Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Littlehampton, escrita en Londres el 17 de septiembre de 1878 (el lugar no figura en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1476, pp. 477-478) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

17 de septiembre de 1878.

Dear Fred:

Te escribo estas líneas antes de pasar por tu casa (todavía es temprano); si encuentro allí alguna carta para ti, te la mandaré en otro sobre.

Las noticias de Malvern, mucho mejores, de modo que no necesito ir; pero, por si acaso, ahora el médico viene sin falta todos los días.1 Se lo había propuesto enseguida a mi mujer, para evitar por un lado los continuos panics exagerados y, por otro, el descuido de las medidas necesarias; pero ella, y más aún Jennychen, estaban tontamente en contra, para no aumentar «inútilmente», como decían, las facturas de médico, ya de por sí altísimas en Malvern. Ahora ven que yo tenía razón. También había recetado un paseo en coche diario, durante la parte buena del día, siempre que el estado del niño lo permitiera. Eso lo ha confirmado ahora el médico. Esos paseos son el único descanso de Jennychen y el único medio que tiene mi mujer, cuya cura se ha visto muy perjudicada por los continuos troubles con el niño, para reaccionar contra esas influencias dañinas para la salud. Mientras estuve allí, impuse por eso la cosa.

El señor Eulenburg (vide papers of to-day) tampoco lleva lechuzas a Atenas.2 Nunca he leído nada más lamentable que el extract, la quintaesencia, de su speech. También Stolberg está bueno.3 La ley de excepción se hace para quitar al movimiento socialdemócrata la sola apariencia de legalidad. Probatum est. Mettre hors la loi ha sido desde siempre el medio infalible para volver «ilegales» los movimientos contrarios al gobierno y proteger al gobierno frente a la ley: la légalité nous tue.4 Reichensperger representa al burgués renano del Centro. Bamberger sigue fiel al «¡Perros somos, a fin de cuentas!».5

Bebel, por lo visto, ha causado impresión. (Mira el Daily News de hoy.) Este comienzo es bueno.

A nuestro amigo Kovalevski lo han fusilado en Odesa varios periódicos ingleses; allí escriben así: Don-Kowalsky.6 El fat boy, que estuvo en mi casa el domingo, me contó una anécdota muy bonita. Antes de su partida, varios aspirantes «diplomáticos» de entre sus estudiantes de Moscú tenían que pasar examen con él. Entre ellos hay muchos mozos mucho mayores que él, sobre todo montenegrinos, que reciben su disciplina académica a costa del Russian Asiatic (diplomatic) Department.7 Esos mozos se distinguen por su denseness8 y su edad avanzada, como antaño, entre nosotros, en el instituto de Tréveris, los patanes de pueblo que se preparaban para el seminario (católico) y en su mayoría cobraban becas.

Aunque las notas rusas van de 0 a 5 (en los exámenes universitarios), Kovalevski solo pone dos notas, 4 para los que no saben nada y el 5 para los que saben algo. En el último examen se le presenta un montenegrino de 32 años, alto como un árbol, uno de sus oyentes, y le dice: «Tengo que sacar un 5; no sé nada, eso lo sé, pero sé por otro lado que, si “otra vez” saco un 4, el Asiatic Department me extenderá el pasaporte para Montenegro; así que tengo que sacar un 5». Naturalmente, suspendió de manera brillante, porque Kovalevski, como también le explicó de palabra, no veía no necessity9 de que siguiera en Moscú.

Lo más curioso es —dice Kovalevski— que todos esos mozos de Montenegro se empapan en Moscú de un odio fanático a los rusos. Se lo han contado ellos mismos con toda ingenuidad, y han dado como motivo: los rusos in general, y los estudiantes rusos en particular, nos tratan y nos declaran bárbaros y bestias. El gobierno ruso consigue, pues, justo lo contrario de lo que pretende con sus «beneficios».

Lo que decíamos en broma entre nosotros —que los socialistas rusos cometen los «horrores» y que a los socialdemócratas alemanes, tan «conformes a la ley», hay que ponerlos fuera de la ley por ello— lo ha alegado en serio el bobo de Stolberg. Solo se olvida de añadir que, junto a esos «horrores», en Rusia existe un «estado de ley» al que aspira con sus proyectos de ley el junker Bismarck, como meta ideal, aunque inalcanzable.

Que los rusos, apoyados por Prusia y Austria, reclamen ahora otra vez una «mediación europea» es un síntoma muy significativo.

Addio. Espero que te repongas de los últimos sustos en Littlehampton.10 Saludos de Tussy y de Lenchen.

Tuyo, Mohr.

  1. Jenny Longuet estaba en el balneario de Malvern con su madre y su hijo pequeño, enfermo. ↩

  2. Juego de palabras con el nombre del ministro prusiano del Interior, el conde Botho zu Eulenburg (Eule, «lechuza»), y el dicho alemán «llevar lechuzas a Atenas» (hacer algo superfluo). Eulenburg defendió el 16 de septiembre de 1878 ante el Reichstag el proyecto de ley contra los socialistas. Vide papers of to-day: «véanse los periódicos de hoy». ↩

  3. El conde Otto zu Stolberg-Wernigerode, vicecanciller del Imperio, que intervino en el mismo debate. Extract: «extracto»; speech: «discurso». ↩

  4. Probatum est: «queda probado». Mettre hors la loi: «poner fuera de la ley». La légalité nous tue: «la legalidad nos mata». ↩

  5. Peter Reichensperger (1810-1892), diputado del Centro católico. Ludwig Bamberger (1823-1899), nacionalliberal, antiguo demócrata de 1848. ↩

  6. Maksim Kovalevski (1851-1916), historiador y jurista ruso, profesor en Moscú, amigo de Marx. En agosto de 1878 fue fusilado en Odesa el revolucionario Iván Kovalski: la prensa inglesa confundió los nombres. ↩

  7. El departamento asiático del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Fat boy: «el gordo», apodo de Kovalevski. ↩

  8. «Cerrazón». ↩

  9. «Ninguna necesidad». ↩

  10. Lydia (Lizzie) Burns, la mujer de Engels, había muerto el 12 de septiembre de 1878. ↩