Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Hamburgo el 13 de abril de 1867. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 1019, pp. 380-382) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Hamburgo, 13 de abril de 1867.
Querido Fred:
Llegué aquí ayer a las 12 del mediodía. El barco salió de Londres el miércoles a las 8 de la mañana. Con eso tienes toda la historia de la travesía. Un tiempo de lo más loco y tormenta. Después de tanto tiempo encerrado, me sentía con ello «caníbalmente a gusto, como quinientas cerdas».1 Pero a la larga la cosa se habría vuelto ennuyant,2 con toda la chusma mareada y desfallecida a derecha e izquierda, si no hubiera resistido cierto nucleus. Era un núcleo muy «mixto», viz.3 un capitán de barco alemán, muy parecido a ti de cara, pero más pequeño; tenía también mucho de tu humor y el mismo guiño bonachón y frívolo; un tratante de ganado de Londres, auténtico John Bull, bovine in every respect;4 un relojero alemán de Londres, buen chico; un alemán de Texas y, el personaje principal, un alemán que lleva 15 años vagando por el este del Perú, una región registrada geográficamente hace muy poco, donde, entre otras cosas, todavía se come carne humana a base de bien. Un tipo loco, enérgico y alegre. Llevaba consigo una colección muy valiosa de hachas de piedra, etc., dignas de haber sido halladas en las «cavernas». Como apéndice, una mujer (las demás damas, todas seasick5 y vomitando en el camarote de señoras), vieja yegua de boca desdentada, que hablaba el fino alemán de Hannover, hija de un ministro hannoveriano de rancio abolengo, von Baer o algo así, desde hace mucho domadora de personas, pietista, redentora de la condición obrera, conocida de Jules Simon,6 llena de belleza del alma, con la que mataba de aburrimiento a nuestro bovine friend. Well! El jueves por la noche, cuando la tormenta era peor, tanto que bailaban todas las mesas y sillas, nos pusimos a beber en petit comité, mientras «la» vieja yegua yacía en un canapé desde el que el movimiento del barco la hacía rodar de vez en cuando al suelo, hasta el centro del camarote, para distraerla un poco. ¿Qué retenía a esta belleza en circunstancias tan agravantes? ¿Por qué no se retiraba a las estancias de las mujeres? Nuestro salvaje alemán contaba con verdadero gusto todas las marranadas sexuales de los salvajes. Voilà le charme7 para la delicada, la pura, la fina. Un ejemplo: está invitado en una choza india el mismo día en que la mujer da a luz. Asan la placenta y —suprema expresión de la hospitalidad— ¡él tiene que comer también un trozo de ese sweetbread!8
Nada más llegar voy a ver a Meissner. Un commis9 me dice que no vuelve antes de las 3 (de la tarde). Dejé mi tarjeta e invité al señor Meissner a cenar conmigo. Vino, pero traía a otro consigo y quería que fuera yo con él, porque le esperaba su mujer. Me negué, pero quedamos en que vendría a verme a las 7 de la tarde. Me dijo en passant que Strohn10 estaba probablemente todavía en Hamburgo. Así que fui a ver al hermano de Strohn. Nuestro hombre se había ido a París the very same morning.11 Así que por la tarde vino Meissner. Buen tipo, aunque con su punto de acento sajón, como indica su nombre.12 Tras un breve pourparler,13 all right. El manuscrito, llevado enseguida a su editorial y metido allí en el safe.14 La impresión empezará in a few days y avanzará deprisa. Luego estuvimos bebiendo, y me declaró su gran «encanto» por haber hecho mi grata amistad. Ahora quiere que el libro salga en 3 tomos. Y es que se opone a que yo condense el último libro (la parte histórico-literaria), como tenía previsto.15 Dice que, desde el punto de vista del negocio librero y para la masa «superficial» de lectores, es precisamente con esa parte con la que más cuenta. Le dije que en este punto estaba a su disposición.
At all events,16 en Meissner tenemos a un hombre completamente a nuestra disposición; siente un gran desprecio por toda la chusma de literatos. Me ha parecido prudente no presentar todavía tu little bill.17 Las sorpresas más agradables, siempre para el final.
Y ahora, adio, old boy.
Tuyo, K. Marx.
Best compliments to Mrs. Burns!
Cita del Fausto de Goethe (escena de la taberna de Auerbach): «Uns ist ganz kannibalisch wohl, / Als wie fünfhundert Säuen!». ↩
«Aburrida». ↩
Videlicet, «a saber». ↩
«Bovino en todos los sentidos». ↩
«Mareadas». ↩
Jules Simon (1814-1896), filósofo y político liberal francés, autor de L'Ouvrière (1861). ↩
«Ahí está el encanto». ↩
«Mollejas» (literalmente, «pan dulce»). ↩
«Dependiente». ↩
Wilhelm Strohn, comerciante de Bradford, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, amigo de Marx y de Engels. ↩
«Esa misma mañana». ↩
Meissen es una ciudad de Sajonia. ↩
«Conversación preliminar». ↩
«Caja fuerte». ↩
Marx proyectaba un último libro sobre la historia de la teoría, cuyos materiales se publicaron después de su muerte como Teorías sobre la plusvalía. ↩
«En todo caso». ↩
«Facturita»: la autorización de Engels para cobrar sus derechos de autor (véase 1867-04-04 Engels a Marx). ↩