Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 4 de octubre de 1867 (Marx fechó por error «1859»). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 1053, pp. 426-429) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
4 de octubre de 1859.1
Dear Fred:
Desde que volví de Manchester he estado casi hasta ahora enfermo con un catarro que rozaba la fiebre. El cold lo pillé con el percance del tren.
Como tengo muchas cosas que contarte en esta carta, on public und private affairs, empiezo, para que no se me olvide, por el libro. Desde luego, podrías haber buscado mucho tiempo en la tabla C para encontrar la disminución del cultivo de forrajes verdes (p. 695). El señor Wigand ha impreso C en vez de B (p. 690), donde se lee, en la rúbrica «Forrajes verdes», que de 1861 a 1865 se dejaron sin cultivar 107 984 acres.2 Además, en la fe de erratas de la p. 784 verás que el señor Wigand, para que cupiera en la última página, la ha recortado arbitrariamente a partir de la p. 292. El apartado sobre Irlanda está escrito, desde luego, muy a la ligera, pero en una segunda edición, con unos pocos cambios de forma, podría arreglarse. Lo principal son los facts, que en la propia Inglaterra no se conocen.
De Meissner no he sabido nada. Schabelitz (Basilea) le dijo a Borkheim que, sobre 5 ejemplares que había pedido al contado, había solicitado 5 ejemplares en comisión, pero Meissner le había respondido que no tenía bastantes para mandarle tantos en comisión.3 Aunque esto puede ser también una simple maniobra diplomática de Meissner. Por las líneas de Liebknecht que te adjunto (quien, by the by, nos ha hecho honor con su primera intervención en el Reichstag, vide Zukunft, n.º 229 del 1 de octubre), veo que Meissner no lo cumple todo con exactitud. Quedamos en que mandaría 1 ejemplar a Liebknecht y 1 ejemplar para la redacción al doctor Weiss (Zukunft).4
El profesor Beesly ya ha vuelto, y uno de estos días tendré noticias suyas. Quant à Siebel, también me gustaría saber si ha recibido los ejemplares, 1 para él y 1 para Rittershaus. ¿Y qué ha hecho este a cambio?
Ad vocem Vogt:5 En la carta de Kugelmann que te adjunto encontrarás algo sobre Vogt. Cuando Kugelmann se había marchado y la banda creía que también Borkheim se había ido, hubo una última reunión de los alemanes, en la que de pronto apareció Borkheim y presenció la escena siguiente. El señor Goegg entregó al vicepresidente Büchner un papelucho en el que declaraba falsos los rumores bonapartistas, etc., sobre Vogt y extendía un testimonium virtutis al hombre al que conocía desde hacía 20 años.6 Pide que Büchner firme esa nota, es decir, que certifique que se le ha comunicado. Büchner lo hizo, naturalmente. Entonces salta el pequeño Beust y declara por escrito que Goegg solo expresa una opinión particular que en Suiza no se comparte en absoluto, etc., etc. Pide asimismo a Büchner que certifique su protesta, y este lo hace. Así se frustró la maniobra de Vogt. ¡Qué bajo ha caído el tipo!
¡Otro incidente del Congreso de la Paz! Ludwig Simon va a ver a Goegg: «¿Por qué no habéis puesto mi nombre más arriba en la lista de oradores? ¿Por qué le habéis dado la palabra a Borkheim antes que a mí?». Goegg: «Los tipos —los proletarios— tenían 4 entre los vicepresidentes alemanes. ¡Para meter a nuestro Grün y hacer que Borkheim renunciara a su puesto, tuvimos que hacerle la concesión, etc.!».7 Apenas se le había escapado la palabra al pisaverde, se da la vuelta y ve con espanto a Eccarius sonriendo detrás de él.
Ad vocem Stumpf: Es posible que Stumpf me entienda, pero yo no entiendo a Stumpf. Quizá tú tengas más suerte y puedas «marcarle la serie científica del empobrecimiento» e ídem «la conclusión correcta» de unas «pruebas» que guarda en el bolsillo y no comunica.8 Te adjunto su carta.
Ad vocem Dronke: Borkheim habló en París con un hombre que conoce muy bien los asuntos de Dronke y que lo calificó de «voleur».9 La compañía del cobre había despedido a Dronke con un año de preaviso. Se ha asociado con una firma de Glasgow y por eso ya no necesita agencia inglesa. Dronke, dicitur,10 ha cometido grandes «desfalcos» en el último año y se ha expuesto a un proceso «penal». Espero que se eche tierra al asunto.
