Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 30 de julio de 1862 (el año y el lugar los añaden los editores de la MEGA¹). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 786, pp. 82-84) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
30 de julio.
Querido Engels:
Por los papelotes adjuntos verás en parte cómo estoy de bothered.1 El landlord se ha dejado calmar hasta ahora; tiene que cobrar 25 libras. El hombre del piano, que cobra los plazos del piano, tenía que haber recibido ya a finales de junio 6 libras, y es un patán muy grosero. Tengo en casa recibos de impuestos por 6 libras. La porquería de deudas de unas 10 libras la he pagado por suerte, porque hago todo lo posible por ahorrar a las niñas humillaciones directas. Al carnicero le he pagado 6 libras a cuenta (¡y eso eran todos mis ingresos de un trimestre de la Presse!), pero el tipo me vuelve a apretar, por no hablar del panadero, del tea grocer, del greengrocer2 y de como se llame toda esa ralea del demonio.
El negro judío Lassalle,3 que por suerte se marcha a finales de esta semana, ha vuelto a perder felizmente 5000 táleros en una especulación fallida. El tipo antes tiraría el dinero a la basura que prestárselo a un «amigo», aunque le garantizaran intereses y capital. Y además parte de la idea de que tiene que vivir como un barón judío o como un judío embaronado (seguramente por la condesa4). ¡Imagínate que el tipo, que sabe lo de América, etc., y conoce por tanto la crisis en que me encuentro, tuvo la desfachatez de preguntarme si quería entregar a una de mis hijas como «dama de compañía» a la Hatzfeldt y si debía conseguirme a mí la protección de Gerstenberg5 (!)! El tipo me ha hecho perder tiempo y, según opinaba el animal, como ahora yo «no tengo negocio», sino que solo hago un «trabajo teórico», ¡bien podía matar el tiempo con él! ¡Para guardar ciertas dehors6 ante el muchacho, mi mujer tuvo que llevar a la casa de empeños todo lo que no estaba clavado!
Si no estuviera en esta situación espantosa y no me irritara ver al parvenu dar golpecitos en la bolsa del dinero, me habría divertido de lo lindo. Desde el año en que lo vi7 se ha vuelto completamente loco. La estancia en Zúrich (con Rüstow, Herwegh,8 etc.), el viaje posterior por Italia y luego su «Señor Julian Schmidt», etc., le han acabado de trastornar la cabeza. Ahora es, sin discusión, no solo el mayor sabio, el pensador más profundo, el investigador más genial, etc., sino además un Don Juan y un cardenal Richelieu revolucionario. ¡Y encima la cháchara continua con esa voz de falsete que se le quiebra, los gestos ostentosos y antiestéticos, el tono de maestro!
Como un profundo secreto nos comunicó a mí y a mi mujer que había aconsejado a Garibaldi9 no tomar Roma como objetivo del ataque, sino ir a Nápoles, erigirse allí en dictador (sin perjuicio de Víctor Manuel) y llamar al ejército popular a la campaña… contra Austria. Lassalle le hacía sacar de la nada 300 000 hombres, y el ejército piamontés, naturalmente, se sumaba. Y entonces —según un plan aprobado, dice él, por el señor Rüstow— un cuerpo destacado debía ir, o más bien embarcarse, hacia la costa del Adriático (Dalmacia) y sublevar Hungría, mientras el ejército principal, a las órdenes de Garibaldi, marchaba de Padua a Viena sin tener en cuenta el Cuadrilátero,10 y allí la población se sublevaba en el acto. Todo, terminado en seis semanas. Como palanca de la acción: la influencia política de Lassalle o su pluma en Berlín. Y Rüstow, al frente de un cuerpo de francotiradores alemanes, unido a Garibaldi. Bonaparte, en cambio, quedaba paralizado por este coup d’éclat lassalleano.
Ahora ha estado también con Mazzini,11 y «también este» aprobó y «admiró» su plan.
Se presentó ante esa gente como «representante de la clase obrera revolucionaria alemana» y dio por supuesto (¡textual!) que sabían que él (Itzig) había «impedido la intervención de Prusia» con su «folleto sobre la guerra de Italia»12 y que in fact13 había dirigido «la historia de los últimos 3 años». Lassalle se puso furioso conmigo y con mi mujer porque nos burlábamos de sus planes y le tomábamos el pelo llamándole «bonapartista ilustrado», etc. Gritó, rabió, dio saltos y al final se ha convencido a fondo de que yo soy demasiado «abstracto» para entender de política.
