Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que se encontraba en Zalt-Bommel (Holanda), en casa de su tío Lion Philips, escrita en Manchester el 3 de enero de 1864. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 848, pp. 163-164) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 3 de enero de 1864.

Querido Mohr:

Las muchas juergas de christmas, unidas a la consiguiente general unfitness for business,1 me han dejado completamente incapaz de contestarte antes. Pero la cosa ya ha pasado felizmente.

A tu mujer le mando lo convenido. Por lo demás, me alegro mucho de que te hayan operado el segundo carbunco y de que con eso hayas superado esta última crisis. Te habrás quedado condenadamente flaco con esta historia tan pesada.

La cuestión de Schleswig-Holstein vuelve a estar bien empantanada. Si, como creo, en primavera se llega a la guerra, tendremos en contra a Dinamarca, Suecia, Francia e Italia, y posiblemente a Inglaterra. En Hungría y en Polonia, plonplonismo2 en plena floración, como ya ha empezado a hacer Kossuth.3 Yo no veo más que dos salidas: 1. o bien revolución en Berlín en cuanto se hayan ido las tropas, y en Viena un movimiento equivalente, con concesiones suficientes a Hungría y quizá también a Polonia. Eso sería lo más favorable, y en ese caso no habría nada que temer. Pero en medio de la confusión reinante es también lo más improbable. O bien 2. una restauración de la Santa Alianza, a la que, como siempre, el reparto de Polonia sirve de argamasa (Rusia tiene más interés en Polonia que en Dinamarca y, además, la posibilidad de tener en el bolsillo a Austria y a Prusia a la hora de firmar la paz y, por tanto, de poner sus propias condiciones). Entonces los rusos relevarían a los prusianos en Berlín y harían de policía, y entonces estaríamos apañados y Bonaparte sería el amo del cotarro.

La guerra de mentirijillas en Schleswig a las órdenes de Wrangel4 no puede durar mucho. En primer lugar, las fortificaciones danesas harán que ya los primeros combates sean demasiado sangrientos, y además Boustrapa5 necesita demasiado una guerra popular para no aprovechar esta ocasión. ¿Qué más podría desear que la restauración de la Santa Alianza y una guerra por el Rin y por Polonia a la vez, y con Inglaterra e Italia y todos los pequeños Estados de Europa de su lado?

¡A propósito! Nuestro buen Faucher,6 que en la Cámara se presenta como furibundo schleswig-holstein-sonderburg-augustenburgués, escribe al mismo tiempo en el Manchester Guardian artículos antialemanes que les lamen el culo a los perros del Times inglés. ¿No habría que hacer algo para desenmascarar a este piojoso?

Si los perros de la Cámara prusiana tuvieran ahora valor, podrían dejar arreglado su asunto en 6 semanas. La respuesta del guapo Guillermo7 demuestra lo atascado que está el Gobierno. Nadie le presta, ni siquiera el bueno de von der Heydt,8 y saben que por la fuerza no conseguirán dinero.

Ahora mismo llega Lupus a recogerme y te manda muchos saludos.

Que te mejores, y feliz año nuevo.

Tuyo, F. E.

  1. «Ineptitud general para los negocios». ↩

  2. De Plon-Plon, apodo del príncipe Napoleón (Jérôme Napoléon Bonaparte, 1822-1891), primo de Napoleón III; aquí, las esperanzas puestas por los nacionalistas húngaros y polacos en la ayuda bonapartista. ↩

  3. Lajos Kossuth (1802-1894), jefe de la revolución húngara de 1848-1849, emigrado desde entonces. ↩

  4. Friedrich von Wrangel (1784-1877), mariscal prusiano, comandante en jefe de las tropas austro-prusianas en la guerra contra Dinamarca de 1864. ↩

  5. Apodo de Luis Bonaparte (Napoleón III), por sus intentonas de Boulogne y Estrasburgo y su golpe de París. ↩

  6. Julius Faucher (1820-1878), economista librecambista, que había vivido en Inglaterra y era diputado del Partido Progresista en la Cámara prusiana. ↩

  7. Guillermo I, rey de Prusia. ↩

  8. August von der Heydt (1801-1874), banquero de Elberfeld y ministro prusiano. ↩