Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 10 de mayo de 1861. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 739, pp. 19-23) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
10 de mayo de 1861.
Querido Frederick:
Te adjunto d’abord una fotografía. Lupus y Gumpert recibirán una cada uno, ditto, en cuanto tenga más copias. Mandé hacer esos chismes, en parte para mi primo de Róterdam, en parte in exchange1 por las fotografías que me dieron en Alemania y en Holanda. En segundo lugar, un recorte sobre El señor Vogt de un periódico de Düsseldorf. Por último, te mando una Free Press,2 ya atrasada, porque puede que tú y Lupus no hayáis seguido con tanta atención los debates del Parlamento sobre el asunto de Afganistán.3 Ha sido el mayor check4 que ha sufrido Pam5 desde 1848.
Lo que dices del proyecto de periódico en Berlín es exactamente lo que yo pienso, y ya le había apuntado al Lázaro,6 mutatis mutandis, lo principal. Como en Berlín ya le había declarado en firme que sin ti y sin Lupus no emprendería nada parecido, me había comprometido, eso sí, también en firme, a exponeros el asunto «ernscht y objetivamente»,7 y con eso salvavi animam meam.8
Apropos! Lassalle-Lázaro. Lepsius,9 en su gran obra sobre Egipto, ha demostrado que el éxodo de los judíos de Egipto no es otra cosa que la historia que cuenta Manetón10 de la expulsión de Egipto del «pueblo de los leprosos», a cuyo frente se puso un sacerdote egipcio llamado Moisés. Lázaro el leproso es, pues, el prototipo del judío y de Lázaro-Lassalle.11 Solo que a nuestro Lázaro la lepra se le ha subido a la cabeza. Su enfermedad fue en origen una sífilis secundaria mal curada. De ella se le desarrolló una caries ósea en una pierna, y de eso le ha quedado algo, según dice su médico, Frerich12 (no sé cómo se escribe el nombre de este célebre profesor): una neuralgia o something of the sort13 en una pierna. Para daño de su propio cuerpo, nuestro Lázaro vive ahora con tanto lujo como su contrafigura, el rico, y eso lo tengo por uno de los principales obstáculos para su curación. En general, se ha vuelto demasiado distinguido y le parecería un sacrilegio, por ejemplo, entrar en una cervecería. Lo curioso es que me preguntó por lo menos cuatro veces a quién me refería con Jakob Wiesenriesler en el Vogt.14 Aunque, con su vanidad, que se ha vuelto de veras «objetiva», eso no era más que usus naturae.15 Su nueva obra jurídica primordial (el Dharma)16 nos la mandará a todos.
En Berlín visité también a Friedrich Köppen.17 Lo encontré igual que siempre. Solo que ha engordado y está «espantoso». Las dos veces que me fui de copas a solas con él fueron un verdadero alivio para mí. Me ha regalado sus dos tomos sobre Buda, una obra importante. Por él supe también cómo el piojoso Zabel18 y compañía se hicieron con la National-Zeitung. El periódico se fundó en 1848 con acciones pagadas de una vez en su totalidad (pero sin contrato propiamente dicho, in a loose way).19 Mügge,20 Köppen y otros anduvieron de un lado a otro con ese fin. Rutenberg21 entró de redactor jefe, con Zabel con él y a sus órdenes, y por último el judío Wolff22 como gerente. El periódico subió enseguida gracias a su moderación de filisteo de cerveza blanca23 y a su servicio a la izquierda parlamentaria. A Rutenberg lo echaron sus socii24 con el pretexto, cierto o falso, de que tomaba una línea demasiado conservadora y recibía propinas de Hansemann.25 Zabel metió a un peluquero que escribía por él, mientras Zabel se ocupaba, con sus charlas con los filisteos de la cerveza blanca en las