Ad vocem Collet: Para explicarte las curiosa adjuntas, te diré lo siguiente: la niña de Collet (que tú conoces) y su hermano, aún más pequeño, estuvieron en casa hace unos días.11 El chico se puso a boxear con Lafargue, que acabó teniéndolo en el suelo en una postura humillante. Y el chico le dijo: «Remember how you got on at Waterloo!».12 De ahí esta cómica correspondencia, en la que la niña denuncia al chico a su padre.
Collet se ha retirado de la Diplomatic Review, aunque su nombre figura todavía esta vez en la revista. Noté enseguida el cambio de redacción porque solo me mandaron 1 copy. La recibirás en cuanto haya terminado con ella. Es un número completamente estúpido. A Garibaldi se le pinta como «vulgar bandido, ateo, fool, etc.», mientras que al señor Dupanloup, el évêque de Orleans, como el gran hombre de la época.13 ¿No acabará David por hacerse católico?14 Los rusos, naturalmente, han fabricado el Congreso de la Paz de Ginebra, y por eso han mandado allí también a su «well worn out agent Bakounine».15 Me parece que la Diplomatic Review está dando las últimas boqueadas.
Ad vocem International Association. La presidencia se ha suprimido a propuesta mía, cuando ya se había propuesto la reelección de Odger. — Fox, que desde la vuelta de Eccarius exhibe a la menor ocasión un gran odio contra él, anunció para la sesión siguiente (el martes) que plantearía, para censura del Council, los artículos de Eccarius en el Times.16 Yo, para gran asombro de Fox, anuncié a mi vez que el martes próximo interpelaría a Fox sobre una «secret letter» que había escrito a Becker invitándole «to do all in his power to remove the seat of the Central Council from London».17 Fox, que está hecho de caprices y crotchets,18 se figura que tiene que fundar en el Council un «partido de oposición» contra la que él llama «dictadura alemana». ¡Ya se asombrará de sus éxitos en esa line!
Ad vocem Borkheim: D'abord, estos facts.19 Borkheim habló (o, mejor dicho, leyó de su manuscrito) más de 20 minutos, cuando el reglamento solo permitía 10. Naturalmente, creyó que podía permitirse lo mismo que Garibaldi y Edgar Quinet.20 En segundo lugar, subió a la tribuna en un estado de enorme excitación y, como dice Eccarius, «no se dejaba hablar ni a sí mismo». Nadie le entendió. Solo se oyeron las cuatro consignas sobre Schulze-Delitzsch, en las que Vogt se levantó de un salto apretando los dos puños, y sobre los cosacos. Fue una verdadera suerte. Tomaron su discurso por importante porque no lo entendieron. Por eso desempeña cierto papel tanto en el Times como en la prensa francesa. Pero ahora viene el drawback.21 Este loco quiere hacer imprimir su discurso en alemán, en inglés, en ruso y en el original francés. Este último lo tengo ahora delante. Me lo mandó para que Lafargue lo revisara. Salvo las cuatro consignas que yo le soplé, no solo es un Kladderadatsch de mal gusto, sino a menudo una pura sandez.22 ¡Y luego el francés! Por ejemplo: «Sans stultification il serait impossible de discuter, s'il faudrait d'abord faire enlever la femelle Isabelle, faire sauter le mâle Bismarck ou faire s'évanouir l'agile hermaphrodite Beust. Il y a de grands orateurs, de profonds penseurs français, membres de cette union, mais fûssent-ils tous des Mirabeaux achevés et des Descartes consommés, les têtes Allemandes seraient trop carrées pour le trouver rond, qu'il fût d'abord et avant tout le gouvernement français, l'abolition duquel introniserait l'ère de la paix internationale.» Assez!23
Lo poco que sospechaba qué clase de cosa era «su francés» se ve por la glosa al margen que escribió en el manuscrito que me mandó: «¡Hágaselo revisar enseguida, por favor, al señor Lafargue, y que corrija al margen el eventual (!) mal francés!». Me vi, of course, obliged a comunicarle que Lafargue tenía que verlo a él, porque sin él no podía hacer las «supresiones» (Lafargue quiere suprimir de entrada the first half entera) ni los «cambios». Por eso viene esta noche a casa. Lafargue me señaló además en casi cada frase slang de commis voyageur francés.24 Por ejemplo, «Parlons rondement!».
