Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Londres, escrita en Karlsbad el 18 de septiembre de 1874. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1444, pp. 422-423) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Karlsbad, 18 de septiembre de 1874.
Querido Fred:
El lunes nos ponemos en marcha; vamos a Hamburgo pasando por Leipzig, donde me detendré un poco y veré a Wilhelm.1
Ya sabes que soy muy perezoso para escribir; pero esta vez no ha sido esa la razón de mi obstinado silencio. Las tres primeras semanas las he pasado casi sin dormir; eso, junto con el ajetreo de aquí, te lo explicará todo.
Aunque solo se bebe por la mañana (por la noche, antes de acostarse, uno se hace traer a casa un vaso frío de un manantial especial), uno está todo el día metido en una especie de máquina que no le deja casi ni un momento libre.
Por la mañana, en pie a las 5 o a las 5 y media. Luego hay que tomar 6 vasos seguidos en distintas fuentes. Entre un vaso y el siguiente tienen que pasar por lo menos 15 minutos.
Luego se prepara el desayuno, empezando por la compra de bollería conforme al régimen de la cura. Después, una marcha de una hora por lo menos, y por fin el café, que aquí es excelente, en uno de los cafés de las afueras. A continuación, una excursión a pie por los montes de los alrededores; hacia las 12, about,2 se vuelve a casa, pero un día sí y otro no hay que tomar además un baño, que se lleva otra hora. Sigue el cambio de ropa; puis3 la comida en una fonda cualquiera.
Dormir después de comer (antes de comer está permitido), terminantemente prohibido, y con razón, como pude comprobar en un único intento. Así que otra excursión, alternando con paseos en coche. Vuelta a Karlsbad entre las 6 y las 8 de la tarde, cena ligera y... a la cama. Esto se varía con el teatro (que siempre cierra a las 9, como todos los demás entertainments),4 conciertos o el gabinete de lectura.
Por efecto de las aguas la cabeza está aquí muy irritable; comprenderás, pues, que a la larga Kugelmann5 se me hiciera insoportable. Por pura cordialidad me había dado una habitación entre la suya y la de Tussy, de modo que lo disfrutaba no solo cuando estaba con él, sino también cuando estaba solo. Su perorata continua y seria, vacua como hojalata, recitada con voz grave, la soporté con paciencia; ya menos a la chusma de filisteos de Hamburgo, Bremen y Hannover, machos y hembras, que no le dejaban a uno en paz; pero al final se me acabó la paciencia cuando empezó a aburrirme demasiado con sus escenas domésticas. Este filisteo archipedante, de una mezquindad burguesa, se ha metido en la cabeza que su mujer no comprende, no entiende su naturaleza fáustica, que se dedica a una concepción superior del mundo, y atormenta del modo más odioso a la señora, que le es superior en todos los sentidos. Así que entre nosotros se armó un escándalo; me mudé a un piso más alto, me emancipé completamente de él (me había estropeado seriamente la cura) y no hicimos las paces hasta poco antes de su marcha (que fue el domingo pasado). Pero le declaré en firme que no iría a visitarle a Hannover.
Una compañía muy agradable fue Simon Deutsch6 (el mismo con el que tuve aquella bronca en París y que vino a buscarme aquí enseguida); además, pronto se agrupó en torno a mí y a mi hija la mitad de la facultad de medicina del lugar: gente muy adecuada todos para lo que aquí se busca, que es pensar poco y reír mucho. También el pintor Knille,7 de Berlín, un tipo muy simpático.
De mi aventura con el Hans Heiling8 Kugelmann, muchas cosas divertidas en Londres.
Cuantos más detalles se oyen «de lo austriaco», más se convence uno de que este Estado se acaba.
Hasta ahora he adelgazado 4 libras (peso aduanero),9 y hasta con la mano noto que el hígado graso está en status evanescens.10 Creo que en Karlsbad he conseguido por fin mi objetivo, por lo menos para un año. Me gustaría mucho encontrar unas líneas tuyas en Hamburgo, en casa de Meissner.11
Con los mejores saludos de Tussy y míos a Madame Lizzy y a Pumps.
Tuyo, Mohr.
Me habían invitado a Ischl (el doctor Kraus, director de la Wiener Medizinische Zeitung)12 y a Praga el señor Oppenheim (hermano de la señora Kugelmann, un hombre muy amable), pero el hombre, llegado a cierto punto, tiende a volver a casa.
Wilhelm Liebknecht, que vivía en Leipzig. ↩
«Más o menos». ↩
«Luego». ↩
«Diversiones». ↩
Ludwig Kugelmann, médico de Hannover y amigo de Marx, que estaba en Karlsbad con su mujer y su hija. ↩
Simon Deutsch, comerciante y publicista austriaco, emigrado en París. ↩
Otto Knille, pintor de historia alemán. ↩
El sombrío protagonista, príncipe de los espíritus de la tierra, de la ópera romántica Hans Heiling (1833) de Heinrich Marschner. ↩
La libra aduanera alemana (Zollpfund) era de medio kilo. ↩
«Estado de desaparición»: a punto de desaparecer. ↩
Otto Meissner, el editor de El capital en Hamburgo. ↩
«Revista Médica de Viena». ↩