Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 16 de enero de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1098, pp. 12-14) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 16 de enero de 1868.

Querido Mohr:

Acabo de darme cuenta de que me he dejado todas tus cartas en casa, en el bolsillo de otra chaqueta (incluida la última de tu secretario honorario principal, que agradezco especialmente),1 así que tengo que contestarte de memoria.

Los Courriers français los recibiste ayer, y también el Wiener Tageblatt.

Te mando el informe prusiano, con una explicación especial. O mejor dicho, basta con mirar el croquis que trae de las posiciones del 28 de junio por la tarde para convencerse de que Benedek había reunido en un espacio de dos millas cuadradas seis cuerpos de ejército (sin contar la caballería), frente a los cuales el príncipe heredero solo tenía el 5.º cuerpo y una brigada del 6.º. Si Benedek hubiera atacado el 29 a Steinmetz (5.º cuerpo), este habría sido rechazado por las montañas sobre el 6.º cuerpo, y el 30 Benedek habría podido atacar con toda tranquilidad a la Guardia y al 1.er cuerpo con cuatro cuerpos por lo menos y rechazarlos, après quoi2 el prudente Federico Carlos se habría guardado mucho de avanzar demasiado deprisa.3 Federico Carlos tenía cinco cuerpos y habría tenido enfrente por lo menos seis; pero la orden de retirarse le habría llegado seguro en cuanto hubieran sido batidas las tres columnas sueltas del príncipe heredero, y con eso la campaña habría tomado un carácter completamente distinto. Que los austriacos, con un poco de prudencia por parte de los prusianos, habrían acabado siendo batidos de todos modos se deduce ya de la proporción de fuerzas. Pero esos canallas prusianos se habrían visto obligados a echar abajo su sistema piojoso, y no habrían sido la reorganización4 y Bismarck los que hubieran vencido, sino el pueblo.

El Cluseret (que, por cierto, también ha jugado a feniano en Londres) está con su plan de milicias todavía más loco que los alemanes.5 La guerra americana —con milicias en los dos bandos— no demuestra nada salvo que el sistema de milicias cuesta sacrificios de dinero y de hombres verdaderamente inauditos, precisamente porque la organización solo existe sobre el papel. ¿Qué les habría pasado a los yanquis si, en lugar de las milicias del Sur, hubieran tenido enfrente un ejército permanente de un par de cientos de miles de hombres? Antes de que el Norte se organizara, estos habrían estado en Nueva York y en Boston y, con ayuda de los demócratas,6 habrían dictado la paz, y entonces el Oeste habría podido jugar a la secesión. El tipo es bueno cuando dice que lo principal son buenos oficiales y la confianza de la tropa en los oficiales, ¡dos cosas que con el sistema de milicias no hay manera de conseguir! Lo que en todas partes impresiona a la gente del sistema de milicias es la gran masa de hombres que se obtiene de golpe y la relativa facilidad para instruirlos, sobre todo ante el enemigo. Pero esto último no es nada nuevo; el viejo Napoleón también podía llevar ante el enemigo reclutas de tres meses formados en regimientos; pero para eso hacen falta buenos cuadros, y para eso, a su vez, hace falta algo distinto del sistema de milicias suizo-americano. Los yanquis todavía tenían al final de la guerra cuadros muy deficientes. Desde la introducción de los fusiles de retrocarga, la milicia pura está más acabada que nunca. Lo cual no quita que toda organización militar racional se sitúe en algún punto intermedio entre la prusiana y la suiza; ¿en cuál? Eso depende de las circunstancias de cada caso. Solo una sociedad organizada y educada de manera comunista puede acercarse mucho al sistema de milicias, y aun entonces de forma asintótica.

Con los periódicos de Viena estoy bastante apurado; la Neue Freie Presse la veo de vez en cuando, pero todo ese terreno me resulta demasiado ajeno. ¿Qué ideas tienes tú sobre eso, y también sobre la Fortnightly? La cosa merece que se piense con calma.

Espero que vuelvas a estar sentado y no tengas nuevas erupciones volcánicas. Gumpert se ríe de tu antipatía por el arsénico; dice que precisamente te tendría que animar, y está convencido de que no hay mejor remedio para ti. Pero si te niegas en redondo, deberías tomar ácidos, y de forma continuada, y por eso te ha vuelto a recetar el agua regia que ya te había prescrito antes y que te adjunto; supongo que la tomarás.

Muchos recuerdos a tu mujer y a las chicas, ídem a Lafargue.

Tuyo, F. E.

A Alberich, daz starke getwerg,7 le felicito por la presente con todo respeto por su cumpleaños y vacío ahora mismo un vaso de cerveza a su salud. El cotton8 me lo han extraviado en la fábrica, así que no podré mandarlo hasta mañana.

  1. En broma, seguramente una de las hijas de Marx, que le hacía de secretaria mientras él no podía escribir. ↩

  2. «Tras lo cual». ↩

  3. El príncipe Federico Carlos de Prusia mandaba el I Ejército prusiano; el príncipe heredero, el II, que entraba en Bohemia desde Silesia por los pasos de las montañas. Karl Friedrich von Steinmetz mandaba el 5.º cuerpo. ↩

  4. La reorganización del ejército prusiano de 1860-1862, que provocó el conflicto constitucional entre la Corona y la Cámara de Diputados. ↩

  5. Gustave Cluseret había publicado en el Courrier français artículos sobre la sustitución del ejército permanente por milicias. ↩

  6. El Partido Demócrata, cuya ala pacifista quería negociar con el Sur durante la guerra de Secesión. ↩

  7. «El fuerte enano», en alemán medieval: Eleanor (Tussy) cumplía trece años. ↩

  8. El ovillo de algodón que Marx le había pedido como regalo para Tussy. ↩