As to America,14 eso, dice, carece por completo de interés. Los yanquis no tienen «ideas». La «libertad individual» no es más que una «idea negativa», etc., y demás basura de esa vieja especulación podrida.
Como digo, en otras circunstancias (y si no me hubiera estorbado en el trabajo), el tipo me habría divertido de lo lindo.
Y encima el comer desaforado y la lujuria en celo de este «idealista».
Ahora tengo completamente claro que, como prueban además la forma de su cabeza y el crecimiento de su pelo, desciende de los negros que se unieron a Moisés en la salida de Egipto (a no ser que su madre o su abuela por parte de padre se cruzaran con un nigger). Pues bien, esta unión de judaísmo y germanismo con la sustancia básica negroide tiene que dar un producto singular. La impertinencia del muchacho es también de nigger.
Por lo demás, si el señor Rüstow ha inventado la marcha de Padua a Viena, me parece que tampoco él anda muy bien de la cabeza.
Salut.
Tuyo, K. M.
Uno de los grandes descubrimientos de nuestro nigger —que, eso sí, todavía me comunica a mí, su «amigo más íntimo»— es que los pelasgos descienden de los semitas. Prueba principal: en el libro de los Macabeos los judíos mandan emisarios a Grecia a pedir ayuda, invocando su parentesco de estirpe.15 Además, se ha encontrado una inscripción etrusca en Perugia, y el consejero áulico Stücker, en Berlín, y un italiano la han descifrado a la vez y, cada uno por su lado, han resuelto las letras etruscas en hebreas.
Para que no le vengamos más con los Blue Books,16 ha comprado blue books por valor de 20 libras esterlinas (bajo la dirección de Bucher).
Ha convertido a Bucher al socialismo, según asegura. Bucher es un hombrecillo muy fino, aunque retorcido, y en todo caso no puedo creer que haya aceptado la «política exterior» de Lassalle. Bucher es la «mujer del cajista» del Julian Schmidt.17
Si hubieras venido aunque solo fuera unos días, te habrías llevado motivos de risa para un año. Por eso tenía tantas ganas de tenerte aquí. Una ocasión así no se da todos los días.
«Agobiado». ↩
«Tendero de té» y «verdulero». ↩
Los insultos racistas y antisemitas contra Lassalle, aquí y más abajo, son del original. ↩
Sophie von Hatzfeldt (1805-1881), amiga y protectora de Lassalle, que la había defendido durante años en su pleito de divorcio. ↩
Isidor Gerstenberg, banquero de Londres. ↩
«Apariencias». ↩
Marx había visitado a Lassalle en Berlín en la primavera de 1861. ↩
Georg Herwegh (1817-1875), poeta revolucionario, que vivía en Zúrich. ↩
Giuseppe Garibaldi (1807-1882), que en el verano de 1862 preparaba en Sicilia una marcha sobre Roma, frenada a finales de agosto en Aspromonte por las tropas italianas. ↩
Las cuatro fortalezas austríacas de Peschiera, Mantua, Verona y Legnago, en el Véneto. ↩
Giuseppe Mazzini (1805-1872), jefe del movimiento republicano italiano, emigrado en Londres. ↩
Der italienische Krieg und die Aufgabe Preußens («La guerra de Italia y la tarea de Prusia»), folleto anónimo de Lassalle de 1859. ↩
«De hecho». ↩
«En cuanto a América». ↩
En el primer libro de los Macabeos (cap. 12), Jonatán escribe a los espartanos invocando su parentesco con los judíos. ↩
Los «libros azules»: informes y documentos oficiales del Parlamento británico, en los que Marx basaba a menudo sus análisis. ↩
Lothar Bucher (1817-1892), diputado demócrata en 1848, emigrado en Londres, vuelto a Prusia en 1861 y más tarde colaborador de Bismarck. El folleto de Lassalle contra Julian Schmidt llevaba «escolios del cajista» (Setzer-Scholien), en los que colaboró Bucher. ↩