Carta de Friedrich Engels al Directorio de la Schiller-Anstalt, el círculo cultural alemán de Manchester, escrita en Manchester en mayo de 1861. La carta no lleva fecha: responde a un aviso del bibliotecario fechado el 2 de mayo, que Engels dice haber recibido «hace algún tiempo». La MEW la fecha hacia el 3 de mayo, y aquí se ordena en ese día, el primero posible; pudo escribirse unos días o semanas después. Publicada por primera vez, sin firma, por F. P. Schiller en «Friedrich Engels und die Schiller-Anstalt in Manchester», Marx-Engels-Archiv, t. II (Fráncfort del Meno, 1927, pp. 487-488), de donde se traduce, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original

Al Directorio de la Schiller-Anstalt.1

Tengo el honor de presentar en el anexo I copia de un escrito del bibliotecario que se me entregó hace algún tiempo.2 Cuando me permití hacer al señor Stoessel algunas observaciones sobre la forma de expresarse que en él se usa, este me respondió, como era de esperar, que el escrito era una simple copia de un formulario prescrito por la Sección Literaria del Directorio.

Si me veo, pues, obligado a llevar ahora estas observaciones ante el Directorio, debo subrayar ante todo que no afectan en lo más mínimo al contenido del escrito. Con él, con la estricta observancia del plazo de lectura fijado para los libros, con el cobro de «multas» por rebasar ese plazo y, en general, con el mantenimiento de las leyes y reglamentos de la institución, todo el mundo estará sin duda de acuerdo. Aquí se trata solo del tono en que está redactado este documento. Este tono se aparta tanto del que es habitual en la correspondencia entre personas educadas que he de confesar que no estoy acostumbrado a recibir semejantes cartas, y, según me dijo el señor Stoessel, no soy el primero al que le llama la atención esta forma, por decirlo suavemente, brusca.

En efecto, al leer este escrito me creí de pronto trasladado a la patria. Creí tener en la mano, en vez de un escrito del bibliotecario de la Schiller-Anstalt, una conminación categórica de algún comisario de policía alemán, en la que, bajo amenaza de severo castigo, se me ordena reparar «en el plazo de 24 horas» tal o cual infracción. El uniforme del ordenanza que me notificó este requerimiento, por lo demás tan inocente, no pudo esta vez sino contribuir a hacer más completa la ilusión.

Con ocasión de este incidente, me decidí a releer el llamamiento que se publicó el 12 de noviembre de 18593 como programa, por así decir, de la Schiller-Anstalt en ciernes. Ese programa aparece ahora, tras el citado escrito del bibliotecario, bajo una luz muy peculiar. Dice allí que la Schiller-Anstalt debe servir para «que el joven alemán… se encuentre aquí enseguida más en casa…, moral e intelectualmente mejor guardado y atendido… y, sobre todo, regrese a la patria sin haberse enajenado de ella». No hay duda de que el estilo burocrático de semejantes escritos oficiales es de lo más apropiado para que el destinatario se sienta enseguida en suelo patrio y tenga que creer que está tan bien, si no «mejor guardado y atendido», que en casa, en el querido Estado policial patriótico, esa gran casa de guarda y atención de párvulos; y mientras florezcan escritos oficiales de este género, no hay sin duda el menor peligro de que ningún socio de la Schiller-Anstalt se enajene de la patria. Es más, si algún socio, por excepción, no hubiera encontrado todavía en casa ocasión de familiarizarse con las formas del servicio burocrático y con el lenguaje imperativo de las autoridades, parece que la Schiller-Anstalt quiere ofrecerle la mejor ocasión de hacerlo; y así habrá que entender sin duda la promesa del programa de que la Schiller-Anstalt contribuirá a «que también el que, ya entrado en años, vuelva a fijar su residencia en la patria, haya conservado, junto con la lengua y la cultura alemanas, también la capacidad de actuar públicamente como hombre y ciudadano alemán, e incluso la haya desarrollado en sí en mayor grado».

Desde luego, a muchos socios difícilmente se les habrá pasado por la imaginación que el espíritu alemán, en el sentido más pleno de la palabra, para cuyo cultivo la Schiller-Anstalt ha de ser un punto de unión, comprenda entre otras cosas también aquel espíritu de la burocracia que, por desgracia, en casa todavía tiene firmemente en sus manos todo el poder político, pero contra el cual lucha toda Alemania y sobre el que precisamente ahora consigue victoria tras victoria.4 Este tono directamente imperativo, estos requerimientos categóricos de obedecer la orden en el plazo de 24 horas, en todo caso están aquí fuera de lugar; y si, en vez de catorce días de arresto a pan y agua, les sigue la terrible amenaza de una multa de media corona,5 resultan además cómicos.

La Schiller-Anstalt cuenta entre sus socios, además de alemanes, a ingleses, holandeses y daneses, a quienes este tono no les sonará en absoluto «a cosa de casa». Me permito preguntar qué pensarán esos socios del «espíritu alemán» cuando reciban escritos de este género.

Se da el caso de que yo mismo pertenezco por el momento a la sección literaria de otra sociedad de aquí,6 que no tiene bibliotecario, y con frecuencia tengo que enviar yo mismo circulares a los socios en casos parecidos. Adjunto en el anexo II la forma que se usa en ellas; no pretende ni de lejos servir de modelo, pero quizá pueda demostrar que se puede alcanzar el mismo fin sin faltar a las consideraciones que las personas educadas se deben unas a otras.

Lo repito: el fortiter in re es sin duda muy bueno, pero me parece que los socios también tienen derecho al suaviter in modo.7 Que la mano de hierro de la Sección Literaria caiga, en buena hora, sobre la cabeza de todo culpable, pero que se ponga también un guante de terciopelo. Y por eso ruego al Directorio que tenga a bien procurar que en la correspondencia oficial de la Sección Literaria con los socios se tomen como modelo no tanto las formas de las órdenes de las oficinas administrativas alemanas a sus administrados, como las formas de la correspondencia entre personas educadas.

  1. La Schiller-Anstalt («Institución Schiller») de Manchester nació de las fiestas del centenario del nacimiento de Schiller, en noviembre de 1859, como club alemán con biblioteca y sala de lectura. Engels fue miembro de su Directorio desde 1864 y su presidente hasta 1868. ↩

  2. El aviso del bibliotecario, V. Stoessel, fechado en Manchester el 2 de mayo de 1861, conminaba a Engels, «en conformidad con el § 34 de las disposiciones complementarias», a devolver a la biblioteca en el plazo de 24 horas el segundo tomo de Altes und Neues, de Carl Vogt, con una multa que aumentaría si no lo hacía. El anexo II no se conoce. ↩

  3. El llamamiento de los promotores de la Schiller-Anstalt, publicado dos días después del centenario del nacimiento de Schiller (10 de noviembre de 1759). ↩

  4. Alusión a los progresos de la oposición liberal en Prusia y en otros Estados alemanes en la «nueva era» abierta en 1858. ↩

  5. Moneda inglesa de dos chelines y seis peniques. ↩

  6. Probablemente el Albert Club, club alemán de Manchester, en cuyo comité estuvo Engels muchos años. ↩

  7. «Firmeza en el fondo, suavidad en la forma», máxima latina atribuida al general de los jesuitas Claudio Acquaviva. ↩