19 de Julio, n.º 1, diciembre de 1941 (págs. 10-14). PDF del número completo, primera parte · segunda parte

Los gobernantes nacional-socialistas os han arrojado a la más cruel, ingente y criminal carnicería que hayan presenciado los tiempos. Millones de hombres, mujeres y niños, han caído ya bajo la metralla de ambos bandos; decenas de millones viven constantemente amenazados por la muerte; acosados por el hambre; expulsados de sus hogares destruídos o invadidos; obligados a emplear en la destrucción, la técnica y la fuerza humanas de trabajo; tiranizados en sus más elementales instintos de libertad, por la bota militar que pisotea el mundo. Catorce países han sido vencidos u ocupados sin lucha por decisión de vuestros mandatarios. El resultado para vosotros ha sido más muerte, más miseria, más opresión que antes, y miriadas de ojos cargados de rencor que os circundan por todas partes. La tiranía no puede ser amada ni respetada. Su método de gobierno es el campo de concentración, el trabajo forzado, la cárcel, el piquete de ejecución; su "nuevo orden" el saqueo organizado, la esclavitud general; su laurel de gloria, un alarido universal de odio y repulsión.

No hacemos a Alemania sola responsable de la guerra. Inglaterra y los Estados Unidos lo son en no menor grado. Sobre el régimen capitalista por entero recae la culpa de la horrenda matanza. Es el fardo muerto de una clase caduca quien agota y asesina a la humanidad. El mundo no puede dar millones de beneficio a los capitalistas alemanes, ingleses, americanos, japoneses, franceses e italianos, al mismo tiempo. Bajo el sistema de producción y distribuición que [le es pr]opio, no hay lugar para una con[ilegible] indus[ilegible]no. Que uno u otro bando haya comenzado la guerra, es cuestión secundaria, buena únicamente para conocer al más fuerte militarmente. El choque en sí, sólo ha podido ser engendrado por el choque previo del potencial económico de los beligerantes; es inexplicable de otra forma. El sistema capitalista por entero está en conflicto permanente con los intereses del progreso técnico y de la civilización en general. Quienquiera resulte vencedor, la guerra imperialista es impotente para resolver ese conflicto. Bajo Alemania o bajo Inglaterra y los Estados Unidos, el mundo no puede salir de la miseria y progresar, sin pasar del sistema capitalista al sistema socialista, del gobierno de la burguesía al del proletariado. He ahí por qué el manifiesto sobre la guerra de la IV Internacional, proclama: "La tarea que plantea la historia, no es la de apoyar un sector del sistema capitalista contra el otro, sino de poner fin al sistema por entero".

Cada uno de los bandos cuida de salmodiar su propia infamia con embustes justificativos de diferente género. La historia está repleta de crímenes cometidos so capa de justicia y libertad, pero el crimen de la guerra actual sobrepasa en proporciones y perfidia a todo lo anterior. "Mataos por la democracia, por la libertad" —vocifera la burguesía angloamericana; "mataos por el espacio vital, por el nuevo orden, contra las plutocracias" —aulla la burguesía germanoitaliana. ¡Mentira! Ingleses y alemanes, los aliados de unos y otros, son lanzados a la muerte, por y en beneficio único de sus respectivas plutocracias. Los trabajadores, la población pobre en general, nada tienen que ganar. Sus intereses no piden la guerra imperialista, [ilegible] [ilegible] bayonetas, ni el orden policíaco y prefascista de las "democracias", sino el orden proletario de los Estados Unidos Socialistas de Europa. Las armas que hoy matan, destruyen y arruinan el mundo, convertiríanse en instrumentos de paz, abundancia y progreso, si los obreros alemanes e ingleses las volvieran contra sus propios gobiernos matarifes. ¡Esta es la única salida positiva que existe! Del triunfo de cualquiera de los bandos sólo puede esperarse una agravación de todas las calamidades y la preparación de otra guerra aun más feroz y aniquiladora.

