Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Zalt-Bommel (Holanda), en casa de su tío Lion Philips, el 20 de enero de 1864. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 849, pp. 164-165) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Zalt-Bommel, 20 de enero de 1864.
Querido Frederick:
Ya ves que sigo aquí y, «le diré a usted más», que en realidad vuelvo a estar incapable to move about.1 Esta es una enfermedad cristianamente pérfida. Cuando recibí tu carta, me felicitaba a mí mismo por la curación de las viejas heridas, pero esa misma tarde me brotaron un gran forúnculo en el lado izquierdo del pecho, debajo del cuello, y un antípoda suyo en la espalda. Aunque molesto, eso por lo menos no me impedía andar, y de hecho fui de paseo, a pie, con mi tío y mi prima al otro lado del Rin (el Waal). Pero unos días más tarde apareció otra vez un carbunco en la pierna derecha, justo debajo del sitio del que dice Goethe: «Y si no tiene trasero, ¿cómo va a sentarse el noble?».2 Es la úlcera más dolorosa y más embarazosa que he tenido hasta ahora, y espero que cierre por fin la serie. Mientras tanto no puedo andar, ni estar de pie, ni sentarme, y hasta estar tumbado me cuesta horrores. Ya ves, mon cher, cómo me castiga la sabiduría de la naturaleza. ¿No sería más razonable que mandara estas pruebas de paciencia a un buen cristiano, a gente de la calaña de Silvio Pellico?3 Además del carbunco de debajo del trasero, has de saber que se me ha formado un forúnculo nuevo en la espalda y que el del pecho apenas empieza a cerrarse, de modo que, como un verdadero Lázaro (alias Lassalle),4 estoy herido por todos los flancos a la vez.
A propósito de Lázaro, me viene a la cabeza la Vida de Jesús de Renan,5 que en muchos aspectos no es más que una novela, llena de embeleso panteísta y místico. Con todo, el libro tiene también algunas ventajas sobre sus predecesores alemanes, y como no es grueso, tienes que leerlo. Naturalmente, es un resultado de los trabajos alemanes. Curiosísimo. Aquí, en Holanda, la corriente crítico-teológica alemana está tan à l'ordre du jour que los curas la profesan abiertamente desde el púlpito.
En cuanto a la historia de Schleswig-Holstein, espero que lleve a choques dentro de la propia Alemania. Lo bien que conoce Rusia a los suyos, austriacos y prusianos, se ve por la cool impudence6 con que en este momento hace imprimir en el Journal de Saint-Pétersbourg el Protocolo de Varsovia.7
Los pequeños príncipes alemanes se toman muy en serio la apariencia del movimiento schleswig-holsteiniano. Creen de veras que Germania no se harta nunca de ellos y que por eso está empeñada en entronizar a un trigésimo quinto.
Solo te escribo estas cuatro líneas, y aun eso con gran esfuerzo, porque estar sentado me martiriza. Pero espero respuesta tuya a vuelta de correo; me cheers up ver tu letra.
No te olvides de meter tu fotografía. Se la he prometido a mi prima, y ¿cómo va a creer ella en nuestra amistad de Orestes y Pílades si ni siquiera consigo commoverete a mandar una fotografía? Dirección como antes, care of Mr. L. Philips. Salut a ti y a Lupus.
Tuyo, K. M.
«Incapaz de moverme». ↩
Versos del poema de Goethe «Totalität». ↩
Silvio Pellico (1789-1854), escritor italiano, autor de Le mie prigioni (Mis prisiones), relato de su largo encierro en las cárceles austriacas escrito con resignación cristiana. ↩
Juego de palabras entre Lázaro (Lazarus), el mendigo cubierto de llagas de la parábola, y Ferdinand Lassalle (1825-1864), fundador en 1863 de la Asociación General de Trabajadores Alemanes, a quien Marx y Engels llamaban también Itzig. ↩
Ernest Renan, Vie de Jésus (París, 1863). ↩
«Fría desfachatez». ↩
El protocolo firmado en Varsovia en 1851 sobre la sucesión de la corona danesa, que preparó el Tratado de Londres de 1852. ↩