Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba en Hamburgo, escrita en Londres el 21 de septiembre de 1874. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1445, pp. 424-426) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 21 de septiembre de 1874.

Querido Mohr:

Te habría escrito hace mucho si las noticias de Karlsbad no hubieran hecho siempre dudoso que la carta te encontrara todavía allí.

Me alegra mucho saber que Karlsbad ha dado fruto. Una vez que el hígado esté en orden, también el sistema nervioso, alterado y excitado todavía más por la cura, se podrá calmar con el tiempo. Tendrás que hacer una buena poscura y traerte de Karlsbad las instrucciones. Fue un disparate no volver por Dresde; el viaje es mucho más bonito, y un poco de vagabundeo te vendría muy bien justo ahora. Pero todavía hay tiempo de visitar desde Hamburgo la región de los lagos de Holstein, y deberías hacerlo de todos modos un par de días; es muy bonita. Si estás short of cash,1 Meissner puede adelantarte algo, y nosotros se lo devolvemos desde aquí.

Los informes del congreso de Bruselas2 los habrás visto en el Times; está claro que son de Wingfield, o como se llame el tipo que estuvo en La Haya. It was a miserable failure:3 14 hombres, todos belgas, salvo 2 alemanes lassalleanos (Frohme, de Fráncfort, y ?),4 Schwitzguébel,5 un español, Gómez, y Eccarius.6 Rochat7 nos ha mandado, en un periodiquito de Bruselas, La Gazette, una descripción divertidísima del tenderete.

Otra cosa: los 2 Scheu8 y el incansable Frankel9 por poco nos revientan aquí la asociación comunista alemana.10 Por afán de acción convocaron un meeting público en su local e invitaron a él a la banda de forajidos lassalleana de Zilinski y Cía., ¡a la que hace 2 años habían echado a la calle a duras penas! Yo no me enteré hasta que era demasiado tarde; le canté las cuarenta a Frankel y le di algunas instrucciones de conducta, de las que, naturalmente, se hizo todo lo contrario. Well, como era de esperar, Zilinski se presentó con 50 o 60 hombres (¡los de la asociación no llegaban a 10!), impuso una mesa de los suyos y had it all their own way.11 Al final el asunto se aplazó y por ahora acabó bastante bien, pero todavía no ha terminado. Como no he visto aún a Lessner12 (que también tiene que tener algo en la conciencia, si no, ya habría venido), no tengo todavía un informe como es debido de lo que pasó. Frankel está muy avergonzado por su hazaña, y tu mujer le ha echado una buena bronca. Los Scheu parecen ser unos irrepressible meddlers.13

En Leipzig habrás visto quizá a Blos,14 que sale libre mañana o pasado, y en todo caso te habrán contado que unos obreros de Colonia quieren sacar un diario y que Blos me ha preguntado si pueden llamarlo Neue Rheinische Zeitung.15 Blos lo va a dirigir. Como —al principio de tu estancia en Karlsbad y antes de que llegara noticia alguna tuya— era imposible consultarte, tuve que decidir provisionalmente. Considering,16 primero, que es la primera vez que esta gente se dirige a nosotros in a becoming manner,17 y 2.º, que difícilmente nosotros volveremos a sacar nunca una Neue Rheinische Zeitung, aunque solo sea por la situación provinciana de Colonia, yo, quant à moi,18 no he puesto ninguna objeción y he expresado también la suposición de que tú también consentirías. Jenny, a quien consulté como representante tuya, era de la misma opinión. Habría causado una impresión muy mezquina entre los obreros renanos que nos hubiéramos negado. Si tienes reparos, todavía hay tiempo de dar marcha atrás.

El Volksstaat, con Wilhelm,19 se vuelve cada vez más aburrido y peor, metiendo sin ningún criterio material de relleno. Solo de vez en cuando algo legible.

Estoy metido de lleno en la doctrina de la esencia.20 Al volver de Jersey me encontré aquí con los discursos de Tyndall y de Huxley en Belfast,21 que vuelven a mostrar toda la angustia y el apuro de esta gente atascada en la cosa en sí y su grito de miedo pidiendo una filosofía salvadora. Eso, tras toda clase de interrupciones la primera semana, me devolvió al tema dialéctico. Para el débil entendimiento de los naturalistas, la gran Lógica solo sirve aquí y allá, aunque en lo propiamente dialéctico de la cosa llega mucho más al fondo; en cambio, la exposición de la Enciclopedia22 parece hecha para esta gente: los ejemplos están tomados en gran parte de su campo y son contundentes, y además, por ser una exposición popular, está más libre de idealismo; y como yo no puedo ni quiero ahorrarles a estos señores el castigo de aprender precisamente de Hegel, aquí está justamente el filón; tanto más cuanto que el viejo todavía hoy les da a estos señores nueces de sobra que cascar. Por cierto, el discurso inaugural de Tyndall es lo más atrevido que se ha dicho hasta ahora en Inglaterra en una asamblea así, y ha causado una impresión y un espanto enormes. Se ve que la manera mucho más resuelta de presentarse de Haeckel23 no le ha dejado dormir. Tengo la edición literal en Nature, que podrás leer aquí. Su reconocimiento de Epicuro te hará gracia. Lo que es seguro es que la vuelta a una concepción de la naturaleza verdaderamente pensante está aquí en Inglaterra mucho más en serio en marcha que en Alemania, y la gente aquí, en vez de buscar la salvación en Schopenhauer y Hartmann,24 la busca por lo menos en Epicuro, Descartes, Hume y Kant. Los franceses del siglo XVIII, claro está, siguen estándoles prohibidos.