Los gobernantes fascistas subieron al poder y os condujeron a la guerra, bajo el signo de la lucha contra el pacto de Versalles. Es verdad que los vencedores de 1918 realizaron una bárbara expoliación con Alemania. ¿Pero qué hace la burguesía alemana con los países vencidos? Los destruye o los explota económicamente, según le conviene, y los tiraniza siempre, en condiciones que superan con mucho las del pacto de Versalles. El objeto de la guerra imperialista no puede ser más que ese; el vencedor pisotea y destruye al vencido. También es verdad que los mismos vencedores de 1918 maquinan ya el desmembramiento y la destrucción económica de Alemania; pero no lo es menos que los gobernantes fascistas urden lo mismo contra Inglaterra y los Estados Unidos. No es posible salir de ese círculo vicioso entre vencedores y vencidos, sin orientar la lucha en un sentido totalmente opuesto al de la guerra nacional. El argumento sobre el cerco económico, tan intensamente explotado por la burguesía alemana, no debe impresionar vuestra conciencia. En Inglaterra y los Estados Unidos, los grupos revolucionarios de la IV Internacional, sostienen un combate denodado contra su propio imperialismo, seguidos por la simpatía de las masas pobres. Los obreros y los campesinos ingleses y americanos, no consideran suya esta guerra y aumentan de día en día su resistencia a los capitalistas. Churchill ha admitido recientemente que el número de jornadas de trabajo perdidas en Inglaterra por conflictos con los obreros, está ya cerca del número total perdidas durante toda la otra guerra. Poned en esto vuestra confianza obreros alemanes, y seguid también el camino de la resistencia a vuestro imperialismo. Cuando los obreros expropien a todos los capitalistas, cesarán las expoliaciones de una nación contra otra.

En realidad, la capacidad productiva del mundo es apenas suficiente para sacar a la humanidad de la barbarie y la esclavitud. Pero el sistema capitalista ha llegado al cénit de sus posibilidades. Si la revolución no triunfa, viviremos una época horrífica de guerras, invasiones, deportaciones y degüellos en masa, empobrecimiento general, paro obrero, hambre contínua y tiranía vesánica, todas las consecuencias, en fin, de los instintos desencadenados de una clase degenerada, pero no vencida.

Los stalinistas, socialdemócratas [ilegible] anarquistas que apoyan al imperialismo, son en el fondo tan reaccionarios como la burguesía, aunque más peligrosos [por su fraseología se]udo-obrerista. Por el camino que [ilegible] civilización; por el [ilegible] indus[ilegible]tria y de la banca; a la supresión de la explotación del hombre por el hombre, de las fronteras nacionales, de las diferencias de raza, de las de clase; a la industrialización del mundo, a los Estados Unidos Socialistas de Europa y de la Tierra; a la libertad en un grado jamás conocido hasta hoy. Esto piensan los obreros, esto las masas pobres; las voces de Churchill y Roosevelt, mienten al asegurar que los trabajadores están tras de sus planes de rapiña.

LA GUERRA CONTRA LA U.R.S.S.

Hitler había paseado sus legiones sobre Europa sin encontrar apenas resistencia. Ya hacía las cuentas de la lechera creyéndose un Alejandro superado. Pero en esta época, los Alejandro están al servicio del proletariado, no importa los asnos que se empeñen en parecérsele. Lejos de haberle ganado la guerra a su rival imperialista, se encontraba apenas en los prolegómenos de la lucha principal, falto de carburantes, materias primas, municiones de boca, con que alimentar su máquina militar, y con que alimentaros a vosotros, que la ponéis en marcha. El ataque a la U.R.S.S. tuvo esos objetivos inmediatos, si bien tiene otros mucho más vastos e importantes.

Caracterizado desde su origen por un antimarxismo que condensa y centuplica los intereses de la burguesía contra la clase obrera, el fascismo no podía haber abandonado su panacea fundamental, verdadera razón de su existencia, sino episódica y aparentemente. Su pacto de neutralidad y alianza económica con Stalin, le fué impuesto al primero por necesidades estratégicas y de abastecimiento, al segundo por miedo a los obreros y campesinos armados. Stalin favoreció a Hitler hasta ponerle en condiciones estratégicas ventajosas para atacar a la Unión Soviética y darle el petróleo necesario para ello. Lo que ha hecho Stalin no borra, sin embargo, el carácter diferente de la guerra germano-soviética, por relación a la germano-inglesa. En esta última, dos grupos de burgueses se disputan un puñado de millones; en aquella Hitler ataca a la primera revolución proletaria de la historia, el país donde la economía planificada y nacionalizada, ha expulsado y deshecho a la burguesía, demostrando en un ejemplo que el mundo entero ha de seguir, que el "sagrado derecho de propiedad" y el cometido social de los propietarios, son un mito y una rémora.