distintas tabernas, de su creciente popularidad. El coup d’état (de Manteuffel)26 y los diversos golpes de fuerza contra la prensa, que en su forma más brutal duraron hasta finales de 1850, dieron un pretexto bienvenido para no convocar ninguna junta de accionistas. Entretanto el periódico, que no había encontrado sus verdaderas condiciones de existencia hasta la supresión completa de la prensa revolucionaria y la llegada del régimen de Hinckeldey y Stieber,27 ganó favor entre los filisteos. Se convirtió en un negocio, y about28 1852 una parte de los accionistas se puso pesada y exigió rendición de cuentas, junta general, etc. A los más reacios los llamaron entonces aparte el judío Wolff y el cand. theol.29 Zabel. Les revelaron en confianza que, para no arruinar el periódico, había que guardar con la mayor religiosidad un silencio sepulcral sobre sus finanzas, porque en realidad estaba en quiebra. (En realidad, la acción, que al principio valía 25 táleros, valía ya entonces 100.) Así que no había que sacarlo, d’une manière ou d’une autre,30 de su tímido escondite financiero. No obstante, por especial consideración, se les devolvería a ellos (es decir, a los accionistas más malintencionados) por excepción su aportación a cambio de sus acciones. Así se compró a los más peligrosos. La farsa se repitió varias veces. Pero la mayoría de los así comprados en confianza no recibió, según el grado de su resistencia pasiva, más que del 40 al 5 % de su aportación original. Una parte muy considerable de los mandrias liberales no ha recibido hasta este momento ni un farthing,31 ni ha conseguido tampoco una rendición de cuentas. Por miedo a la Kreuzzeitung, se callan. Con esta escroquerie,32 pues, el judío Wolff y el cand. theol. Zabel se han convertido en grandes dignatarios del liberalismus vulgaris, poseedores de «dinero sobrante». ¡Lástima no haber conocido antes la historia!33
Rutenberg ha pasado de Manteuffel a Schwerin34 como pieza de inventario expresamente garantizada. Ahora recorta con tijeras la Staatszeitung,35 un periódico que ya no lee nadie. Una especie de London Gazette.36 Bruno,37 al que dicen que le ha ido de pena, se ofreció en vano al ministerio actual, es decir, para seguir colaborando en la oficiosa Preußische Zeitung. Ahora es el principal colaborador del Staatslexikon de Wagener,38 el de la Kreuzzeitung. Por lo demás, granjero en Rixdorf, o como se llame el poblacho.
Asistí una vez a una sesión de la segunda Cámara desde la tribuna de prensa. Ya había asistido, ditto, en el verano de 1848, a una sesión de los «pactistas» prusianos.39 Quantum mutatum ab illis!40 ¡Y eso que tampoco aquellos eran titanes, desde luego! Una sala de sesiones estrecha. Tribunas de público escasas. Los tipos se sientan en bancos (los «señores», en cambio, en butacas): una extraña mezcla de oficina y de aula. Una Cámara belga, a su lado, resulta imponente. Simson o Sansón,41 como se llama el presidente, se venga de las patadas que recibió de Manteuffel imponiendo ahora la disciplina —con toda la grotesca y brutal magistralidad de un huissier42 ministerial— con su quijada de asno a los filisteos que se acurrucan abajo. En cualquier otra asamblea, esa indecible species43 de insolencia lacayuna personificada ya se habría llevado unas bofetadas. Por asqueroso que sea en Berlín, sobre todo en los teatros, el predominio del uniforme (Apropos! Para insultar a la familia real, la Hatzfeldt me llevó ya los primeros días a un palco pegado al del «guapo Guillermo» y consortes. Tres horas de ballet. Esa era la única función de la