19 de Julio, n.º 1, diciembre de 1941 (págs. 5-6). PDF del número completo, primera parte · segunda parte
Hace más de quince años que el stalinismo empezó a descender la pendiente de la degeneración política. Con la guerra ha entrado en su fase postrera. El próximo paso será su desaparición. Confiamos y trabajaremos porque le substituya la dictadura revolucionaria de los trabajadores y los campesinos.
Pero aun colea y se agita en los últimos espasmos de su ilimitada corrupción. El período de franca renuncia a la lucha de clases y traición a la revolución socialista, fué presidido por la política de los Frentes Populares. Ella posibilitó la derrota del proletariado español y francés. Desembarazado el fascismo de la amenaza revolucionaria, pudo lanzarse con las manos libres a la guerra imperialista y a la agresión contra la U.R.S.S. La burocracia trató de eludir las consecuencias catastróficas de su política pactando con el enemigo. Todo el mundo ha visto cómo la consecuencia fué dar aún más facilidades a Hitler para atacar a la Unión Soviética. Entonces la burocracia, después de haber perdido la confianza en el proletariado internacional, pierde la confianza en sí misma, pierde la cabeza, los prestigios cien veces salmodiados revélanse nulidades. y, aterrorizada, cae de hinojos ante la burguesía. Es la era de la "Unidad Nacional" o alianza con la reacción burguesa; de la charca al retrete, la denominamos simbólicamente, por ser el paso de degeneración inmediato al Frente Popular. La razón de existencia de éste era una tentativa para tranquilizar a la burguesía franco-británica respecto de las intenciones de la Komintern. "Aliaos con nosotros —venía a decirles Stalin—; los partidos comunistas no son comunistas sino de nombre. En cambio, podrán prestaros excelentes servicios enseñando a las masas pobres de vuestros países que la revolución socialista no es la perspectiva del momento". Tanto valía repetir las palabras de San Pedro, como el Papa al ser preguntado sobre lo que pensaría Dios de esta guerra asesina: "Mi reino no es de este mundo".
La Unidad Nacional deja muy atrás el charlatanismo liberal de los Frentes Populares. Los partidos de la Komintern y sus amigos, enseñarán ahora que la salvación está en los banqueros londinenses y americanos y calificarán de agentes de Hitler a quienes hablen de revolución socialista. La burocracia ya no pacta, ya no pone condiciones; sólo espera órdenes de los patronos para ejecutarlas dócilmente. Se aliará y apoyará no sólo a los falsos demócratas angloamericanos, sino a cualquier dictador alineado, a su vez, [ilegible]tras Inglaterra y Estados Unidos. En estos dos países los stalinistas sabotean las reivindicaciones obreras contra los patronos que realizan beneficios de guerra astronómicos. En Sudamérica no mueven un dedo contra la dictadura militar del Brasil. En España —véase "España Popular"—, empiezan a defender a los "honrados comerciantes" que han vendido azúcar a cien pesetas el kilo. Franco está excluído, por el momento, de la Unidad Nacional decretada sin consultar a la base por el Comité Central del partido stalinista español. La lucha "por la democracia" empieza por un escamoteo en sus propias filas de la democracia, incluso formal. Por fortuna para los stalinistas, Franco está demasiado vendido a Hitler para poder dar la mano a Inglaterra. De lo contrario cesarían también la lucha contra Franco. De todas maneras, basta para avergonzar a todos los miembros del Partido Comunista español que sigan siendo honradamente revolucionarios, el llamamiento de sus líderes a los falangistas españoles, a Queipo de Llano, Varela, etc. La condición para ser bien recibido en la Unidad Nacional stalinista, no es una posición antifascista, sino una declaración de fé anglófila. Cualquier falangista, como hay muchos, que crea que el falangismo puede sostenerse mejor en España con la ayuda de Inglaterra que con la de Alemania, es automáticamente un aliado del stalinismo. ¿Puede concebirse prostitución mayor?
