia (licensed victuallers). ↩
«Rasgos». ↩
«Como la encarnación misma de lo bello y lo sublime». ↩
Louis Drucker, editor del semanario humorístico alemán How do you do? de Londres. ↩
La Contribución a la crítica de la economía política, cuyo primer cuaderno trata de la mercancía y del dinero. Véase Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo. ↩
«Gansa tonta». ↩
«Ruptura sonada». ↩
Casa de banca londinense. ↩
«Resultado». ↩
Wilhelm Stieber (1818-1882), jefe de la policía política prusiana, organizador del proceso de los comunistas de Colonia en 1852. ↩
Duncker, antiguo alto funcionario de la policía de Berlín (no el editor del mismo apellido). ↩
«Reemplazar». ↩