En Nueva York, los alborotadores y los presuntuosos del Consejo General han conseguido la mayoría, y Sorge ha dimitido y se ha retirado del todo.25 Tanto mejor. Ya no somos responsables en absoluto del tinglado, que se irá durmiendo solo. ¡Qué suerte que tengamos nosotros las actas!

Quant à la grande politique,26 ahora, por suerte, podemos dejar que take care of itself;27 ya habrá tiempo de reírse de ella cuando vengas.

Por lo demás, aquí todo va all right; Jenny tenía anteayer muy buen aspecto y estaba de muy buen humor. Wróblewski28 está mejor; ha recurrido a la electricidad. Nunca se habló de cortarle el brazo, sino solo de extirparle un trozo de músculo en el que probablemente se ha quedado pegada una terminación nerviosa que le causa el dolor. Pero ha debido de estar terriblemente hundido, y nuestro dinero llegó justo en el momento decisivo.

Saluda muy cordialmente de mi parte a Meissner; le escribiré pronto por varias cosas.

Saludos afectuosos a Tussy, à revoir.29

Tuyo, F. E.

  1. «Corto de dinero». Otto Meissner, el editor de El capital en Hamburgo. ↩

  2. El congreso de la Internacional antiautoritaria, la de los bakuninistas, celebrado en Bruselas a comienzos de septiembre de 1874. ↩

  3. «Fue un fracaso miserable». ↩

  4. Karl Frohme, agitador lassalleano. Según los editores de la MEGA¹, estuvo también Paul Kersten. ↩

  5. Adhémar Schwitzguébel, grabador relojero, uno de los dirigentes de la Federación del Jura. ↩

  6. Johann Georg Eccarius, sastre alemán, antiguo secretario general del Consejo General, que se había pasado a los adversarios de Marx. ↩

  7. Charles Rochat, antiguo miembro de la Comuna de París y del Consejo General. ↩

  8. Los hermanos Andreas y Heinrich Scheu, socialistas austriacos emigrados en Londres. ↩

  9. Leo Frankel, obrero orfebre húngaro, miembro de la Comuna de París y luego del Consejo General en Londres. ↩

  10. La Asociación Cultural Comunista Obrera de Londres (Kommunistischer Arbeiterbildungsverein), de los emigrados alemanes. ↩

  11. «Hicieron lo que les dio la gana». ↩

  12. Friedrich Lessner, sastre alemán, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas y del Consejo General de la Internacional. ↩

  13. «Entrometidos incorregibles». ↩

  14. Wilhelm Blos, periodista socialdemócrata, antiguo redactor del Volksstaat, que estaba entonces en la cárcel. ↩

  15. El nombre del diario que Marx y Engels habían dirigido en Colonia en 1848-1849. ↩

  16. «Considerando». ↩

  17. «De forma decorosa». ↩

  18. «Por mi parte». ↩

  19. Wilhelm Liebknecht, que dirigía el Volksstaat en Leipzig. ↩

  20. La segunda parte de la Ciencia de la lógica de Hegel. ↩

  21. John Tyndall, físico, inauguró en agosto de 1874 en Belfast el congreso de la British Association for the Advancement of Science con un discurso materialista que causó escándalo; en el mismo congreso habló el biólogo Thomas Henry Huxley sobre los animales como autómatas. ↩

  22. La Enciclopedia de las ciencias filosóficas, cuya primera parte es la llamada Lógica pequeña. ↩

  23. Ernst Haeckel, zoólogo alemán, el principal divulgador del darwinismo en Alemania. ↩

  24. Arthur Schopenhauer y Eduard von Hartmann, el autor de la Filosofía de lo inconsciente, entonces de moda. ↩

  25. Friedrich Adolph Sorge, secretario general del Consejo General de la Internacional, trasladado a Nueva York tras el Congreso de La Haya. ↩

  26. «En cuanto a la alta política». ↩

  27. «Se cuide sola». ↩

  28. Walery Wróblewski, revolucionario polaco, general de la Comuna de París, emigrado en Londres. ↩

  29. «Hasta la vista». ↩