Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 27 de febrero de 1861. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 737, pp. 14-16) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras, salvo la indicada como de Marx. Texto original.
27 de febrero de 1861.
Querido Engels:
Mañana me voy, pero con un pasaporte para Holanda extendido no a mi nombre, sino al de Bühring.1 Ha costado un trouble2 enorme, tanto eso como reunir el dinero suficiente para poder marcharme. He pagado sumas a cuenta muy pequeñas a los acreedores más urgentes; con otros (p. ej., el grocer) me he remitido a la crisis norteamericana y he conseguido un aplazamiento, pero solo a condición de que mi mujer pague semanalmente mientras yo esté fuera. Además, la semana que viene tiene que pagar 2 £ 18 sh. de impuestos.
Notabene. La carta de mi mujer (de hace about 8 días), en la que te da las gracias por el vino, ¿la has recibido? Está algo intranquila por si ha caído en malas manos. También las niñas te están muy agradecidas por el vino. Por parte de padre parecen aficionadas a la bebida.
Probablemente iré también a Berlín —sin pasaporte— para ver si sale adelante lo del semanario (Apropos! A Guillermo I lo llaman en Berlín «el guapo Guillermo») y, en general, para ver de cerca la porquería.
El cerdo de Blind3 ha publicado en el último número del Hermann una carta de Mazzini dirigida a él. Este tritón entrometido ha convencido por lo visto a M[azzini] de que él es el representante de la emigración alemana. Inunda ese mismo Hermann de meadas —patrióticas— sobre Schleswig-Holstein, dirige sobre el mismo asunto cartas firmadas con su nombre al Globe,4 etc. Por medio de Bronner —con él y con Schaible forma la «Unión por la Libertad y la Unidad»—5 ha sacado a un comerciante de Bradford tanto dinero que ha podido fundar en Hamburgo un periodiquillo cochino, el Nordstern, para darse importancia en el Norte, mientras que en el Sur, por mediación de Schaible, se hace pregonar en el Beobachter de Stuttgart (una especie de Volkszeitung del sur de Alemania)6 como el «Blind de hierro». Toda esta actividad la despliega el tritón, por un lado, para tapar a gritos su deshonra en El señor Vogt y, por otro, para convertirse en un Hecker secundus.7 Le pauvre hère.8
Los de Colonia han hecho una buena gestión con mi biblioteca. Han robado todo Fourier; ditto Goethe, ditto Herder, ditto Voltaire y, lo que me parece más infame, los Economistes du 18 siècle (nuevecitos, me costaron cerca de 500 francos) y muchos tomos de los clásicos griegos, muchos tomos sueltos de otras obras. Si llego a ir a Colonia, hablaré de ello dos palabras con Bürgers, el de la Asociación Nacional.9 La Fenomenología y la Lógica de Hegel, ditto.
Con tantas carreras cochinas de los últimos 14 días —hacía falta verdadera habilidad para impedir la ruina completa de la casa— no he leído ningún periódico, ni siquiera la Tribune sobre la American Crisis.10 En cambio, por las noches, para descansar, las Guerras civiles romanas de Apiano11 en el original griego. Libro muy valioso. El tipo es egipcio de origen. Schlosser12 dice que «no tiene alma», probablemente porque en estas guerras civiles va al fondo de su base material. Espartaco aparece como el tipo más formidable que puede mostrar toda la historia antigua. Gran general (no un Garibaldi), carácter noble, real representative13 del proletariado antiguo. Pompeyo, un mierda sin más; primero por escamotear los éxitos de Lúculo (contra Mitrídates), luego los de Sertorio (en España), etc., como young man14 de Sila, etc., se ganó una fama falsa. El Odilon Barrot15 romano como general. En cuanto tiene que mostrar frente a César lo que vale, un piojoso. César cometió los mayores errores militares, locuras deliberadas, para desconcertar al filisteo que tenía enfrente. Un general romano corriente, Craso por ejemplo, lo habría aniquilado seis veces durante la campaña del Epiro. Pero con Pompeyo todo era posible. Shakespeare, en su Love’s Labour Lost,16 parece haber tenido una idea de lo que P[ompeyo] era de verdad.
Salut.
Tuyo, K. M.
Te escribiré desde Holanda. Sabes, sin que yo te lo escriba, lo agradecido que te estoy por estas extraordinarias pruebas de amistad.
(Nota de Marx.) Bühring: el que antes representaba el proletariado de Faucher, sus proletarios del free-trade; un verdadero genio inventor, pero ningún hombre de negocios, y por eso siempre estafado, mientras otros explotan sus inventos. [Julius Faucher, publicista librecambista, había vivido en Londres en los años cincuenta.] ↩
«Molestias, trabajo». ↩
Karl Blind (1826-1907), demócrata badense emigrado en Londres, a quien El señor Vogt atacaba con dureza. ↩
The Globe, diario de la tarde de Londres. ↩
Eduard Bronner y Karl Heinrich Schaible, demócratas badenses emigrados en Inglaterra. ↩
Der Beobachter, diario demócrata de Stuttgart; la Volkszeitung, diario demócrata de Berlín. ↩
«Un segundo Hecker». Friedrich Hecker (1811-1881), jefe de la insurrección republicana de Baden de abril de 1848, emigrado a los Estados Unidos. ↩
«El pobre diablo». ↩
Heinrich Bürgers, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas y redactor de la Neue Rheinische Zeitung, condenado en el proceso de Colonia de 1852; ahora se había pasado al Nationalverein. Marx había dejado en Colonia sus libros al marcharse en 1849. ↩
«La crisis norteamericana». ↩
Apiano de Alejandría, historiador griego del siglo II, autor de una Historia romana cuyos libros XIII a XVII tratan de las guerras civiles. ↩
Friedrich Christoph Schlosser (1776-1861), historiador alemán. ↩
«Verdadero representante». ↩
«Joven», «protegido». ↩
Odilon Barrot (1791-1873), jefe de la oposición dinástica bajo Luis Felipe y primer ministro de Luis Bonaparte en 1848-1849; para Marx, el prototipo de la mediocridad pomposa. ↩
Trabajos de amor perdidos, en cuyo último acto el patán Costard hace de «Pompeyo el Grande» en la representación de los Nueve de la Fama. ↩