Carta de Karl Marx a Ferdinand Freiligrath, escrita en Londres el 23 de noviembre de 1859. Publicada por primera vez por Franz Mehring en Freiligrath und Marx in ihrem Briefwechsel (suplemento n.º 12 de Die Neue Zeit, Stuttgart, 1912, pp. 31-33), de donde se traduce. Mehring la da con su encabezamiento y su firma; los puntos suspensivos del apartado 2 pueden señalar cortes suyos. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original

¡Querido Freiligrath! Recibo una copia de tu carta a Liebknecht,1 en la que figura el siguiente pasaje: «Solo tengo en mis manos una carta de Vogt, fechada el 1 de abril de 1859. Esta carta, como Marx todavía me concedió el sábado, no contiene ni una sola sílaba en la que pudiera fundarse una acusación contra Vogt».2

Como en cosas de este tipo conviene la exactitud, tengo que hacer constar una protesta formal contra ese pasaje. En primer lugar, yo no concedí nada. Conceder (concedere) supone un debate en el que se retrocede de una afirmación sostenida al principio y se acepta una opinión planteada por el adversario. Nada de eso ocurrió entre nosotros. La iniciativa partió de mí. Te conté, no te concedí nada. La cosa fue así:

Te recordé que tú mismo habías preguntado al señor Blind si era el autor del panfleto anónimo,3 porque su relato de palabra coincidía por completo, en tono y contenido, con la hoja volante. Subrayé que yo, antes de mi encuentro con el señor Blind en el mitin de Urquhart del 9 de mayo,4 no sabía nada de las actividades de Vogt en el embrollo italiano, absolutamente nada, salvo su carta a ti. Te recordé que la noche en que me enseñaste esa carta ni de lejos se me ocurrió deducir de ella que Vogt estuviera sobornado, etc. En la carta solo encontré su politiquería de café, liberal y chata, que no me extrañó en absoluto. Destaqué todo eso para hacer honor a quien honor merece,5 para no menoscabar en modo alguno el mérito del señor Blind en el descubrimiento de la traición de Vogt a su país.

En segundo lugar, no se me ocurrió decir que «la carta de Vogt no contiene ni una sola sílaba en la que pudiera fundarse una acusación contra Vogt». Solo dije que a mí, después de leer la carta, no se me ocurrió sacar tales consecuencias. Pero la impresión subjetiva que la carta me produjo en ese momento está a años luz de un juicio objetivo sobre el contenido de la carta, y no digamos sobre las conjeturas que podían hacerse a partir de ella. Para un examen crítico de la carta, necesario para un juicio objetivo de ese tipo, no tuve ni motivo ni ocasión. Que el señor Blind, por ejemplo, entendía de otro modo las cartas de Vogt dirigidas a ti, a él, etc., lo sabías y lo sabes. En su artículo de la Free Press,6 por ejemplo, se mencionan expresamente esas cartas como corpora delicti, aunque no se den nombres. Lo mismo ocurre en su declaración en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo.

Del señor Vogt paso ahora al señor Beta,7 cuyo número 43 me he comprado a raíz de tu carta. Después de leer el opúsculo decidí hacer lo que llevo años haciendo: no hacer caso de semejante material. Pero hoy recibo de dos amigos muy cercanos (de fuera de Londres) la petición apremiante de hacer una declaración en interés del partido. Me pensaré los pros y los contras durante dos veces veinticuatro horas. Si después de pensarlo bien hablo, mi declaración contendrá en sustancia lo siguiente:

  1. Si se me quiere atribuir falsamente alguna influencia sobre ti, esta solo podría caer, a lo sumo, en la breve época de la Neue Rheinische Zeitung, en la que hiciste poemas muy famosos y, sin duda, los más populares tuyos.

