Siguiendo con la recuperación de textos de nuestra corriente, digitalizamos tres artículos publicados en las ediciones en francés del FOR entre 1980 y 1986 sobre guerra y derrotismo revolucionario. Si siempre son fundamentales ahora además, son urgentes.

Tres elementos de reflexión muy actuales

¿Por qué las clases dirigentes nos machacan con «el peligro de una guerra nuclear»?

La primera de estas razones es indiscutiblemente preparar a la población para la eventualidad de la guerra; que la población se acostumbre a la idea de la guerra, de lo contrario el choque moral provocado por la explosión de las primeras bombas correría el riesgo de dar paso a acciones descontroladas e «irresponsables». La segunda de estas razones es que saben muy bien que la guerra mundial es, en la mente de la mayoría, el fin de toda esperanza.

La anunciada inminencia de una guerra mundial tiene el efecto de un desánimo total porque muy pocos son quienes hoy perciben como único escape al callejón sin salida del capitalismo su liquidación por la revolución socialista; al no ver salida, la gente se desalienta porque no entiende cómo evitar que se materialice la amenaza de guerra y en eso tiene razón.

Porque si uno se queda encerrado en la lógica de este sistema podrido y moribundo, la guerra siempre penderá como una amenaza hasta su estallido. El desánimo total, así provocado por el miedo a la guerra y la falta de esperanza tanto en evitar la guerra como de establecer un mundo mejor, no puede dejar de hacer que las personas, y especialmente el proletariado, se muestren aún más apáticos, aún más tímidos, aún más dispuestos a aceptar cualquier condición.

Antimilitarismo sin derrotismo revolucionario no lleva a ningún lado

Por un lado, hay que decir que la lucha contra la guerra no es necesariamente la lucha contra el capitalismo, así como el miedo a la guerra no es necesariamente un atisbo de comunismo. La lucha contra la guerra debe librarse a través de la revolución, esa es la frase clave, la única consigna revolucionaria relativa a la lucha contra la guerra. [...]

Que en este caso el objetivo perseguido -evitar la guerra o detenerla- no puede lograrse, es obvio, pero esta evidencia es obvia para los comunistas y no para aquellos que corren el riesgo de dejarse llevar ingenuamente en tal lucha, una falsa lucha por excelencia por tanto y que hará las delicias de los distintos defensores del capitalismo. El simple sentimiento de horror que justamente provoca la idea de la guerra puede ser el único sentimiento que haga reaccionar al pueblo.

Decimos «pueblo» porque precisamente en esta eventualidad se eclipsan los límites sociales y el proletariado no lucha como clase independiente y por tanto no es revolucionario. Por otro lado, el sentimiento que debe dominar la lucha revolucionaria es el sentimiento de horror provocado no sólo por un estado particular en el que se encuentra el capitalismo (guerra, crisis económica, etc.) sino por el capitalismo mismo, por sus fuerzas reaccionarias. Atrofia hoy, por lo absurdo de su supervivencia parasitaria en un mundo donde todas las condiciones objetivas están totalmente dadas para el establecimiento del comunismo.

Una guerra mundial no nos acercaría a una utópica «caída» del sistema ni a la revolución y de hecho es, en sí misma, una derrota de los trabajadores

En cuanto a los demás, los que ven en la masacre de decenas de millones de individuos la oportunidad de la revolución comunista, para combatirlos en su razonamiento absurdo es necesario considerar la guerra por venir (si se produce) y sus consecuencias. Consecuencias para la lucha de clases.

La guerra que se avecina, si estalla, será en primer lugar un fracaso del proletariado internacional que no habrá podido impedirla mediante la revolución, y en segundo lugar sobre todo, si no es el proletariado mundial insurgente quien le ponga fin lo antes posible, marcará el fin de toda civilización humana, cualquiera que sea la forma en que se imagine su desarrollo. Y entonces, las posibilidades de la revolución estarían comprometidas durante mucho tiempo, tal vez para siempre y en este caso significaría que lo que quedara de la raza humana, si quedara algo, estaría en camino a su total declive.

La agitación contra el sistema debe prevalecer sobre la agitación contra sus consecuencias catastróficas

Se trata, pues, de hacer que la «paz» capitalista sea tan insoportable mentalmente como la guerra capitalista, la «buena» marcha del capitalismo tan insoportable mentalmente como la crisis económica capitalista, y así sucesivamente para todas las facetas del capitalismo: hacer insoportable a la mente tanto las ruedas dentadas fundamentales del sistema social, económico y político que actualmente impera sobre todo el planeta, como los epifenómenos catastróficos que surgen de las leyes del sistema y que les permiten estallar en cualquier momento.

En cuanto a la amenaza de guerra que hoy pesa mucho sobre la humanidad, no debemos dejarnos llevar por el pánico sino, al contrario, mantener la cabeza fría.

El pánico sólo puede traer como consecuencia el desánimo total o la participación precipitada en acciones que tienen todas las posibilidades no sólo de no impedir nada en absoluto sino también de obstaculizar u oponerse a la lucha de los revolucionarios, única lucha que puede evitar la guerra porque apunta a la destrucción del capitalismo hasta sus raíces y a la instauración del comunismo mundial, sin fronteras y sin clases.

Esta destrucción del capitalismo, hay que subrayarlo, está lejos de ser una aberración utópica, una esperanza sin posibilidades de realización. Por el contrario, a pesar de su poder aparente, el capitalismo nunca ha sido tan débil porque el poder potencial del proletariado, es decir, el poder que tendría si finalmente decidiera tomar en nombre de toda la sociedad humana las máquinas que maneja y las riqueza que produce o ha producido -hasta ahora para el solo interés de los capitalistas- superaría a su enemigo capital; el poder potencial del proletariado, por lo tanto, nunca ha sido tan grande. Nunca el proletariado ha tenido tantas posibilidades de triunfar a nivel mundial.

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