Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 23 de enero de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1099, pp. 14-15) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 23 de enero de 1868.
Querido Mohr:
Por el papelucho adjunto verás lo que Wilhelmchen no ha hecho.1 Uno de estos días le voy a echar una buena bronca. A jolly idea:2 ¡que «aprovechemos» la posición que se ha hecho en Sajonia, en lo local, o sea, que salgamos a dar la cara por él bodily!3 Su periodiquito me llega hoy; todavía no he podido echarle un vistazo.
Espero que por fin hayas acabado con ese carbunco tan terco. Pero ya te convencerás de una vez de que en este asunto no se puede seguir dejando correr las cosas, y de que hace falta por lo menos mucho ejercicio diario al aire libre y «renunciar» con regularidad al trabajo nocturno (en cuanto lo primero vuelva a ser posible) para que vuelvas a estar siquiera en condiciones de trabajar. Así el segundo tomo no sale nunca.
Adjuntas, las acciones para Strohn.4
Con lo de los artículos para Viena estoy de verdad en un apuro.5 Aparte de la Neue Freie Presse y del Wiener Tageblatt, no conozco por su nombre ningún periódico que Richter tenga a mano, y como no conozco casi nada de ese público, no tengo ni idea de por dónde agarrar la cosa, y eso es lo más importante. Laura escribe que hay que instruir a la gente; all very well,6 pero escoger lo que conviene, ahí está precisamente la dificultad. De todos modos, voy a repasar otra vez el libro entero para aclarármelo, y me vendría muy bien tu opinión.
También es buena la pretensión de Wilhelmchen: que yo le explique a él y a sus lectores, así, en una página de su periodiquito y a partir de este libro, de una vez por todas, en qué consiste en realidad la diferencia entre Marx y Lassalle. Esa pretensión me ha dado la idea de si no estaría bien hacer para los obreros un folletito popular de unos 6 pliegos: Marx y Lassalle. En ese espacio se podría hacer, y desarrollar además lo positivo que los obreros necesitan. La cosa tendría que venderse tirada de precio y obligaría enseguida a los lassalleanos a dar la cara. Pero para eso haría falta tiempo.
No puedes pedirme que me empolle los panfletos rusos de Borkheim,7 al menos en este momento. Tengo mucho trabajo en el negocio, llego tarde a casa, de modo que antes de las 8 no me pongo con nada, y encima tengo que llevar una vida muy ordenada, porque desde hace algún tiempo, cosa que no me había pasado en la vida, duermo mal y por eso muchas mañanas estoy hecho polvo. A eso se suman todavía, de vez en cuando, compromisos que no puedo evitar, y la necesidad absoluta de hacer ejercicio para volver a poner en orden el sueño. Cada folleto ruso me comería de 8 a 14 días, teniendo que volver a meterme en la lengua, y con lo malos que son los diccionarios. Ne vaut pas la peine.8
Sobre la Fortnightly, pronto.9 Todavía estoy rumiando ese punto. El sistema monetario, con lo importante que es para Inglaterra, me temo que en el primer artículo solo podré tocarlo de pasada; si no, se me come el artículo entero. Si luego se pudiera colocar un segundo, siempre podría entrar en él. ¿Qué te parece?
Muchos recuerdos a tu mujer y a las chicas, y también a Lafargue.
Tuyo, F. E.
Wilhelmchen («Guillermito»): Wilhelm Liebknecht, que dirigía en Leipzig el Demokratisches Wochenblatt, el «periodiquito» del que se habla más abajo. ↩
«¡Bonita idea!». ↩
«En persona», «con todo el cuerpo». ↩
Wilhelm Strohn, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, comerciante en Bradford. ↩
Los artículos sobre El capital que Marx y Engels querían colocar en la prensa de Viena. ↩
«Muy bien». ↩
Sigismund Borkheim, demócrata alemán emigrado en Londres, amigo de Marx, que se ocupaba entonces de asuntos rusos. ↩
«No vale la pena». ↩
La reseña de El capital que Engels preparaba para la Fortnightly Review de Londres; la revista no llegó a publicarla. ↩