Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 5 de agosto de 1865. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 933, pp. 281-283) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 5 de agosto de 1865.

Querido Engels:

My best thanks for the £ 501 y por la rapidez con que llegó la ayuda.

Me ha divertido mucho la parte de tu carta que trata de la «obra de arte» to be.2 Pero me has entendido mal. El único point in question3 es si pasar a limpio una parte del manuscrito y mandarla al librero, o terminar de escribir primero el conjunto. He preferido lo segundo por muchas razones. Con ello no se ha perdido tiempo, as far como toca al trabajo mismo, pero sí algo de tiempo para la impresión, que, por otra parte, una vez empezada, ya no podrá interrumpirse de ningún modo. Por lo demás, teniendo en cuenta lo que marca el termómetro, la cosa ha avanzado tan deprisa como le habría sido posible a cualquiera, incluso sin ninguna consideración artística. Como tengo, besides,4 un límite máximo de 60 pliegos, es absolutamente necesario tener el conjunto delante para saber cuánto hay que condensar y suprimir para que, dentro de los límites prescritos, las distintas partes queden equilibradas y proporcionadas. Por lo demás, puedes estar seguro de que se hace todo lo posible para acabar cuanto antes, porque la cosa me pesa encima como una pesadilla. No solo me impide hacer cualquier otra cosa, sino que es además damnedly5 molesto que al público se le entretenga más o menos con coronas de laurel futuras (no por mí, desde luego, pero sí por Liebknecht y otros). Y sé además que los tiempos no seguirán siempre tan tranquilos como ahora.

Eichhoff me ha escrito unas líneas, pero no ha venido a verme por las prisas del negocio. En su carta anunciaba una visita de Dronke (que estuvo aquí ayer), pero de una manera tan confusa que no había forma de aclararse con el scriptum.6 El «informe» se le pega a nuestro pobre Eichhoff como la piel, y no habrá operación que se lo quite.

¿Qué dices de las producciones patriótico-liberal-poéticas de Siebel? Todo eso parece escrito con la resaca más espesa. Es pura idiotez y supera everything que nuestro amigo hubiera hecho antes.

El intento del Social-Demokrat de pasarse al lado burgués es señal del fiasco más completo, aunque comparto tu opinión de que los primeros llamamientos de Berlín no se hicieron sin un empujón del lado ministerial. Por cierto, la otra secta de los lassalleanos, la que a consecuencia de nuestra declaración hizo volte face7 contra el Social-Demokrat, es también una gentuza de lo más miserable. Los tipos no solo se pelean con B. Becker y consortes sobre quién tiene la verdadera fe en Lassalle, sino que varias de sus secciones han hecho imprimir la frase, inspirada por la vieja Hatzfeldt y apuntada directamente contra nosotros, de que se declara traidor al «pueblo» a cualquiera que intente derribar o cambiar un ápice de las verdades reveladas por Lassalle.

A Liebknecht no le he contestado desde hace muchísimo tiempo, pese a las varias notas que me ha mandado, pero voy a hacerlo ahora. De momento está en Hannover; su mujer, todavía en Berlín. Mi silencio se debía en parte a que estaba muy ocupado y tenía bastante con mis propios troubles. Pero, por otra parte, de verdad estaba furioso con él por las tonterías que había soltado sobre mí en la asociación lassalleana de Berlín y que pueden leerse en el folleto de pacotilla sobre la expulsión de B. Becker de dicha asociación, publicado por la vieja guarra por medio de un tal Schilling (Farthing sería el nombre más adecuado).8 Con su talento habitual para desconocer los hechos por pereza, el tipo suelta las mayores tonterías sobre el manuscrito de Bangya, sobre mi mediación en favor de Becker en lo del Beobachter de Viena, etc.9 Y además toda la manera como se presenta como mi «patrón» y me «disculpa» ante los gremialistas berlineses de que ellos no conozcan mis trabajos; en general, hace como si yo no hubiera hecho hasta ahora nada en el mundo activo. Por eso dejé pasar algún tiempo, para no decirle groserías y para tranquilizarme pensando que Liebknecht tiene que funcionar como Liebknecht y que sus intenciones son «buenas». Los 30 00010 miembros de la «Asociación de Viejos Oficiales Artesanos» de Berlín, ditto la asociación de tipógrafos de allí, le organizaron al ser expulsado una especie de ovación. Con su optimismo de siempre, Wilhelmchen ve «el proletariado de Berlín a mis pies (es decir, a los suyos) y a los nuestros (tú y yo)». Y no ha sido capaz de formar en Alemania para la International Association ni siquiera una sección de 6 hombres, aunque este sanguíneo tendría que comprender que yo no puedo hacer pasar sus delusions11 por moneda contante ante los ingleses. También me escribía constantemente a propósito de mi «libro». Pero cada vez que le mandaba «libros» (primero todo el resto de Vogt, luego todo el resto de los Procesos de los comunistas)12 a petición suya de lo más sanguínea, en cuanto los recibía no volvía a oír ni una sílaba de ellos. El señor Groote, diputado progresista por Düsseldorf, le ha escrito que su intervención en Berlín ha sido más útil que la de 100 diputados progresistas.

Edgar ha cogido últimamente un resfriado que se le ha subido a la nariz, la cual, con este accident, parece del todo la de Bardolph.13

Durante el calor he trabajado continuamente día y noche con la ventana abierta. Consecuencia: un reúma en el brazo derecho, sobre todo en el omóplato, que es muy doloroso y me dificulta escribir, pero sobre todo cualquier movimiento para levantarlo. Lo asqueroso que es puedes verlo por el hecho de que grito por instinto cuando, sin pensar, levanto el brazo de noche en la cama. ¿Sabe Gumpert de algún nostrum14 para esto?

Ya sabrás que el digno Gottfried Kinkel, en la fiesta de los gimnastas de París, rechazó la corona de laurel que le ofrecía un judío que presidía, con las palabras: «No quiero ninguna corona, tampoco una corona de laurel», pero añadiendo al mismo tiempo, en términos bastante poco adornados, que de ningún modo había renunciado a sus pretensiones a la presidencia de la república alemana, el «cargo» que le correspondía. El Nordstern se burló de él bastante bien, tanto por ese melodrama como por todo su speech,15 que fue de una vulgaridad absoluta. La fiesta empezó con un brindis por Badinguet.16

¿Dónde está Strohn?

No olvides mandarme, en cuanto tengas ganas y tiempo, algo «continental» para el Miner.

Muchos saludos de toda la family para ti, y míos para Mrs. Lizzy.

Tuyo, K. Marx.

  1. «Muchísimas gracias por las 50 £». ↩

  2. «Futura». ↩

  3. «Punto en cuestión». ↩

  4. «Además». ↩

  5. «Endiabladamente». ↩

  6. «Escrito». ↩

  7. «Media vuelta». ↩

  8. Juego con el apellido Schilling («chelín») y el farthing, la moneda inglesa más pequeña. ↩

  9. Sobre el asunto Bangya, véase la carta del 7 de mayo. ↩

  10. La MEGA¹ advierte que la cifra es probablemente un error de escritura. ↩

  11. «Ilusiones». ↩

  12. Los restos de la edición de El señor Vogt (1860) y de las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia (1853). ↩

  13. Personaje de Shakespeare (Enrique IV, Enrique V) famoso por su nariz roja. ↩

  14. «Remedio». ↩

  15. «Discurso». ↩

  16. Apodo burlón de Napoleón III. ↩