En uno de sus discursos durante los primeros días de la guerra, Hitler prometió vencer a las democracias del exterior por el mismo método con que venció a la democracia en Alemania. Cada uno de vosotros, proletarios y oprimidos, habéis presenciado ese método puesto en juego. Mediante la democracia, la burguesía se veía impotente para vencer a la clase obrera, el hitlerismo le ofreció la postración total, el aniquilamiento de las actividades revolucionarias, y la burguesía se le entregó jubilosa. Sólo después, pudieron vuestros capitalistas montar el ejército más potente de la historia militar. Con él atacó Hitler a sus rivales europeos, amonestándoles: "Someteos al capitalismo alemán o corred el riesgo de la revolución". Los Petain, Quinsling, Antonescu, etc., aceptaron el yugo extranjero para asegurarse de su propio proletariado. Y así como vosotros, abatidos por la traición de los socialdemócratas y stalinistas, apenas pudísteis oponer resistencia al ascenso de Hitler, los trabajadores de los países ocupados por este, desmoralizados por la política de los mismos traidores, tampoco pudieron reaccionar y oponer las armas de la revolución a las armas fascistas. Pero todo el aparatoso poderío de Hitler reposa sobre la derrota del proletariado europeo, sobre su descorazonamiento, sobre su pasividad temporal, y caerá hecho añicos como un andamio podrido, en cuanto el proletariado se alce, el puño en alto, contra la burguesía y sus esbirros nazis.

Por la embestida contra la U.R.S.S. Hitler trata de reunir bajo su cetro a la burguesía mundial, inglesa y americana incluídas, en un supremo esfuerzo para alistar a éstas tras de sí, contra el fantasma de la revolución social. El plan esbozado en el discurso llega ahora a su punto culminante: "Seguidme, burgueses de Inglaterra y América, si no queréis perecer a manos del comunismo" —es la táctica. Como salvador de la burguesía alemana obtuvo el poder, como salvador de la burguesía mundial pretende triunfar. Churchill y Roosevelt no atienden, por el momento, esos llamados. Creen tener bastante engañado y sujeto a su respectivo proletariado, y saben que Stalin y la Internacional comunista están muy lejos de patrocinar la revolución. Juegan contra Hitler la misma carta que Hitler juega contra ellos: lograr, con la desmoralización y desorientación del proletariado, el triunfo militar sobre la burguesía rival. Pero también la burguesía angloamericana encontraría sus Petain y aceptaría el yugo hitlerista, si el proletariado amenazara seriamente su dominio de clase.

¿Cómo entonces —argüiréis— si Stalin y la Internacional Comunista no representan un peligro revolucionario, puede Hitler hacer la guerra al comunismo en la Unión Soviética? En realidad Hitler no hace la guerra a Stalin y su burocracia; se ha entendido y se entenderá nuevamente con ella, si le es preciso. Hace la guerra a la economía nacionalizada y planificada por el Estado, al monopolio del comercio exterior, a todos los restos de la revolución de Octubre, a los millones de obreros y campesinos que han industrializado el país con miseria, sufrimientos, sangre y represión burocrática, a las tradiciones revolucionarias siempre fecundas y ardientes, de esos seres que piensan, creen y mueren por un mañana socialista. Contra este inmenso lagar de fermento revolucionario, se bate Hitler, y trata de concentrar a la reacción mundial. La burocracia stalinista, llegado el caso, se pondrá al servicio de Hitler para restablecer el capitalismo. La resistencia heroica y ejemplar que el Ejército Rojo y la población civil están haciendo contra el fascismo, prueba bien que los hombres, las mujeres y hasta los niños, tienen conciencia de defender en su suelo partículas de terreno socialista, a pesar y contra la burocracia.

LA VICTORIA DE LA UNION SOVIETICA SERA LA DERROTA DE LA BUROCRACIA

[ilegible] que Hitler [ilegible] proletaria y reducir nuevamente la U.R.S.S. a la esclavitud capitalista? Vosotros sois los luchadores de Baviera, Sajonia, Hamburgo, Viena, cuyo heroismo el mundo contempló con admiración. Vuestra rebeldía socialista no puede haber sido ahogada por el fascismo. Convertidos en soldados, encontraréis en el Ejército Rojo, en la población obrera y campesina soviéticas, luchadores del temple y las ideas de Hamburgo y Viena. Son inferiores a vosotros en armamento, pobres, y frecuentemente hambrientos, pero saben que su causa es justa y lucharán por ella hasta la muerte. Su causa es la de los oprimidos de toda la superficie de la tierra, la vuestra también, trabajadores alemanes. Vuestro deber es pasar a sus filas, sabotear el poderío militar y la industria de guerra nazis, favorecer por todos los medios a vuestro alcance la victoria de la Unión Soviética. Los intereses de la revolución alemana y mundial lo exgen así.

