Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 16 de noviembre de 1864. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 880, pp. 203-204) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 16 de noviembre de 1864.

Querido Mohr:

Me alegro de que el carbunco vaya felizmente curándose. Ojalá sea el último. Pero toma arsénico.

El acuse de recibo del amable secretario particular, recibido, con las gracias.

Adjunto unas líneas para el Schweitzer.1 Es muy bueno que volvamos a tener un órgano, y muy bueno que Liebknecht (con tal de que no se haga ilusiones) sea corredactor; eso ya da ciertas garantías. Sin embargo, haremos mejor en no dejar ver nuestro celo, porque 1. Liebknecht no es un diplomático y no se puede contar demasiado con su clairvoyance,2 2. la condesa querrá que en el periódico predomine ante todo, por delante, por detrás y por en medio, la consabida «apoteosis», y 3. primero tenemos que saber a quién más se ha dirigido esta gente. Tú quizá estés mejor enterado que yo, pero en las cartas de Liebknecht que me has mandado nunca se ha hablado ni del periódico ni de ese Schweitzer, así que estoy muy a oscuras. Por eso he pedido que me aclaren en compañía de quién vamos a figurar.

A lo mejor tenemos a nuestro lado al señor Karl Grün o a gentuza semejante.3

¡Pero qué título tan cochino: Der Sozialdemokrat! ¿Por qué no llaman a la cosa directamente Der Proletarier?4

Te devuelvo adjuntos los papeles, con las gracias. ¿Por qué no mandas la carta de Solingen que me prometiste?

De las tonterías de Emma Herwegh se me ocurre todavía el siguiente intento de convertir a Lassalle en semidiós: que solo su naturaleza enorme lo había mantenido con vida tanto tiempo, que cualquier otro habría reventado a las dos horas de la herida. Pregúntale un día a Allen por el curso de una inflamación del peritoneo (peritonitis) a consecuencia de una herida, y oirás que a las dos horas la inflamación todavía no ha empezado, como quien dice, y que casi nunca mata antes de 24 horas, y la mayoría de las veces más tarde.5 ¡Esa es la gente de verdad para divinizar!

Schaaffhausen, en Bonn, ha dado una bonita conferencia sobre los hombres y los monos; ha señalado que los antropoides asiáticos son de cabeza redonda, como los hombres de allí, mientras que los africanos son, unos y otros, de cabeza alargada, y ha observado al respecto que, en el estado actual de la ciencia, este es el argumento más fuerte contra la unidad del género humano.6 ¡Eso tendría que haberlo dicho alguien en Inglaterra en una asamblea de naturalistas!

Muy bonito es cómo Müller y el pastor Kappell, todavía al pie de la horca, han puesto en ridículo a la ralea de Kinkel, Juch & Co. Algo tan absurdo como la conducta de estos tipos hacía mucho que no lo veía. Pero Gottfried tiene suerte con la gente por la que da la cara. Primero Macdonald, luego Müller.7 Este darse importancia de los señores ha llevado además enseguida a Kohl a cortarle el cuello al otro sujeto entre los juncos del Támesis.8 Ya verás como con esta ocasión vuelven a descubrir toda una partida de mare's nests.9

Muchos saludos a los tuyos.

Tu F. E.

  1. Johann Baptist von Schweitzer, que iba a dirigir en Berlín el Social-Demokrat, órgano de la Asociación General de Obreros Alemanes (fundada por Lassalle en 1863), y había invitado a Marx y a Engels a colaborar. Véase la carta de Marx del 14 de noviembre. ↩

  2. «Perspicacia». ↩

  3. Karl Grün, publicista, uno de los representantes del «socialismo verdadero» criticado por Marx y Engels en los años cuarenta. ↩

  4. «El socialdemócrata», «El proletario». ↩

  5. Allen, médico de la familia Marx en Londres. Lassalle murió tres días después de ser herido. ↩

  6. Hermann Schaaffhausen, anatomista y antropólogo de Bonn, que había estudiado el cráneo del hombre de Neandertal. ↩

  7. Franz Müller, sastre alemán, condenado por el primer asesinato cometido en un tren inglés, fue ahorcado en Londres el 14 de noviembre de 1864; los emigrados alemanes de Londres, con Gottfried Kinkel y el Hermann de Hermann Juch, habían hecho campaña por su inocencia, y en el patíbulo confesó su culpa ante el pastor luterano alemán que lo asistía. ↩

  8. Ferdinand Kohl, otro alemán, acusado de asesinar a un compatriota en las marismas de la orilla del Támesis, en el este de Londres, en noviembre de 1864. ↩

  9. Literalmente, «nidos de yegua»: descubrimientos sensacionales que resultan ser pura ilusión. ↩