Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 6 de julio de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1287, pp. 201-203) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 6 de julio de 1869.

Querido Mohr:

Te devuelvo lo de Wilhelm. Es de verdad una locura todo lo que te hace tener que, tener que, tener que. Pero siempre la misma historia. Cuando se mete en una trifulca con Schweitzer, tienes que acudir siempre en su ayuda. Y aún pasará más veces.

Espero que sobre el congreso de Basilea le hayas hablado claro: que solo se admitirá a representantes de quienes se hayan adherido de verdad. Sería fatal que a él y a Bebel tuvieran que excluirlos por un defecto de forma.1

En cuanto a mi carta, su lamento por recibir «reproches en lugar de dinero» es exactamente la contrapartida de la queja de Bismarck cuando le rechazaron sus impuestos: «Señores, pedimos pan y ustedes nos dan piedras».2 El punto que tanto ha «molestado» al señor Wilhelm era la pregunta de cómo podía decirme en la misma carta que tenía el dinero para imprimir la Guerra campesina y, al lado, que no lo tenía para el periódico.3 Y, además, cómo es que hace 1½ años el periódico ya estaba «asegurado» y ahora todavía no se paga. De eso Monsieur Wilhelm no dice ni palabra, y se limita a indignarse moralmente porque le recordé las acciones que entonces me había prometido voluntariamente mandarme a vuelta de correo, y que naturalmente tampoco ahora voy a mirar, precisamente porque Wilhelm dice que «naturalmente las recibiré». Al mencionar las acciones solo quería que Wilhelm se pronunciara sobre la situación del periódico; porque tengo bastante claro que Wilhelm y consortes han montado la cosa con tanta dejadez que el impresor o cualquier otro acreedor puede embargar el periódico y ponerlos a ellos de patitas en la calle en cuanto se pague. En ese caso al señor Wilhelm podría venirle muy bien tener aquí a unos cuantos accionistas que hicieran valer sus derechos a su favor. Si el muy necio me hubiera contestado de manera satisfactoria (cosa que difícilmente podía hacer), también habría recibido dinero; pero con una simple petición, que además se contradecía a sí misma, y sin disculparse por su dejadez anterior ni decir una palabra sobre la situación del periódico, ni se me ocurrió. Así no vamos a malacostumbrar a Wilhelm.

Lo prematuros que eran sus gritos de victoria lo muestran los 4 Social-Demokrat que me has mandado hoy. Que Schweitzer también miente mucho es seguro, pero parece que por el momento ha salvado a la masa del rank and file.4 Con todo, va muy cuesta abajo, y si tuviera otro adversario que Wilhelm, el proceso se aceleraría mucho. Pero, claro, la sofocante palabrería que Wilhelm hace imprimir ahora como su «discurso» no servirá de mucho. Bebel sí que va directamente a por Schweitzer y saca algunas cosas fatales para él, según las cuales bien podría ser que Schweitzer recibiera su parte del fondo güelfo entregado a Stieber.5

En todo caso, con Wilhelm no hay nada que hacer mientras no separe del todo su organización del Partido Popular y no se limite, como mucho, a una laxa relación de cártel con esa gente. ¡También es bonito que quiera poner la Internacional en el título de su periodiquito, que sería entonces a la vez órgano del Partido Popular y de la Asociación Internacional de los Trabajadores! ¡Órgano de los filisteos alemanes y de los obreros europeos!

Bonita también la postura de Wilhelm de que al «Estado actual» no se le pueden aceptar concesiones a los obreros, ni siquiera arrancárselas. Con eso va a conseguir muchísimo entre los obreros.

Para Meissner me es imposible terminarte nada a tiempo. Hasta que esté hecho el balance tengo que ir a la ciudad por lo menos 2 o 3 veces por semana, y probablemente más en las próximas semanas, porque tengo que controlar el asunto con detalle. El ojo está mucho mejor, pero aún necesita cuidados si no quiero empeorarlo. Además, tengo que poner en orden de una vez por todas un montón de otros asuntos de dinero, mis cuentas privadas, etc., y eso también me entretiene mucho. Y luego me parece conveniente oír antes la opinión de Meissner precisamente en este caso, ya que dices que en estas cosas es algo quisquilloso.

Dile a Jenny que le contestaré en cuanto haya llegado aquí la consabida cerveza, cosa que hasta ahora no ha ocurrido.

Tussy dice que escribirá mañana. Ahora lee los cantos populares serbios en traducción alemana, que parecen gustarle mucho, y me ha relevado en las clases de piano de Mary Ellen, con gran provecho de esta última.6 Cuando hace buen tiempo y no tengo que ir a la ciudad, salimos todas las mañanas a pasear un par de horas; si no, weather permitting,7 por la tarde.

El folleto de Tridon me interesó sobre todo por la segunda parte, porque no conozco lo que se ha escrito últimamente sobre la primera revolución.8 En la primera parte reina, eso sí, una gran confusión, sobre todo acerca de la centralización y la descentralización; ya está bien que la «Renaissance» se haya aplazado de momento: esa gente pronto se tiraría de los pelos entre sí. Es cómica la idea de que la dictadura de París sobre Francia, con la que se hundió la primera revolución, se pueda repetir hoy sin más y con otro resultado.

La declaración de Bruce sobre Mold ha demostrado, desde luego, que las ideas que se tenían hasta ahora sobre la legislación inglesa en esta materia eran del todo falsas y que aquí se está enteramente en el punto de vista prusiano. También es bueno que lo sepan los obreros.

Espero que pronto puedas darme mejores noticias de la salud de Laura. En todo caso, la mudanza es muy sensata.

Saludos cordiales.

Tuyo, F. E.

  1. El cuarto congreso de la Internacional, en Basilea, del 6 al 12 de septiembre de 1869. ↩

  2. Paráfrasis de Mateo 7, 9. Las propuestas fiscales de Bismarck habían sido rechazadas por el Reichstag de la Confederación de Alemania del Norte en junio de 1869. ↩

  3. Liebknecht quería reeditar La guerra campesina en Alemania; el periódico es el Demokratisches Wochenblatt de Leipzig. ↩

  4. «La tropa», los afiliados de base. El Social-Demokrat, órgano de Schweitzer en Berlín. ↩

  5. El fondo güelfo: los bienes confiscados en 1866 al rey Jorge V de Hannover, que Bismarck empleaba como fondo secreto, entre otras cosas para sobornar a la prensa. Wilhelm Stieber, jefe de la policía política prusiana. ↩

  6. Mary Ellen Burns («Pumps»), sobrina de Lizzy Burns, que vivía con ella y con Engels. ↩

  7. «Si el tiempo lo permite». ↩

  8. Gustave Tridon (1841-1871), periodista blanquista francés. La «primera revolución» es la de 1789. La Renaissance era un periódico que los blanquistas proyectaban fundar. ↩