Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 23 de abril de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 975, pp. 327-328) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

23 de abril de 1866.

Querido Fred:

Mi largo silencio te lo habrás explicado sencillamente por un estado de ánimo injertado en un dolor de muelas y un reúma incesantes desde hace más de 2 semanas. Hoy, sin embargo, parece que ha llegado un punto de inflexión.

Como el dolor reumático, fuerte sobre todo por las noches, perturbaba mucho mi sueño y todo el orden de la casa —a consecuencia de lo cual tuve vómitos varias veces—, me pareció bien dejar el arsénico, o más bien suspenderlo. Pero ahora (si el punto de inflexión ha llegado de verdad) volveré a tomarlo. De males del tipo de los forúnculos o los ántrax, ni el menor rastro, y no tengo la menor duda de que, una vez quitados de en medio estos incidents, que tenían más que ver con el tiempo, estaré completamente restablecido. Pero ya es verdaderamente hora, porque he perdido ya mucho tiempo.

Con la «International» las cosas están así: desde mi vuelta1 se ha restablecido en conjunto la disciplina. Además, la intervención victoriosa de la «International» en la huelga de los sastres2 (con cartas de los secretarios para Francia, Bélgica, etc.) ha causado sensación entre las trades unions de aquí. En cuanto al Congreso de Ginebra, he decidido contribuir aquí a su éxito en lo que pueda, pero no ir yo mismo. Así me quito de encima toda responsabilidad personal por su dirección.

En cuanto al Commonwealth, las encroachments3 de Miall y compañía4 serían más soportables si por lo menos descansaran en el pretexto de aportaciones de dinero realmente dignas de mención. Pero los tipos son muy pródigos en buenos consejos y en reparos, y muy ahorrativos con el cash, de modo que la existencia del periódico se va alargando estrictamente de semana en semana. Su círculo de lectores se amplía cada semana, pero un periódico de a penique, aun con el mejor éxito, tiene que tener fondos por lo menos para un año por adelantado. Hacerlo selfsupporting5 en menos tiempo es quite out of question.6 Si de momento el periódico no es peor de lo que es, se debe solo a Fox, que tiene que librar una lucha constante.

En la patria, por ahora, parece que al final no se llegará a las manos. ¡Antes de que la fanfarronería prusiana se decida a desenvainar la espada! En todo caso tenemos el gusto del ridículo prusiano ante propios y extraños. Con todo, sigue siendo dudoso que una buena mañana no estalle la guerra. Los rusos (aunque en realidad ya han ganado mucho y ganan con la simple riña y la amenaza de guerra en Alemania) quieren la guerra, y para Bonaparte sería un godsend. En todo caso, el señor Bismarck ha vuelto a abrir «el movimiento» en Alemania.

Tras la fase de la guerra civil, los Estados Unidos no han entrado propiamente en la fase revolucionaria hasta ahora, y los wiseacres7 europeos que creen en la omnipotencia del señor Johnson8 pronto se verán decepcionados.

En Inglaterra, los tories y los whigs palmerstonianos9 merecen de verdad nuestro agradecimiento por echar abajo el tranquilo settlement10 de Russell.11 El propio señor Gladstone expresó en una de las últimas sesiones su «melancólica» convicción de que ahora, muy al contrario de sus benévolas esperanzas, se avecinaba una «larga serie de luchas».

¿Qué dices del «octavo» sabio, Mill?12

Saludos a Mrs. Lizzy.

Tout à vous,13 K. M.

  1. De Margate, donde había pasado un mes de cura; la carta se escribió ya en Londres. ↩

  2. La huelga de los sastres de Londres de la primavera de 1866; la Internacional ayudó a impedir que los patronos trajeran esquiroles del continente. ↩

  3. «Intromisiones». ↩

  4. Edward Miall, político radical y director del semanario The Nonconformist, que financiaba en parte The Commonwealth. ↩

  5. «Autosuficiente». ↩

  6. «Del todo imposible». ↩

  7. «Sabihondos». ↩

  8. Andrew Johnson, presidente de los Estados Unidos tras el asesinato de Lincoln (abril de 1865), enfrentado al Congreso por la reconstrucción del Sur. ↩

  9. Los liberales de la escuela de Palmerston (muerto en octubre de 1865) contrarios a la reforma electoral. ↩

  10. «Arreglo». ↩

  11. Lord John Russell, primer ministro liberal desde la muerte de Palmerston; su gobierno, con Gladstone como portavoz en los Comunes, presentó en marzo de 1866 un proyecto moderado de reforma electoral. ↩

  12. Alusión irónica a los siete sabios de Grecia. John Stuart Mill, diputado desde 1865, había intervenido en el debate sobre la reforma electoral. ↩

  13. «Todo tuyo». ↩