Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 18 de septiembre de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1177, pp. 93-94) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 18 de septiembre de 1868.
Querido Mohr:
Creo que no conseguiréis imponer la exclusión de Eccarius de los congresos que os proponéis; también como delegado será indispensable. Pero, por lo demás, está muy bien que no se le consienta sin más y que haya varios who will wash his head, como dice Lafargue.1
En cuanto al anuncio de tu libro (Annonce), es absurdo decir que no puedes hacerlo tú mismo. Si tú mismo quisiste hacerlo cuando te mandé uno que no te gustó. Así que vuelve, por favor, sobre el asunto y mándame el anuncio que me prometiste entonces. Yo ya me encargaré de hacérselo llegar a Meissner. Pero tenemos que apoyar un poco al hombre para que no se le afloje la buena voluntad.
En cuanto al dinero, le escribiré con gusto a Borkheim en cuanto me avises de que ha vuelto. Pero, a propósito de esto, tienes que contarme qué pasó entonces con el préstamo. ¿Por cuánto aseguraste tu vida, con qué prima, y sigue en vigor la póliza? Porque todavía sería posible conseguir, o bien un nuevo sablazo de la misma compañía, o bien un anticipo sobre la propia póliza. ¿Pero cómo voy a sacar dinero para ti si me dejas completamente a oscuras en todas estas cosas? Si me pongo de acuerdo con Gottfried Ermen, que difícilmente volverá antes de finales de octubre, podré volver a hacer líquido algo enseguida, pero de eso depende todo. Si no me pongo de acuerdo con él, mi propia posición se vuelve muy incierta. Pero esto puede alargarse hasta finales de año antes de decidirse, y hasta entonces quedan aún 3 meses y medio.
El guapo Guillermo se está poniendo gallito desde que lo ha dejado su Bismarck.2 Cada vez está más claro que se empuja hacia la guerra. Aun así, creo que para este año ya es tarde. Las compras de caballos y la movilización propiamente dicha siguen requiriendo en Francia más tiempo que en Prusia y, a pesar de todos los preparativos y fanfarronadas, no creo que los franceses necesiten para ello menos de 6 semanas. La imposibilidad de arreglárselas con los caballos del país obliga a señalar el comienzo de la movilización propiamente dicha —es decir, ahora, de la decisión firme de atacar— con grandes compras de caballos en el extranjero, que se hacen públicas enseguida. El número total de caballos necesarios para la guerra no se puede tener todavía ni de lejos. Así que Luisito tiene que dar 5 o 6 semanas de notice,3 y eso nos lleva a finales de octubre, y una campaña de invierno solo se hace, sobre todo con las enormes masas de ahora, en caso de extrema necesidad. Si no surgen motivos muy especiales, estamos bastante seguros hasta marzo o abril, y hasta entonces pueden pasar muchas cosas.
Además, Luis está lejos de tener tanta gente como necesita. Su ejército de línea difícilmente podrá pasar de 650 000 hombres (la gendarmería, la garde municipale y un montón de otras tropas de policía figuran también en el presupuesto del ejército), y la guardia móvil, en gran parte, ni siquiera existe todavía sobre el papel. Para poner a punto un sistema militar nuevo hacen falta al menos 6 o 7 años, y el suyo solo tiene uno.4 No creo que Luis quiera ya una guerra si puede evitarla, porque cada mes de aplazamiento aporta a sus fuerzas armadas un refuerzo mayor que a las prusianas.
¿Laura está ya bien otra vez? Muchos recuerdos.
Tuyo, F. E.
«Que le laven la cabeza», es decir, que le echen una buena reprimenda: calco del francés laver la tête. Paul Lafargue, casado con Laura Marx desde abril de 1868. ↩
El rey Guillermo I de Prusia. Bismarck pasaba entonces una larga temporada de descanso en su finca de Varzin, en Pomerania. ↩
«Aviso». Luis Bonaparte, el emperador Napoleón III. ↩
La ley militar del mariscal Niel, de 1868, que creó la guardia nacional móvil. ↩