Private Affairs: He hablado con Borkheim de si sería posible conseguirme en Londres un loan de al menos 100 £. Dice que sí, que él será uno de los fiadores si tú eres el otro. Pero antes tendría que saber del asunto por ti mismo. El status es sencillamente este: no puedo ni terminar el tomo II, ni encontrar tiempo para intrigar en favor de la edición inglesa, ni siquiera seguir en Inglaterra, si no consigo tranquilidad, for some weeks at least, frente a los maniqueos.25 Si sale bien la transacción inglesa y en Alemania se trabaja, cosa que me parece fácil, de modo que pronto haga falta una segunda edición, la crisis estará superada.
Este maldito año es tanto peor porque Lafargue sigue en casa, Laura tiene que casarse en primavera, etc.
Salut. Tuyo, K. M.
Así en el original, por error de Marx. Debajo, Engels anotó: «!! 1867. Voilà bien le père Marx!» («¡Ahí tienes al viejo Marx!»). ↩
El primer tomo de El capital lo imprimió Otto Wigand en Leipzig. Las páginas citadas son las de la primera edición (1867), en el apartado sobre Irlanda del capítulo de la ley general de la acumulación capitalista. ↩
Jakob Schabelitz (1827-1899), editor y librero de Basilea. ↩
Guido Weiss (1822-1899), periodista demócrata, director de la Zukunft de Berlín. Wilhelm Liebknecht había sido elegido diputado del Reichstag de la Confederación de Alemania del Norte en agosto de 1867. ↩
«A propósito de Vogt». Carl Vogt (1817-1895), naturalista, emigrado en Ginebra, al que Marx había acusado de estar a sueldo de Napoleón III en El señor Vogt (1860). ↩
Amand Goegg (1820-1897), ministro de Hacienda del gobierno revolucionario de Baden en 1849, uno de los organizadores del Congreso de la Paz. Ludwig Büchner (1824-1899), médico y divulgador materialista. Testimonium virtutis: «certificado de buena conducta». ↩
Ludwig Simon (1819-1872), antiguo diputado de la Asamblea Nacional de Fráncfort, emigrado en París. Karl Grün (1817-1887), cabeza del «socialismo verdadero» criticado en el Manifiesto. ↩
Paul Stumpf, obrero de Maguncia, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas. ↩
«Ladrón». Ernst Dronke (1822-1891), antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung, era entonces agente comercial en Inglaterra. ↩
«Según se dice». ↩
Collet Dobson Collet, periodista inglés, partidario de David Urquhart y director de la Diplomatic Review. ↩
«¡Acuérdate de cómo os fue en Waterloo!». ↩
Fool: «idiota». Félix Dupanloup (1802-1878), obispo de Orleans, cabeza del catolicismo liberal francés y enemigo de la unificación italiana. ↩
David Urquhart (1805-1877), diplomático y publicista tory, fundador de la Free Press y de la Diplomatic Review. ↩
«Su agente Bakunin, muy gastado». ↩
Peter Fox (Peter Fox André), periodista inglés, miembro del Consejo General. ↩
«Carta secreta»; «que hiciera todo lo que estuviera en su mano para sacar de Londres la sede del Consejo Central». ↩
«Caprichos» y «manías». Más abajo, line: «terreno». ↩
«Ante todo», «hechos». ↩
Edgar Quinet (1803-1875), historiador y político republicano francés, desterrado por el Segundo Imperio. ↩
«Inconveniente». ↩
Kladderadatsch: «batiburrillo», «estrépito», y título de un semanario satírico de Berlín. ↩
«Sin stultification sería imposible discutir si habría que hacer raptar primero a la hembra Isabel, hacer saltar al macho Bismarck o desvanecer al ágil hermafrodita Beust. Hay grandes oradores, profundos pensadores franceses, miembros de esta unión, pero aunque fueran todos Mirabeaus acabados y Descartes consumados, las cabezas alemanas serían demasiado cuadradas para encontrar redondo que fuera ante todo y sobre todo el gobierno francés, cuya abolición entronizaría la era de la paz internacional.» El francés de Borkheim está plagado de anglicismos y torpezas (stultification no es francés). Isabel II, reina de España; Friedrich Ferdinand von Beust (1809-1886), canciller de Austria. Assez!: «¡Basta!». ↩
«Jerga de viajante de comercio». Parlons rondement!: «¡Hablemos claro!». ↩
Loan: «préstamo»; for some weeks at least: «al menos por unas semanas». Los «maniqueos» son, en la jerga de Marx, los acreedores. ↩