Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 9 de junio de 1861. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 741, pp. 23-26) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
9 de junio de 1861.
Querido Frederick:
He aplazado tanto la carta porque Weber (el relojero del Palatinado)1 me había prometido un informe sobre la sesión de la Asociación Nacional de Londres2 en la que a Kinkel le pasaron cosas tan singulares y a la que Weber asistió como hospitant.3 Hasta hoy no he recibido de él lo que te adjunto. Por el último Hermann4 habrás visto de qué se trata. La sesión decisiva se ha aplazado al sábado de la semana que viene. Entretanto, Juch,5 provisto de los supplies6 necesarios por un comerciante alemán de la City, se ha ido a Coburgo para conseguir que el comité central de la Asociación Nacional, que tiene allí su sede, expulse a Zerffi7 (y así, implicite, a Kinkel). Es divino que Gottfried haya puesto en un estado de furia fanática a toda la burguesía liberal de la City con su servilismo ante los ingleses. También de Bonn han llegado cartas en las que se amenaza a Gottfried «con una paliza» cuando vuelva. El secreto de por qué Zerffi (que seguramente actúa por encargo directo) y Gottfried toman partido por Mac Donald:8 Gottfried tiene un empleo inglés de conferenciante en el Kensington Museum, y el buen Zerffi, en una institución de Ashley (Shaftesbury).9 Los únicos allies10 de Gottfried son los menestrales de las sociedades «apolíticas» de canto y demás sociedades de taberna. A estas últimas Gottfried (seguramente con dinero inglés) las ha hecho entrar en masa en la Asociación Nacional la semana pasada. (Puede hacerse miembro de esa asociación de cerdos cualquiera que saque una tarjeta en casa de Trübner,11 con una minimum contribution de 3 sh.) Ditto, Gottfried ha celebrado una reunión privada con sus partidarios y ha mandado una delegación a Heintzmann para que (por haber ofendido la dignidad de Gottfried) dimitiera voluntariamente de la presidencia, o si no se presentaría una moción con ese fin. By the by,12 no tengo que olvidar contarte que, cuando el escándalo estaba en marcha, mi amigo Rheinländer13 entró en la asociación (de acuerdo conmigo) y metió a medio centenar de socios (dependientes de comercio la mayoría) de su sociedad coral de Islington, que fueron los que armaron el gran escándalo contra Gottfried. Rheinländer me dice que los comerciantes alemanes de la City nunca se habían metido con tanto fanatismo en un asunto político. No tendría precio que Gottfried se viera obligado a salir de la Asociación Nacional por arrastrarse ante un gobierno extranjero. Con eso se habría acabado su posición entre la chusma alemana de la middle class, ¿y qué es él sin ella? Gottfried nota que para él aquí se trata de mantenerse en pie o caer, y por eso se mueve a su manera. Lo que más le duele es oír ahora por todas partes: «Al final, el Volk14 y “Marx” tenían razón contra él». En casa de un conocido del impresor Hirschfeld15 dijo: «La banda del azufre16 está detrás de todo el asunto como dirigente invisible». ¿No es bonito que a nosotros, que no movemos un dedo, nuestros enemigos nos atribuyan una «energía» tan misteriosa?
El segundo anexo que te mando (y que te pido que me devuelvas, porque tengo que contestarlo) es una carta de la Hatzfeldt. Voy a tenerla como corresponsal privada en Berlín, porque tiene incomparablemente más entendimiento político (aparte de sus buenos resources)17 que «el paso que lleva en sí mismo el principio sistemático de su andar» (Lassalle, tomo II, p. 545).18 (Apropos! ¿Tú y Lupus habéis recibido el opus de Lassalle, no?) Para aclararte dos pasajes de su carta, lo siguiente. En el asunto Blanqui19 le hice llegar una carta de Bruselas (de Denonville).20 Se trata ante todo de dinero para imprimir un folleto que publica Denonville sobre el infame proceso de Blanqui (debates, etc., y comentarios). El propio Blanqui, por medio de Denonville, me ha dado las gracias muy calurosamente, a mí y al parti prolétaire allemand (in partibus),21 por nuestra simpatía. Me parece muy bien que volvamos a tener relaciones directas con el partido decididamente revolucionario de Francia.
Segundo punto: en la carta a Lassalle en la que le anunciaba que lo del periódico, por ahora, no iba a ser, le escribí, para dorarle la píldora, que a lo mejor iba a Berlín en invierno.