Los únicos excluídos de la Unión Nacional —lo que nos honra— somos los trotskistas. Tampoco iríamos si nos llamaran. Todo principio de victoria empieza en la independencia de clase. El fascismo encuentra el terreno abonado para su triunfo cuando los partidos obreros renuncian a ella. Nosotros no renunciaremos nunca, en ninguna situación. El stalinismo lo sabe, nos teme además, y por eso trata de calumniarnos siempre, para evitar que los trabajadores se fijen en el valor altamente revolucionario de nuestras ideas.
En un principio fueron excluídos de la Unión Nacional personajes como Prieto, que sólo inspira entre los refugiados la mueca que se hace instintivamente ante algo de limpieza dudosa; como Miaja y Casado dirigentes del pronunciamiento capitulador de Madrid; como Araquistain y Baraibar, cuyo anti-stalinismo ha tenido visos de anti-comunismo. Son meros rubores fingidos. A Prieto ya le fué abierta la puerta. Entrarán Casado y Miaja, Baraibar y Araquistain, y entrarán, en fin de cuentas, todos aquellos que In[ilegible] Estados Unidos exijan, sin excluir tampoco a Franco. En la Unión Nacional todo depende, lo repetimos, de en qué campo imperialista se está. Las fronteras de clase han sido borradas por un método semejante al del fascismo.
Fundamentalmente, no hay divergencias entre el stalinismo, los partidos republicanos, y el socialista. En el ala izquierda de éste hay hombres —no las figuras— que sostienen puntos de vista internacionalistas, pero el partido como tal está perfectamente sujeto a los elementos más reaccionarios. El anarcosindicalismo, es, como siempre, un mosaico de posiciones. Desde García Oliver, en quien la cartera de justicia ha operado una sorprendente metamorfosis ideológica, que le ha traído a ser simpatizante anarquista y simpatizante stalinista, hasta el internacionalismo más o menos consecuente. Como organización carece en absoluto de posición, si bien la tendencia dominante es la anglofilia. El P.O.U.M., finalmente, es un día semi-anglófilo y el otro internacionalista.
No obstante esta ausencia general de posiciones revolucionarias en la dirección de los partidos de la emigración, la Unión Nacional stalinista lleva camino de ser el más rotundo fracaso. No creemos que los escrúpulos morales de un Prieto o un Martínez Barrios, les impidan colaborar de nuevo con aquéllos. Si un día fueron cómplices de todos sus crímenes, volverán a serlo si la ocasión lo requiere. Pero como la palanca de todo ese tinglado está en los ministerios de Londres y Washington, republicanos y socialistas creen ser aquí personas de mayor monta que los stalinistas. De acuerdo en lo esencial, veráseles actuar unidos si el momento llegare. Toda la divergencia redúcese a "quién mandará más". Así, no han condenado la Unidad Nacional como principio, sino la colaboración con el stalinismo.
El mismo no colaboracionismo parece ser la posición del anarcosindicalismo, aunque no haya tomado resolución oficial al respecto. El P.O.U.M. ha condenado la Unidad Nacional, pero no tiene ninguna salida que dar y se ha dejado tocar del anti-stalinismo social-demócrata. Todo este confusionismo protege aún al stalinismo español de una bancarrota total, la que sería absolutamente cierta si los partidos obreros tomaran una posición revolucionaria limitada a un solo punto: Frente Unico de acción contra la dictadura falangista en España.
Para nosotros, es el frente único definido y practicado por Lenin: "Golpear juntos; marchar separados". Plena libertad crítica y de principios para los partidos y organizaciones que lo constituyan; acción conjunta y apoyo recíproco contra el enemigo común. El Frente Unico no lleva en sí ningún principio de colaboración de clases, ni excluye a ninguna organización opuesta a la dictadura falangista en España. Nosotros proponemos este principio a las organizaciones obreras españolas de la emigración, C.N.T., P.S., P.O.U.M., como principio revolucionario opuesto al principio patriotero de la Unión Nacional. Pero no excluimos del Frente Unico de acción a los stalinistas y republicanos burgueses. Excluirlos es protegerlos contra el desprestigio. Planteémosles la acción clandestina en España como tarea inmediata. Acéptenla o no, por este camino se demostrará pronto cuan poco les interesa la lucha contra el fascismo.
En el próximo número especificaremos detalladamente lo que puede ser el Frente Unico de acción.