velada. Otra cosa muy de Berlín), tanto se alegra uno cuando entre esa juventud escolar burocrática y agachada descubre aquí y allá a un tipo de uniforme que por lo menos lleva la cabeza alta y se sienta bien derecho. Estaba hablando Vincke, cosa que no deja de hacer en ninguna sesión. Encima, yo había idealizado al tipo. Si le hubiera oído hablar antes, el retrato habría salido muy distinto. En una mala comedia de Freytag que vi en Berlín, titulada Los periodistas,44 sale un gordo filisteo de Hamburgo, comerciante de vinos, llamado Piepenbrink. Vincke es la copia de ese Piepenbrink. Un patois45 hamburgués-westfaliano de lo más repugnante, palabras masticadas a toda prisa una detrás de otra, ninguna frase bien construida ni acabada. ¡Y este es el Mirabeau de la Hasenheide!46 Las únicas figuras con aspecto por lo menos decente en ese establo de pigmeos son Waldeck,47 de un lado, y del otro, Wagener y el Don Quijote de Blankenburg.48
En Elberfeld, visita a Siebel. Cené con él en Barmen. Mujer joven y guapa, canta bien, admira a su Karl, me gustó en cierto modo. Siebel, el de siempre. Su trato principal, un periodista liberal (antes corresponsal en Münster de la Neue Rheinische Zeitung), poetas, músicos y pintores. El mejor me pareció Seel.49 Siebel me llevó a la «California» de Barmen,50 tipos sosos. Me ofrecieron un brindis. Hice explicar por Siebel que estaba ronco, de modo que él respondió por mí con unas cuantas gracias sosas, que sin embargo estaban am right place.51 Siebel dice que su padre lo imita en todo, en hacer versos y en beber, así que se puede decir: de tal astilla, tal palo.52
En Colonia, visita a Schneider II y al doctor Klein.53 Sin cambios; si acaso, más avanzados todavía. Estuve un par de horas de copas con ellos. En una taberna vi también, de incógnito, a Stuhlgang Königswinter (Wolfgang Müller).54 Visita a la señora Daniels.55 No al loco de Bürgers,56 miembro de la Asociación Nacional. Pero de esto, más adelante. Me he puesto tan a charlar que todavía no he llegado a lo principal. Así que, en la próxima.
Totus tuus.57
K. M.
«A cambio». ↩
The Free Press, periódico londinense de David Urquhart, enemigo declarado de Palmerston. ↩
El debate de marzo de 1861 en la Cámara de los Comunes sobre los despachos diplomáticos de la primera guerra de Afganistán (1839), que el gobierno de Palmerston había publicado mutilados. ↩
«Revés». ↩
Henry John Temple, vizconde de Palmerston (1784-1865), primer ministro británico. ↩
Mote de Lassalle entre Marx y Engels, por el parecido del nombre. ↩
Remedo de la pronunciación de Lassalle (ernst, «en serio»). ↩
«He salvado mi alma» (es decir, he cumplido con mi deber). ↩
Richard Lepsius (1810-1884), egiptólogo alemán, autor de Denkmäler aus Ägypten und Äthiopien (1849-1859). ↩
Manetón, sacerdote e historiador egipcio del siglo III a. C. ↩
Marx juega con el Lázaro de la parábola de Lucas 16, el mendigo cubierto de llagas, frente al cual está el rico Epulón (el «rico» que se nombra más abajo). ↩
Friedrich Theodor Frerichs (1819-1885), médico y catedrático de Berlín; la MEGA¹ advierte en nota que el nombre correcto es Frerichs. ↩
«Algo por el estilo». ↩
El señor Vogt (Londres, 1860), el escrito de Marx contra Carl Vogt. ↩
«Cosa natural». ↩
Das System der erworbenen Rechte (El sistema de los derechos adquiridos, Leipzig, 1861). Dharma es, en sánscrito, la ley o el derecho. ↩
Karl Friedrich Köppen (1808-1863), historiador, amigo de Marx en el círculo de los jóvenes hegelianos de Berlín; autor de Die Religion des Buddha (2 tomos, 1857-1859). ↩