El juicio de la Hatzfeldt sobre la democracia oficial de Berlín es del todo acertado. Con el pueblo propiamente dicho, naturalmente, no tiene trato, y tampoco conoce, naturalmente, el tono de las tabernas, que es mejor.
Muchas gracias por la carta sobre América. Si pasa algo importante (militarmente), escríbeme siempre tu opinión. Por la imagen que me he hecho del general Scott22 (que además tiene ya 76 años) por la guerra de México (véase Ripley),23 espero de él los mayores blunders,24 a menos que otros controlen al viejo burro. Sobre todo, lentitud e indecisión. Por lo demás, veo por los hechos que da la Tribune que el Norte habla ya abiertamente de guerra de esclavos y de abolición de la esclavitud.
Lord Montagu,25 como ya había anunciado, sacó ayer en los Comunes, con motivo del asunto de Schleswig-Holstein, el Protocolo de Londres de Palmerston de 1850 (sobre la sucesión danesa),26 etc. El viejo recurrió a su medio de costumbre. Apenas había empezado Montagu su discurso, se le puso un final espantoso con un count out27 de la Cámara preparado de antemano.
El sábado tengo que pagar 2 £ de impuestos, y me vendría bien que me las mandaras. A principios de julio vuelvo a recibir algo de dinero. No te extrañará que lo que traje ya se haya acabado, porque a las deudas por las que me fui de viaje se suman ahora casi 4 meses más (sin ingresos), y solo el colegio y el médico se comieron cerca de 40 £.
¿Qué pasa con L. Simon,28 del que también se dice algo al final de la carta de la Hatzfeldt? ¿Estaba Simon en la Landwehr? En todo caso, tú has pecado más que Ludwig (que no estuvo en campaña en ninguna parte, etc.). No entiendo el asunto. Saludos a Lupus.
Tuyo, K. M.
Joseph Valentin Weber, relojero emigrado del Palatinado, establecido en Londres. ↩
La sección londinense de la Asociación Nacional Alemana (Deutscher Nationalverein), fundada en 1859 por liberales y demócratas partidarios de la unificación de Alemania bajo la dirección de Prusia; su comité central estaba en Coburgo. ↩
«Oyente», invitado sin derecho a voto. ↩
Hermann, semanario alemán de Londres fundado por Gottfried Kinkel en 1859. ↩
Hermann Juch, periodista alemán emigrado en Londres. ↩
«Fondos». ↩
Gustav Zerffi (1820-1892), periodista húngaro emigrado en Londres, colaborador de Kinkel. ↩
El capitán Macdonald, oficial británico detenido y condenado en Bonn en 1860 tras un altercado con funcionarios del ferrocarril, incidente que envenenó las relaciones entre Prusia e Inglaterra. ↩
Anthony Ashley-Cooper, conde de Shaftesbury (1801-1885), político conservador y filántropo. ↩
«Aliados». ↩
Nikolaus Trübner (1817-1884), librero y editor alemán establecido en Londres. ↩
«Por cierto». ↩
Georg Friedrich Rheinländer, emigrado alemán, comerciante en Londres. ↩
Das Volk, semanario alemán publicado en Londres en 1859, en el que colaboraron Marx y Engels. ↩
Impresor alemán de Londres, que había impreso Das Volk. ↩
Schwefelbande: así había llamado Carl Vogt al grupo de Marx; Marx le respondió en El señor Vogt. ↩
«Recursos». ↩
Del segundo tomo de El sistema de los derechos adquiridos (Leipzig, 1861). ↩
Auguste Blanqui (1805-1881), detenido en marzo de 1861 y condenado en junio a cuatro años de cárcel. ↩
Seudónimo de Louis Watteau, médico blanquista emigrado en Bruselas. ↩
«Al partido proletario alemán (in partibus infidelium)», es decir, que solo existe en el nombre, como los obispos titulares de diócesis en tierra de infieles. ↩
Winfield Scott (1786-1866), general en jefe del ejército de los Estados Unidos, que había mandado la campaña de México de 1847. ↩
Roswell Sabine Ripley, The War with Mexico (Nueva York, 1849). ↩
«Pifias». ↩
Lord Robert Montagu (1825-1902), diputado conservador. ↩
El protocolo firmado en Londres en 1850 por las grandes potencias, preludio del Tratado de Londres de 1852 sobre la integridad de la monarquía danesa y su sucesión. ↩
Levantamiento de la sesión por falta de quórum (cuarenta diputados). ↩
Ludwig Simon (1810-1872), diputado de Tréveris en la Asamblea Nacional de Fráncfort, emigrado en Francia. ↩