Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 24 de noviembre de 1863. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 842, pp. 156-157) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 24 de noviembre de 1863.

Querido Mohr:

Como no he vuelto a saber nada de tu mujer, espero que entretanto te haya ido mejor y hayas acabado con los abscesos. Tú sigue con el vino y la carne, que es lo principal. En los últimos días me han estropeado mucho las horas de la tarde en el Comptoir,1 que son las únicas en que puedo pensar en la correspondencia privada; si no, habrías tenido antes noticias mías.

La cosa se pone crítica en Alemania. El asunto danés2 llega a destiempo por un lado, pero por el otro no puede sino acelerar la crisis. Tiene gracia que, de repente, la prensa inglesa encuentre tan clarísima la cuestión del Schleswig-Holstein, después de haber sostenido durante años que era tan enrevesada que «no fellow can understand that», como dice Dundreary.3 Por lo demás, lo que concede la prensa inglesa nos basta. ¡Pero qué golpe maestro de los rusos fue el Protocolo de 1852!4 Mientras solo leía sobre él en la estúpida Free Press,5 nunca conseguía entender de qué se trataba; esos asnos tienen de verdad un talento para enredarlo todo que supera hasta al de Dundreary. Que Prusia y Austria firmaran el Protocolo es una infamia sin nombre, que los responsables deben pagar con sangre.

Muy cómico es también, de nuevo, que al final toda la sucesión ahora en litigio dependa de si el de Augustenburg,6 por ser de nacimiento morganático, es apto para suceder.

En Prusia, la desvergüenza bismarckiana parece venirse un poco abajo. La desautorización de las maniobras electorales de los Landräte7 y la retirada de la ordenanza de prensa8 son señales inquietantes. J’espère qu’ils ne reculent que pour mieux sauter.9 Lassalle también tiene su papel en el debate sobre la prensa. Wagener10 tuvo la falta de tacto (con su tácito aliado Lassalle) de invocar el juicio de este sobre la prensa liberal para justificar la ordenanza de prensa. Carcajadas y malos chistes de Virchow y Gneist11 fueron la consecuencia. Lassalle se ha estropeado a fondo su campaña, lo que naturalmente no le impedirá volver a empezar. El muy asno podía haber aprendido muy bien en el Manifiesto12 cómo hay que situarse frente a los burgueses en tiempos así.

Muchos saludos a tu mujer y a las niñas.

Tuyo, F. E.

  1. La oficina de Ermen & Engels, la empresa algodonera en la que trabajaba Engels. ↩

  2. La crisis abierta por la muerte del rey Federico VII de Dinamarca (15 de noviembre de 1863) y por la nueva Constitución que incorporaba Schleswig a Dinamarca; desembocó en la guerra de los Ducados de 1864. ↩

  3. Lord Dundreary, el aristócrata necio de la comedia de Tom Taylor Our American Cousin (1858), cuyas frases hechas se hicieron proverbiales. «Ningún sujeto puede entender eso». ↩

  4. El Protocolo de Londres (1852), firmado por las grandes potencias, que garantizaba la integridad de la monarquía danesa y fijaba la sucesión en Cristián de Glücksburg. ↩

  5. The Free Press, periódico de los urquhartistas en Londres. ↩

  6. Federico de Augustenburg (1829-1880), pretendiente a los ducados de Schleswig y Holstein, apoyado por el movimiento nacional alemán. ↩

  7. Jefes de distrito prusianos. ↩

  8. La ordenanza de prensa del 1 de junio de 1863, con la que Bismarck amordazó a la prensa liberal. ↩

  9. «Espero que solo retrocedan para saltar mejor». ↩

  10. Hermann Wagener (1815-1889), político conservador prusiano, antiguo redactor de la Kreuzzeitung, consejero de Bismarck. ↩

  11. Rudolf Virchow (1821-1902) y Rudolf von Gneist (1816-1895), diputados liberales en la Cámara prusiana. ↩

  12. El Manifiesto del Partido Comunista (1848). ↩