19 de Julio, n.º 1, diciembre de 1941 (págs. 4-5). PDF del número completo, primera parte · segunda parte
El diario falangista "Madrid", publicaba meses atrás un editorial dedicado al problema de los abastecimientos. Dando por seguro que el hambre iría en aumento en todos los países de Europa, trata de justificar la miseria de las clases pobres españolas con la miseria de los beligerantes:
"Por lo que nos concierne, agregadas esas dificultades generales a los destrozos causados por los rojos en nuestra producción, y en general en nuestra economía, no puede sorprender a nadie la situación en que nos encontramos..." "Pero una cosa es que el Gobierno conozca su deber y lo afronte con la mayor energía, y otra que nosotros estemos persuadidos de que el problema existe, en España y en todos los pueblos de Europa..."
En otras palabras, una cosa son los "esfuerzos del Gobierno" y otra la carne, las patatas y el aceite. El editorial no tiene otro objeto, en realidad, que el de acostumbrar a la población con la idea de un futuro aumento de la miseria, consolándola con lo que ocurre más allá del Pirineo. Los relatos de los viajeros de Europa que han atravesado España revelan, por el contrario, una mayor miseria en la Península. El racionamiento es más igualitario en Francia que en España. Allí es difícil encontrar mercancías a la [ilegible] libre; en España [ilegible]rra, pero a precios tan elevados que el sueldo mensual de un obrero no le alcanzaría para comer satisfactoriamente durante cuatro días. La impresión de los viajeros es general: en España se puede comer bien, pero sólo pueden pagarlo quienes son bastante ricos. Como siempre, la ferocidad de clase de la burguesía y la nobleza españolas da punto y raya a la de Europa.
Al finalizar el otoño pasado, el ministro de agricultura quiso tranquilizar un tanto a la población asegurando que la cosecha de aceituna en perspectiva, excedería con mucho a las necesidades del consumo. No obstante, la población pobre sigue sufriendo escasez de aceite y los precios son aún tan elevados que no permiten un consumo normal. El mismo problema se presenta con el trigo. Las cosechas cubren o sobrepasan las necesidades del consumo, pero los trabajadores y los campesinos no pueden saciarse siquiera de pan. El hambre alcanza proporciones aterradoras, que va a tarar físicamente a toda la generación de niños pobres.
Después de cerca de tres años de paz, la agricultura debería haber recup[ilegible] [gue]rra civil. La guerra europea tiene muy poco que ver [con] la miseria de las masas españolas. En casi todos [ilegible]dería, los productos ali[ilegible] [ilegible] servidumbre de Franco y [ilegible] respecto de Hitler y Mussolini. Los campesinos españoles trabajan, sufren, producen, para que los fascistas alemanes e italianos estén mejor alimentados. Una estadística de los artículos y las cantidades exportadas por Franco a Alemania e Italia, revelaría que no solamente toda la industria española trabaja para producir armas y materias primas destinadas a [ilegible] En su último discurso, [ilegible] los descontentos de su [ilegible] que ganaría la guerra porque toda España [ilegible]ra él. He ahí lo que el editorial de "Madrid", no podía decir.