Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 26 de noviembre de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 629, pp. 440-442) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
26 de noviembre de 1859.
9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill, Londres.
Querido Engels:
El lunes te mandé una carta detallada sobre las riñas de gatos de aquí. El martes te mandé la Gartenlaube y el artículo de Beta. Esperaba, pues, cada día carta tuya, porque en estos affairs solo tus cartas mantienen todavía en pie los drooping spirits1 de mi mujer. Esta clase de porquería es sencillamente ridícula cuando por lo demás se vive pasablemente. Pero en mis circumstances, they weigh heavily upon the family.2
Hoy recibes, pues:
- Una carta de Lassalle a mí. La declaración que mandé a la Volkszeitung3 es la misma que apareció en el n.º 325 de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. (Otra, de dos columnas, sobre mi relación con la democracia vulgar, etc., ha aparecido en el n.º 139 de la Reform de Hamburgo. He aprovechado la ocasión para nombrarte como autor de Po y Rin, cosa que esa misma democracia vulgar oculta obstinadamente.) Por la carta de Lassalle ves que él, que in point of fact4 tocaba la misma trompeta que Vogt, no quiere en absoluto que el público berlinés se entere de mi oposición a Vogt y a su propaganda.
Por la misma carta ves que por fin quiere ponerse con su «Economía política», pero que prudentemente espera todavía tres meses, hasta tener en la mano mi segundo cuaderno. Los motivos por los que incluso desde ese lado «amigo» se hace todo para no romper la conspiration de silence5 están ahora claros.
He aprovechado la ocasión para escribir a Lassalle muy brevemente mi opinión sobre el asunto italiano y observarle a la vez que, si en adelante alguien quiere actuar en nombre del partido en un momento tan crítico, tiene que valer la siguiente alternativa. O consulta antes a los demás, o los demás (expresión eufemística para decir tú y yo) tienen derecho, sin consideración hacia el uno, a hacer valer su propia opinión ante el público.
- Una carta de Liebknecht a Freiligrath. Habrás visto por la Allgemeine Zeitung de Augsburgo que Freiligrath declara, en primer lugar, que se le ha convertido en acusador de Vogt «contra su voluntad y sin su conocimiento»; en segundo lugar, que «nunca ha escrito una línea para Das Volk» (no escribe nada en absoluto). El señor Kolb,6 que interpretó mal una carta privada de Liebknecht a él y que después de esta declaración de Freiligrath recibió un rapapolvo de Cotta,7 sacrifica naturalmente a Liebknecht como chivo expiatorio. Pero el indignado Freiligrath, que es un subaltern8 de Fazy,9 escribió una carta groserísima a Liebknecht. Lo adjunto es la respuesta de Liebknecht.
Pues bien, en la carta de Freiligrath a Liebknecht figuraba el siguiente passus:
«De Vogt solo tengo en mis manos una carta, fechada el 1 de abril de 1859. Esta carta, como Marx me reconoció todavía el sábado pasado (lo subrayo yo), no contiene ni una sola sílaba en la que se pudiera fundar una acusación contra Vogt. ¿Cómo iba yo, pues, a querer probarle intentos de soborno?».
Aunque, por un lado, Freiligrath me es indispensable para girar las letras sobre Nueva York; por otro, por razones políticas no quiero una ruptura con él; y, por último, with all his faults10 le tengo afecto personal, no pude dejar de hacerlo: era absolutamente necesario mandarle, con respecto a estas líneas, una protesta formal. Porque ¿quién me garantiza que no escriba lo mismo a Vogt y que este no lo haga imprimir?
Lo que él tergiversa fue, en efecto, esto: en mi encuentro con él, que giró en torno a Blind, no a Vogt, le conté (no hubo debate; menos aún me pidió él cuentas, como podría deducirse de la frase «Marx... reconoció») que él mismo había tenido a Blind por autor del panfleto, porque este le había contado lo mismo que a mí; que yo, antes de mi encuentro con Blind el 9 de mayo, no sabía nada de la actividad de Vogt salvo su carta a Freiligrath, de la cual, como él recordaría, yo no había deducido soborno, sino que más bien había vuelto a encontrar en ella la cháchara de política de taberna liberal y superficial, que en modo alguno me extrañaba. Esto es, desde luego, algo muy distinto de que yo le «reconociera que la carta no contiene ni una sola línea en la que se pudiera fundar una acusación». Se lo expongo y le manifiesto a la vez mi extrañeza de que no haya pedido cuentas a Blind, que en la Free Press trata como corpora delicti11 cartas parecidas (incluida la de Freiligrath). Hasta ahora no me ha contestado, aunque por lo demás siempre contesta enseguida. Sería posible, y sería fatal, que aprovechara esta ocasión para romper unas viejas relaciones de partido que, al parecer, le resultan molestas desde hace tiempo. However that may be,12 tenía que protestar contra esta versión.
Basta de porquería.
Ayer me contó un periodista tory que él, la semana que viene, en un weekly tory (el Weekly Mail, I think) aportaría la prueba de que Garibaldi ya recibía dinero de Bonaparte cuando andaba por Sudamérica como capitán mercante. Nous verrons.
Saludos a lupus.
Tu K. M.
Apropos! Ayer dije en mi artículo para la Tribune que pronto escribiría sobre el Rifle movement13 de aquí. Así que me gustaría que escribieras tú sobre ello.
«Ánimos decaídos». ↩
«Pesan gravemente sobre la familia». ↩
La Volks-Zeitung de Berlín. ↩
«De hecho». ↩
«Conspiración de silencio». ↩
Gustav Kolb, redactor jefe de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩
Georg von Cotta, editor de la Allgemeine Zeitung. ↩
«Subordinado». ↩
James Fazy (1794-1878), jefe del gobierno de Ginebra, protector de Vogt. Freiligrath dirigía en Londres la agencia de un banco suizo. ↩
«Con todos sus defectos». ↩
«Cuerpos del delito». ↩
«Sea como sea». ↩
El movimiento de los voluntarios fusileros británicos de 1859. ↩