Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 12 de septiembre de 1863. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 841, pp. 154-156) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

12 de septiembre de 1863.

Querido Frederick:

Mi familia ha vuelto hace about 10 días. Jennychen se ha repuesto mucho y ha dejado de toser. Ahora toma en casa baños de mar, es decir, baños con sal marina. También yo, desde hace about 2 meses, he empezado a bañarme en casa cada mañana y a echarme agua fría de la cabeza a los pies, y desde entonces me encuentro mucho mejor.

El conocido más interesante que he hecho aquí es el coronel Lapinski.1 Es sin duda el polaco más inteligente —y además homme d’action—2 que he conocido hasta ahora. Sus simpatías están todas del lado alemán, aunque por sus modales y su lengua también sea francés. En lugar de la lucha de las nacionalidades, solo conoce la lucha de razas. Odia a todos los orientales, entre los que cuenta con la misma predilección a rusos, turcos, griegos, armenios, etc. Estuvo aquí una temporada con Urquhart,3 pero no solo lo declara un «humbug»,4 sino que llega a dudar, injustamente, de su honradez.

Los príncipes «circasianos» que Urquhart exhibió con Lapinski por Inglaterra eran dos… criados. Lapinski asegura que Urquhart se deja llevar del todo por las narices por Zamoyski,5 que a su vez no es más que un instrumento de Palmerston y, por ese rodeo, de la embajada rusa. Aunque él (Lapinski) es católico de familia, la relación de Urquhart con los obispos católicos de Inglaterra le parece muy sospechosa. Cuando se trataba de «actuar» —p. ej., de equipar un cuerpo polaco para invadir Circasia, que también Lapinski considera la mejor diversión—, Urquhart se dejó disuadir por Zamoyski. Solo quiere «parlotear». Es un «gran mentiroso», y a él (Lapinski) le sentó especialmente mal que lo hiciera cómplice de sus mentiras sin consultarle antes. En Circasia nadie conoce a Urquhart, que, sin saber la lengua, solo estuvo allí 24 horas. Como ejemplo de la fantasía de Urquhart, contó tan solo que Urquhart se había dado mucho tono ante él presumiendo de que él (Urquhart) había matado el cartismo en Inglaterra.

En Varsovia el Gobierno nacional se ha depurado de nuevo. Por las intrigas de Bonaparte y Palmerston se habían colado en él los partidarios de Czartoryski. A tres de ellos los han matado a puñaladas, y eso ha intimidado al resto pro nunc.6 (A la cabeza de este partido de Czartoryski estaba Melinski.) El poder del Gobierno nacional se ve en que el gran duque Constantino7 aceptó de él un pasaporte para viajar al extranjero. Herzen y Bakunin,8 dice Lapinski, están completamente chapfallen,9 porque el ruso, en cuanto se le ha rascado un poco, ha vuelto a mostrarse tártaro.

Bakunin se ha convertido en un monstruo, a huge mass of flesh and fat,10 que apenas puede andar. Además, está loco de remate y celoso de su polaca de diecisiete años, que se casó con él en Siberia por su martirio. Ahora está en Suecia, donde hace la «revolución» con los finlandeses.

Los campesinos, dice Lapinski, esa «chusma archirreaccionaria», había que dejarlos de prime abord11 fuera del juego en Polonia. Pero ahora estarían maduros y se alzarían a la llamada del Gobierno a la levée en masse.12

Sin Austria, el movimiento habría reventado hace mucho, y si Austria cerrase en serio su frontera, la rebelión reventaría en 3 semanas. Pero Austria hace trampas con los polacos. Solo por desesperación, porque Francisco José sabe que le amenaza una bomba rusa-serbia-rumana-italiana-francesa-húngara-prusiana, fue a Fráncfort,13 y por el mismo motivo publicó el papa su última misiva en favor de Polonia.

Lapinski me dijo que no cabe la menor duda del entendimiento con Rusia no solo de Bangya,14 sino también de Stein, Türr, Klapka y Kossuth.15

Su propósito en Londres es ahora poner en pie una legión alemana, aunque sea de solo 200 hombres, para enfrentarse a los rusos en Polonia con la bandera negra, roja y oro, en parte para «exasperar» a los parisienses, en parte para ver si todavía es posible de algún modo hacer entrar en razón a los alemanes de Alemania.

Lo que falta es dinero. Aquí se intenta explotar para este fin a todas las asociaciones alemanas, etc. Tú sabrás mejor si en Manchester se puede hacer algo en esta line.16 La cosa en sí sería excelente.

Saluda a Lupum17 y dile que he entregado su carta a Eccarius.18

Salut.

Tuyo, K. M.

  1. Teofil Łapiński (1827-1886), coronel polaco; véase 1863-08-15 Marx a Engels. ↩

  2. «Hombre de acción». ↩

  3. David Urquhart (1805-1877), diplomático y publicista británico, enemigo encarnizado de Rusia; Łapiński había combatido en Circasia contra los rusos en 1857-1859 con una legión polaca. ↩

  4. «Farsante». ↩

  5. Władysław Zamoyski (1803-1868), general polaco emigrado, hombre del partido de Czartoryski. ↩

  6. «Por ahora». ↩

  7. El gran duque Constantino Nikoláyevich (1827-1892), hermano de Alejandro II, virrey de Polonia desde 1862 hasta el verano de 1863. ↩

  8. Alexandr Herzen (1812-1870) y Mijaíl Bakunin (1814-1876), revolucionarios rusos emigrados, que apoyaban la insurrección polaca. ↩

  9. «Abatidos, cabizbajos». ↩

  10. «Una enorme masa de carne y grasa». ↩

  11. «De entrada». ↩

  12. «Leva en masa». ↩

  13. Al Congreso de Príncipes reunido en Fráncfort en agosto de 1863 a propuesta de Austria para reformar la Confederación Germánica. ↩

  14. János Bangya (1817-1868), oficial húngaro, agente de la policía en la emigración de Londres en los años cincuenta. ↩

  15. Jefes de la emigración húngara: Maximilian Stein, István Türr, György Klapka y Lajos Kossuth. ↩

  16. «Terreno». ↩

  17. Wilhelm Wolff (1809-1864), «Lupus». ↩

  18. Johann Georg Eccarius (1818-1889), sastre alemán en Londres, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas. ↩