Carta de Karl Marx a Ferdinand Lassalle, que vivía en Berlín, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 22 de noviembre de 1859. Se conserva completa. Publicada por primera vez por Gustav Mayer en Ferdinand Lassalle. Nachgelassene Briefe und Schriften, t. III: Der Briefwechsel zwischen Lassalle und Marx (Stuttgart y Berlín, 1922, carta n.º 88, pp. 238-240), según el original, de donde se traduce, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original
22 de noviembre de 1859.
¡Querido Lassalle!
Por un lado, hoy es día de correo para América; por otro, tengo medicina en el cuerpo. Así que me cuesta escribir en todos los sentidos. Por eso seré muy breve:
Thanks1 por tu penúltima carta. Pero lo más probable es que consiga aquí en Londres sacar una letra de usurero contra mí mismo.
Tu declaración contra Vogt es mejor que no salga ahora, después de que la Reform haya publicado ya una declaración mía.2 Lo que me importa sobre todo es obligar al señor Vogt a continuar el asunto en Londres.
Le he contado a Freiligrath que tú elogiaste sus versos a Schiller y censuraste su comportamiento contigo.3 Ahora te escribirá. Lee el número 43 de la Gartenlaube,4 donde el satélite de Kinkel, el señor Beta5 (antes redactor del How do you do, que publicaba aquí Louis Drucker, y ahora factótum principal del Hermann, cuyos editors6 se reclutan todos en el lumpenproletariado literario), hace el descubrimiento de que Freiligrath «rara vez más juventud» yo «lo alenté».7 En los últimos años Freiligrath ha cortejado demasiado a los ídolos de Babilonia, porque el afán de popularidad es grande en él. Quizá su esposa no tenga la influencia más favorable in this respect.8 No quiero extenderme más sobre este tema; solo diré que con los viejos amigos personales y de partido tengo más miramientos de los que les parecen bien a algunos hombres muy competentes de nuestro partido.
Ad vocem Bonaparte. Por lo que veo, la guerra de Italia ha consolidado pro tempore9 a Bonaparte en Francia; ha entregado la revolución italiana en manos de los doctrinarios piamonteses y de sus auxiliares; ha hecho extraordinariamente popular a Prusia ante el vulgus10 liberal por su política a lo Haugwitz;11 ha aumentado la influencia de Rusia en Alemania; por último, ha propagado una desmoralización inaudita, la más repugnante combinación de bonapartismo y de frases sobre las nacionalidades. Por mi parte, no veo por qué gente de nuestro partido12 tenía que fomentar dialécticamente estas asquerosas ilusiones contrarrevolucionarias de los liberales filisteos. Desde el momento en que Disraeli13 reconoció públicamente la alianza entre Bonaparte y Rusia, y más aún desde el momento en que Rusia dirigió a las cortes alemanas su desvergonzada nota circular, había que alzar, a mi juicio, el grito de guerra contra la alianza ruso-francesa. Con la oposición a Rusia quedaba eliminado al instante todo lo antiliberal que, en la ilusión, parecía ir unido al giro contra Francia.
Los despachos de Schleinitz, que he estudiado con detenimiento, junto con las declaraciones que hicieron los ministros de aquí, en parte directamente en el Parlamento y en parte en la prensa, me demostraron que Prusia no pensaba intervenir mientras no se violara la frontera alemana. Bonaparte, bajo la protección de Rusia e Inglaterra, había recibido entonces permiso para hacer una guerra «localizada», a fin de sostenerse en Francia. Prusia no se habría atrevido a mover un dedo, y si lo hubiera hecho, se habría producido la guerra entre Alemania y Rusia, el más deseable de todos los acontecimientos. Pero in fact14 no se trataba de eso, porque Prusia nunca habría tenido el valor de dar un paso así. Se trataba más bien, en parte, de poner en evidencia al gobierno prusiano en su lamentable debilidad y, en parte y sobre todo, de desenmascarar los engaños (delusions) bonapartistas. El juego no era tan difícil, porque todos los representantes del partido revolucionario, desde Mazzini hasta Louis Blanc, Ledru-Rollin y hasta Proudhon, se habrían sumado. Así la polémica contra el fraude de Bonaparte no habría podido tener la apariencia de hostilidad hacia Italia o hacia Francia.
Aquí, naturalmente, no entro a fondo en la cuestión; solo lanzo unos cuantos puntos. Pero me permitirás una observación: las cosas pueden volver pronto a una crisis. En ese caso, en nuestro partido tiene que valer una de dos: o nadie se presenta en nombre del partido sin haberse consultado con los demás, o cada uno tiene derecho a exponer su opinión sin preocuparse de los otros. Esto último, por cierto, no sería recomendable, ya que la polémica pública no le conviene en absoluto a un partido tan poco numeroso (que, sin embargo, compensa con su energía, según espero, lo que le falta en número). Solo puedo decirte que en mi recorrido (en verano) por Inglaterra y Escocia —y nuestros viejos amigos de partido están dispersos por aquí— no encontré a nadie que no hubiera deseado que modificaras tu folleto en muchos puntos.15 Me lo explico muy sencillamente por el hecho de que la política exterior, sobre todo, se ve de manera muy distinta desde el suelo inglés que desde el continental.
Salut
Tu K. M.
En inglés, «gracias». ↩
La respuesta de Marx a Eduard Meyen, publicada en Die Reform de Hamburgo, núm. 139, del 19 de noviembre de 1859: Sobre el proceso de Karl Vogt contra la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩
Freiligrath no había agradecido a Lassalle el envío de Franz von Sickingen; según Mayer, no lo hizo hasta el 8 de octubre de 1860. ↩
Die Gartenlaube, semanario familiar ilustrado de Leipzig. ↩
Heinrich Beta, seudónimo de Heinrich Bettziech (1813-1876), escritor demócrata alemán emigrado en Londres. ↩
En inglés, «redactores». ↩
Así en el original: según Mayer, Marx ha perdido aquí el hilo de la construcción. Beta había escrito que Freiligrath rara vez había vuelto a cantar desde que Marx «lo alentó» (literalmente, «le echó el aliento»). ↩
En inglés, «en este aspecto». ↩
En latín, «por el momento». ↩
En latín, «vulgo». ↩
Christian von Haugwitz (1752-1831), ministro de Asuntos Exteriores de Prusia, que mantuvo al país neutral frente a Napoleón y le impidió entrar en la coalición de 1805. ↩
En el original, según Mayer, «fare Leute»: la primera palabra no tiene sentido y se ha dejado sin traducir. ↩
Benjamin Disraeli (1804-1881), ministro de Hacienda en el gobierno conservador de lord Derby, que cayó en junio de 1859. ↩
En inglés, «en realidad». ↩
Der italienische Krieg und die Aufgabe Preußens; véase la carta del 10 de junio de 1859. ↩