  2. En pocas frases, un esbozo biográfico del señor Betzige, alias Hans Beta,8 desde los tiempos en que escribía en Berlín una hoja teatral de chantaje, … pasando por su actividad posterior en Leipzig, cuando al mismo tiempo me calumniaba en la Gartenlaube y se apropiaba de mis panfletos contra Palmerston, … hasta el presente, en que funge de factótum de Gottfried Kinkel. Quizá sería útil mostrar al público alemán qué banda de granujas del lumpenproletariado es la que más alto grazna en este momento en la charca podrida de la literatura alemana del día.

  3. Dos cartas de Heine a mí, para que el público decida entre la autoridad de Heine y la autoridad de Beta.9

  4. Por último, un par de cartas de Johann Kinkel y de Johanna Kinkel10 a mí en tiempos de la Neue Rheinische Zeitung. Con estas últimas bajaría al cura melodramático del caballo alto que ese padre Brei11 (así hay que enmendar la lectura que tú has aceptado) le adiestra en la palestra, tan característica de él, de una Gartenlaube.

Te comunico todo esto para que, si me decidiera a hacer una declaración, estés informado de antemano, como corresponde entre amigos.

En cuanto a Liebknecht, Kolb12 trata, evidentemente, de justificarse ante Cotta sacrificando a Liebknecht como chivo expiatorio, sobre la base de tu carta, por su propio quid pro quo, no por el de Liebknecht. Peccant reges, plectuntur Achivi13 sigue siendo verdad.

Para atajar cualquier malentendido, he enviado a Liebknecht, al mismo tiempo que estas líneas a ti, una copia de los pasajes de esta carta mía que se refieren al asunto Vogt.

Tu K. Marx.

  1. Wilhelm Liebknecht (1826-1900), miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en Londres, era corresponsal de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. Freiligrath le había escrito el 21 de noviembre. El asunto de fondo es el proceso que Carl Vogt (1817-1895), naturalista y antiguo diputado de Fráncfort, emigrado en Ginebra, había puesto a la Allgemeine Zeitung por reproducir la hoja anónima «Zur Warnung» («Advertencia»), que lo acusaba de estar a sueldo de Luis Bonaparte. Véanse Sobre el proceso de Karl Vogt contra la Allgemeine Zeitung de Augsburgo y El señor Vogt. ↩

  2. Según Mehring, la redacción de la Allgemeine Zeitung había añadido a una declaración de Freiligrath del 5 de noviembre, en la que este protestaba contra el uso de su nombre, una nota según la cual Liebknecht había escrito que Marx y Freiligrath declararían como testigos si Vogt llevaba su proceso a Londres. ↩

  3. Karl Blind (1826-1907), demócrata de Baden emigrado en Londres, a quien Marx tenía por autor de la hoja «Zur Warnung». ↩

  4. David Urquhart (1805-1877), diplomático y publicista británico, enemigo de Palmerston y de Rusia, organizaba mítines contra la política exterior británica. ↩

  5. En el original, en francés: à tout seigneur tout honneur. ↩

  6. The Free Press, periódico de Urquhart en Londres. ↩

  7. Heinrich Bettziech (1813-1876), periodista que firmaba «Beta». En el n.º 43 de 1859 de Die Gartenlaube, el semanario familiar de Leipzig, había publicado un artículo sobre Freiligrath según el cual el poeta, bajo la influencia de Marx, «virtuoso del odio», había perdido la voz, la libertad y la fuerza de carácter. ↩

  8. Así en Mehring, quizá por mala lectura del manuscrito: el apellido es Bettziech. ↩

  9. Heinrich Heine (1797-1856) había tratado mucho a Marx en París en 1843-1845. ↩

  10. Gottfried Kinkel (1815-1882), cuyo nombre completo era Johann Gottfried, y su mujer, la compositora Johanna Kinkel (1810-1858). ↩

  11. Alusión a la farsa de juventud de Goethe sobre el padre Brey, «el falso profeta». ↩

  12. Gustav Kolb (1798-1865), redactor jefe de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo, que publicaba la editorial Cotta. ↩

  13. En latín, «Pecan los reyes, pagan los aqueos»; variación del verso de Horacio (Epístolas, I, 2, 14): «Quidquid delirant reges, plectuntur Achivi». ↩