Friedrich Zabel (1802-1875), redactor jefe de la National-Zeitung de Berlín, contra la que Marx había pleiteado en 1860 por difamación, por los artículos en que había difundido las acusaciones de Vogt. ↩
«De manera informal». ↩
Theodor Mügge (1806-1861), novelista y periodista berlinés. ↩
Adolf Rutenberg (1808-1869), antiguo joven hegeliano, amigo de Marx en Berlín. ↩
Bernhard Wolff (1811-1879), editor de la National-Zeitung y fundador de la agencia telegráfica que llevó su nombre. ↩
La Weißbier, cerveza blanca berlinesa, símbolo para Marx del filisteo de la capital. ↩
«Socios». ↩
David Hansemann (1790-1864), banquero de Aquisgrán, ministro de Hacienda prusiano en 1848. ↩
El golpe contrarrevolucionario de noviembre-diciembre de 1848 en Prusia, que disolvió la Asamblea Nacional. Otto von Manteuffel (1805-1882) fue ministro del Interior de 1848 a 1850 y jefe del gobierno de 1850 a 1858. ↩
Karl Ludwig von Hinckeldey (1805-1856), jefe de la policía de Berlín; Wilhelm Stieber (1818-1882), jefe de la policía política prusiana y fabricante de pruebas en el proceso de los comunistas de Colonia (1852). ↩
«Hacia». ↩
Candidatus theologiae, licenciado en teología. ↩
«De una manera u otra». ↩
Moneda de un cuarto de penique. ↩
«Estafa». ↩
Es decir, cuando escribía El señor Vogt, donde Marx ataca a Zabel. ↩
Maximilian von Schwerin-Putzar (1804-1872), ministro del Interior prusiano de 1859 a 1862. ↩
El Königlich Preußischer Staats-Anzeiger, diario oficial prusiano. ↩
El boletín oficial del gobierno británico. ↩
Bruno Bauer (1809-1882), el antiguo jefe de los jóvenes hegelianos. ↩
Hermann Wagener (1815-1889), redactor jefe de la Kreuzzeitung hasta 1854, editor del Staats- und Gesellschafts-Lexikon (1859-1867). En la carta, Marx escribió «Wagner», que la MEGA¹ corrige. ↩
La Asamblea Nacional prusiana de 1848, llamada «asamblea de pacto» (Vereinbarungsversammlung) porque debía pactar la constitución con la Corona. ↩
«¡Cuánto han cambiado respecto de aquellos!» (eco de Virgilio, Eneida, II, 274: quantum mutatus ab illo). ↩
Eduard Simson (1810-1899), presidente de la Cámara de Diputados prusiana y antes de la Asamblea Nacional de Fráncfort. Marx juega con Sansón, que mató a mil filisteos con una quijada de asno (Jueces 15). ↩
«Ujier». ↩
«Especie». ↩
Gustav Freytag (1816-1895), novelista y dramaturgo liberal; su comedia Die Journalisten es de 1852. En la carta, Marx escribió «Freitag» y «Piepenpriek», que la MEGA¹ corrige. ↩
«Habla dialectal». ↩
Parque de Berlín donde Jahn había abierto en 1811 el primer campo de gimnasia patriótica. ↩
Benedikt Waldeck (1802-1870), jefe de la izquierda democrática en la Asamblea Nacional prusiana de 1848. ↩
Moritz von Blanckenburg (1815-1888), diputado conservador, amigo de Bismarck. ↩
Seguramente Richard Seel, pintor de Elberfeld. ↩
Una sociedad recreativa de Barmen. ↩
«En su sitio». ↩
Marx invierte el refrán Der Apfel fällt nicht weit vom Stamm («la manzana no cae lejos del tronco», «de tal palo, tal astilla»). ↩
Karl Schneider II, abogado de Colonia, defensor en el proceso de los comunistas de 1852; Johann Jacob Klein, médico de Colonia, acusado y absuelto en ese proceso. ↩
Wolfgang Müller von Königswinter (1816-1873), médico y poeta de Düsseldorf. Marx deforma burlonamente su nombre con Stuhlgang («deposición»). ↩
Amalie Daniels, viuda de Roland Daniels (1819-1855), médico de Colonia, amigo de Marx y acusado en el proceso de los comunistas. ↩
Heinrich Bürgers (1820-1878), antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, condenado en el proceso de Colonia; luego, liberal progresista. ↩
«Todo tuyo». ↩