La IV Internacional os habla teniendo plena conciencia del carácter termidoriano, reaccionario, de la burocracia stalinista. Os dice lo que os hubiera dicho el viejo gobierno bolchevique de Lenin y Trotsky, lo que os diría aún un gobierno democráticamente elegido por los soviets. La burocracia ha cometido muchos crímenes en la U.R.S.S. y en el extranjero; ha desencadenado un despotismo bestial; ha suprimido totalmente la democracia obrera; ha reprimido con el fusilamiento o el campo de concentración, las más ligeras críticas de los obreros; ha fusilado a decenas de miles de revolucionarios; ha montado los procesos mas monstruosos que hayan existido nunca; ha debilitado al ejército, matando a sus mas capaces oficiales; ha asesinado a todos los dirigentes de la revolución de Octubre; ha asesinado a Trotsky y otros muchos revolucionarios en el extranjero; ha mentido, calumniado, falsificado, robado, usurpado; ha recorrido una buena parte del camino de la restauración capitalista; y todo ello para defender sus privilegios económicos y su situación de casta advenediza. Fuera de la Unión Soviética, la política de la misma burocracia, expresada por medio de la Internacional Comunista, ha dado el triunfo a la burguesía en todos los países donde ha existido un movimiento revolucionario. El stalinismo es el responsable más directo del triunfo de Hitler, y de Franco más recientemente. Hoy mismo, después que la reacción hitlerista, atacó a la U.R.S.S., la burocracia mantiene en la cárcel y en los campos de concentración, a millones de oposicionistas, entre los que se encuentran los más aguerridos luchadores revolucionarios que aun no han sido asesinados. Ellos serían el mejor aliciente para la lucha militar, los mejores organizadores, los mejores técnicos, los más bravos soldados; pero serían también los más acerbos enemigos de la casta parasitaria stalinista. Persiguiéndoles, ésta introdujo la desorganización en el ejército, la industria, los transportes, preparó la alianza que ha permitido atacar a la Unión Soviética. Libres, esos hombres [ilegible] el poder democrático de los soviets. Pero la burocracia prefiere prolongar la desorganización, aumentar el descontento, exponer la Unión Soviética a una derrota, antes que permitir la vuelta al poder del proletariado [ilegible] valioso que tiene Hitler en su guerra contrarrevolucionaria; una verdadera y potentísima quinta columna.

Su criminal responsabilidad no para ahí. La casta termidoriana, no sale de su complicidad con el imperialismo fascista, sino para entrar en otra complicidad no menos deletérea con el imperialismo democrático. Ayer, justificaba sus envíos de petróleo y víveres a Hitler hablando hipócritamente de guerra imperialista; hoy, se entrega en cuerpo y alma a los imperialistas de Londres y Wáshington. Ayer, la G.P.U. y la Gestapo colaboraban en el asesinato de los trotskistas; hoy la G.P.U. y los stalinistas colaboran con el "Inteligence Service" y con el "Federal Bureau Of Investigations", contra los mismos trotskistas. Ayer, Stalin atacaba por la espalda a Polonia; hoy, se entiende con los militaristas y terratenientes polacos. Ayer, Molotov voceaba que "una Alemania fuerte es condición necesaria para una paz sólida en Europa"; hoy, se apresta con Churchill y Roosevelt a despedazar y saquear Alemania.

Pero nada da tan exactamente la medida del espíritu reaccionario de la burocracia, como su vil y cobarde actitud política frente a la guerra. Rehuye las palabras "revolución" y "proletariado", como si estuvieran cargadas de veneno. No se ha atrevido a llamar en su auxilio a los trabajadores del mundo, ni siquiera a vosotros, los alemanes, que sólo esperáis la oportunidad de derribar a vuestros megalómanos gobernantes. Los trabajadores rusos son cuidadosamente mantenidos en el mismo ayuno político. Es "por la patria, por el honor, por Stalin", que se les invita a combatir. La encanallecida burocracia no se atreve a decirles que es la revolución social lo que está en peligro, que el mundo se halla ante la alternativa de fascismo o revolución social. Cita ejemplos de Napoleón, Pedro el Grande, etc., pero teme recordar el ejemplo de la guerra civil, la epopeya más grande del pueblo ruso, porque esto le recordaría que entonces estaba el proletariado en el poder. Los designios restauradores del stalinismo se ven claramente en su ilimitada cobardía política.

No callaremos nada, llevamos cuenta del mas grande hasta el mas pequeño de los crímenes de la burocracia. No necesitamos mentir, porque al proletariado sólo la verdad le es útil. La burocracia miente y falsifica como todos los enemigos del pueblo; nosotros no, trabajadores alemanes. Las masas soviéticas conocen mejor que nadie los crímenes de la burocracia, sufren su tiranía y la odian tanto como vosotros odiás a Hitler. Defienden, sin embargo, a la Unión Soviética, porque saben que la burocracia no podrá estabilizar su reino mientras se conserven la nacionalización de la propiedad y el monopolio del comercio exterior; saben, sobre todo, que salvando éstos, se pondrán en condiciones de derribar a la burocracia.

Los obreros rusos defienden a la Unión Soviética no solamente contra el fascismo atacante, la defienden también contra la acción disolvente y reaccionaria de la burocracia. La misma actitud debe normar la conducta de los proletarios del mundo, y particularmente [de los obr]eros alemanes. De la misma manera [ilegible] etc., son, sobre [ilegible] Stalin y la burocracia son consecuencia de la derrota del proletariado internacional y del ala bolchevique del proletariado soviético, pero sobre las condiciones creadas por la revolución de Octubre. La victoria militar de la burguesía, reforzando la base capitalista en que se apoya, alejaría al proletariado del momento de su liberación. En la Unión Soviética todo es diferente. La burocracia no se basa en un sistema económico que le sea propio y favorable; por el contrario, le es ajeno y adverso. Reforzando la economía nacionalizada, la victoria de la Unión Soviética, que además elevaría la moral y confianza en sí mismo del proletariado, tendría como consecuencia inevitable un debilitamiento considerable de la burocracia. El restablecimiento del poder soviético sería inminente. He ahí por qué la IV Internacional os llama a defender a la Unión Soviética. No reforzaréis con ello a la pandilla usurpadora y criminal de Stalin, sino que contribuiréis a su derrota. La burocracia debe expiar todas sus infamias, pero es indispensable para lograrlo el triunfo de la Unión Soviética. Si Hitler fuera el vencedor, utilizaría aun contra las masas a una parte de la burocracia. ¿Y quién puede poner en duda el efecto explosivo que sobre el mundo tendría la restauración del poder obrero en la U.R.S.S.?

El stalinismo llega al final de su carrera odiosa. Nada, absolutamente nada, podrá salvarle. No importa que Stalin y sus mercenarios de todas las latitudes se arrastren a los pies de las "democracias"; no importa que vendan las masas de Inglaterra, Estados Unidos, China, las colonias y semicolonias; no importa que rompan sus huelgas, que saboteen sus reivindicaciones económicas, sus necesidades políticas; no importa que traten de envenenar su conciencia con el más inmundo virus patriotero; no importa que el stalinismo secunde el plan de saqueo imperialista de la burguesía angloamericana; no importa que la burguesía angloamericana secunde la política reaccionaria de la burocracia, santifique sus crímenes y anime sus tendencias de restauración capitalista; las fuerzas sociales puestas en marcha tienen un movimiento dialéctico propio que no obedece las órdenes de ningún dictador. Después de la victoria, quizás durante la lucha, el proletariado soviético chocará inexorable, violentamente, contra la burocracia. Del choque sólo puede resultar la victoria de la democracia soviética, abriendo paso a la revolución internacional, o la victoria de la burocracia abriendo paso a una restauración capitalista declarada, que llevaría hasta la disolución de ese retablo de marionetas llamado Internacional Comunista.

Es preciso dar fuerzas al proletariado soviético, favorecer su victoria, preparar la futura derrota de la burocracia. Vosotros, trabajadores y soldados alemanes, podéis hacer tanto como los propios obreros y soldados soviéticos. La historia os ofrece una ocasión inesperada, noble, grandiosa, de dar un gran impulso a la revolución mundial, ayudando a triunfar a las masas soviéticas y a deshacerse de la burocracia.

Hacemos un llamamiento a vuestra conciencia de clase.

¡Sabotead la industria de guerra alemana!

¡Desorganizad la retaguardia fascista!

¡Pasad al Ejército Rojo con armas y bagages!

¡Entrad en sus filas gritando: Abajo Hitler, abajo Stalin!

¡Abajo la guerra imperialista!

¡Viva la defensa soviética!

¡Abajo la burocracia stalinista!

¡Libertad para todos los prisioneros pro-soviets!

¡Vuelta a la democracia en los soviets!

¡Libertad de agitación y propaganda para todas las organizaciones pro-soviets!

¡Control obrero de la economía e intervención de los soviets de soldados en los planes militares!

¡Tribunales obreros sumarísimos para juzgar los crímenes y abusos de la burocracia!

¡Disolución de la G.P.U.!

¡Fusilamiento inmediato de todos los burócratas pro-nazis o pro-capitalismo en general!

¡Fuera el derecho de voto para los burócratas!

¡Gobierno obrero y campesino libremente elegido por los soviets democratizados!

¡Viva la revolución alemana!

¡Viva la revolución mundial!

¡Viva la revolución de Octubre!